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martes, 12 de agosto de 2008

Cuando gana el malo

"Deambulaban como dos fantasmas felices". Esta frase recoge lo mejor del documental Réquiem por Billy the Kid, que se centraba en la figura del más célebre pistolero a través de su relación con su íntimo amigo Pat Garrett. Eran jóvenes, libres y trabajaban de vaqueros en ranchos. Fue una amistad de cuando se sabían inmortales.
Ocurrió que Billy se vio enzarzado después en la guerra del condado de Lincoln. Este pistolero de leyenda, de quien se decía que parecía sonreír siempre a causa de sus enormes dientes, fue declarado enemigo público por el gobernador Wallace, que para cazarle optó por una solución drástica: contratar como sheriff a su viejo amigo. Tras dos fugas de la cárcel, Billy El Niño murió el 14 de julio de 1881 de un tiro en el corazón de Garrett.
Pocos universos de celuloide pueden parecerse más al fútbol que el western. Hay quien recuerda con nostalgia desbocada los tiempos en que Ronaldinho y Eto'o se saludaban al grito de "¡Negro!". Eran los días en que Eto'o tenía bajo control su infinito rencor hacia el mundo y hacia los más dotados para el arte que él, los días en que no había defensa que se les resistiese y en que nada más recibir el brasileño, una gacela con el nueve a la espalda tiraba la diagonal perfecta para encontrar el balón y anotar.
Pero llegaron los días en que Samuel, renqueante de la rodilla, renunció a las normas de convivencia y se fue a la guerra contra su sonriente víctima. Poco después renegó también de su aclamado código de trabajo y se dejó ganar los sprints por gigantes torpes como Rio Ferdinand. El club le invitó a salir pero nadie quiso semejante bomba de relojería en su vestuario. Guardiola, que quiso refundar el proyecto sin manzanas podridas, echó a Deco y Ronaldinho, pero se ha visto obligado a tragar con el camerunés.
Los compañeros de Eto'o, que saben mucho menos de fútbol que Pep, aclaman su continuidad. El tiempo dirá si el mejor nueve del mercado europeo puede parecerse al que fue junto al hombre de la sonrisa eterna, en aquellos días en que deambulaban como dos fantasmas felices.

jueves, 23 de julio de 2009

Un chaval olvidado en Barajas (Para Nicola)

Caro Nicola,
Ya habrá tiempo y ocasión de hablar de tu vida en un foro privado. He oído que andas por Grecia y en buena compañía. Entre eso y los cuatro scudetti seguidos que ha ganado el Inter estás irreconocible. Suerte que nuestro Sporting ha vuelto a quedar segundo, faltó poco, fode-se!
Te escribo para contarte la historia de un chaval africano que la primera vez que salió de Camerún fue para probar con la cantera del Madrí. Cogió un avión a Barajas, donde debía recogerlo alguien del club. Cuando llegó, no había nadie. Esperó y esperó, y nada. Harto de esperar, se tragó el orgullo y fue por su propio pie. En aquellas dos primeras horas de vida en Europa, se decidió lo que tendría que ser. Un resentido y un campeón.
Es importante que lo sepas porque hoy o mañana verás en la Gazzetta a un negro que sonríe con la boca y sospecha con los ojos, mirando muy fijo a los periodistas, la cabeza ligeramente ladeada, que se regalará largos silencios antes de responder y que soltará alguna frase lapidaria que abrirá los telediarios de tu país. Te lo presentarán como a un ganador y un mito viviente. Eso es cierto, o lo es en parte, porque es el mismo chaval de Barajas.
Seguro que ya te había hablado de la célebre ambición de Eto'o, de su voracidad, de su instinto sobrenatural para abrir partidos y cerrar Ligas. El mejor momento de mi idilio con él ya queda lejos, fue una semana mágica en marzo de 2005, tras quedar eliminados contra el Chelsea por culpa de Collina y Gerard López. Cogió un micro y dijo: "Volveremos a encontrarnos". Yo le creí, el Barça le creyó. Y en efecto, al cabo de un año, un gol suyo eliminó a aquel equipazo de Mourinho. Pero volvamos a esa memorable semana de 2005. La moral culé estaba por los suelos tras la eliminación europea y el domingo el Barça recibía al Athletic de Bilbao. En el túnel de vestuarios, había un silencio sepulcral, un ambiente de derrota. Hasta que Eto'o habló: "¡Vamos hermanos, es el último partido de nuestras vidas!". Lo recuerdo como si fuera ayer y aún le estoy agradecido.
Por desgracia, a aquel ganador se lo olvidó alguien una vez en Barajas. El complemento perfecto del mejor Ronaldinho era también el único tío que podía destrozar aquel prolongado éxtasis futbolístico que fue el Barça de Rijkaard. No podía soportar que la afición no le considerara el mejor y explotó. Años después, Valero Rivera, el entrenador más laureado de la historia de todos los deportes, me explicaba lo siguiente: "Lo que no se puede permitir es que un jugador hable fuera del vestuario. Nunca. Es el egoísmo elevado al grado superlativo y hay que cortarlo, hay que ser durísimo; si no, la gente piensa que puede hacer lo que le da la gana”. Aquel Barça, claro, no actuó contra él, porque La Potra lo impidió.
Fue el inicio del fin. Para entonces ya nos había asombrado con su elasticidad -"¡Negro, gacela!", que rugía Rossety viéndole golear a La Banda- y su fe. Pero el derrumbe era inevitable. El pasado verano, un acuerdo entre Guardiola y los capitanes le valió un año más, un pacto difícil porque sabían de su carácter, capaz de agredir a un símbolo como Valdés. Por el bien de todos, siguió. Pienso sinceramente que el Barça ganó este año no gracias a él, sino a pesar de él. Antes de marcharse, dejó una última prueba de que en fútbol la voluntad lo es todo: Carrick fue capaz de meterle una plancha y voltearlo. Fue así, con el orto hacia la noche romana, como Eto'o vio entrar su segundo gol en una final de Champions.
En fin, Nicola. La última vez que os mandamos un crack era en 1961. También era un tío que había dividido al barcelonismo, sólo que entonces os llegó después de haber perdido la final de la Copa de Europa. Los grandes títulos los ganó con vosotros. Los tiempos han cambiado. No os mandamos a un artista como Luis Suárez, sino a un loco ególatra, un tío tan enamorado de sí mismo que es el único del mundo capaz de sacudir el aburguesamiento soporífero de tu glorioso equipo. Un tío que cometió el sacrilegio de meter 130 goles de azulgrana -como Rivaldo, qué horror-, un tío de quien corren leyendas negras en entidades bancarias y discotecas, un futbolistas que se va de Barcelona sin entender que no le queramos.
Un maestro oriental escribió lo siguiente, que parece dedicado a este nueve de leyenda. "Anger is fundamentally an arrogant state of life. People in the state of anger are attached to the illusory assumption that they are better than others and direct their energy toward sustaining and enhancing this image. To ensure that others think of them in similarly glowing terms, they can never reveal their true feelings. Instead, they act obsequiously while a burning desire to surpass all others is their exclusive focus".
Os mandamos a un ganador, que se hinchará a meter goles para conquistar Milán, la ciudad donde vive su odiado Ronaldinho (http://lacavernaazulgrana.blogspot.com/search?q=%22cuando+gana+el+malo%22). Pero os mandamos también a un tío que se despierta cabreado, respira cabreado y duerme cabreado. Qué quieres, si se lo olvidaron en Barajas.
Ya sabes que te espero. Aquí, en mi ciudad, tenemos la Sagrada Família, tenemos a Messi y a un tío llamado Zlatan.

viernes, 1 de junio de 2012

Las notas (I). Can Pixa.



Desde la segunda jornada de Liga se vio que esta defensa nos iba a dar disgustos. Cierto que son todos los que defienden y que el principal problema ha sido la falta de actitud contra equipos vulgares. Pero señores, no es de recibo que uno acabe la temporada pensando que tíos como Lanzaro del Zaragoza, Ballesteros del Levante o Mariah Carey, del Bigardas United, serían titulares indiscutibles en esta horrenda defensa. Aquí los culpables:

Valdés. 7. Funcionarial. Mucho le agradecemos al pianista: no hay debate en la portería y no comete errores garrafales. Pero también es cierto que los milagros de otros años no han aparecido esta temporada, y que no nos salvó ante La Banda o el Chelsea. Hay voces que le señalan como único capitán del equipo que ha ejercido de abogado defensor de los moc-mocs, la buena vida y la farsa en general. Lo que sí podemos afirmar sin miedo a equivocarnos es que el año pasado Busi padre decidió dejar de entrenarle por desaveniencias con él y que este año su adorado Unzué ha decidido también dejarlo correr para irse con los juveniles. Señores, algo pasa con Víctor.

Pinto. 9. Santo. El gran Tao Pai Pai es el principal responsable del título de Copa que se ha logrado para endulzar la temporada. Hizo una eliminatoria casi perfecta ante La Banda y ha ganado lo único que podía ganar. Estamos a sus pies por su buen humor, su bonhomía y por tener que aguantar a unos tribuneros que la han tomado con él. Desde este foro de seny pedimos, cuando suma 36 primaveras, su renovación vitalicia.


Alves. 7,5. Ligero. En algún momento del año se puso de moda atacarle por sus salidas nocturnas y su falta de profesionalidad. Es cierto que nadie sabe lo que ocurre en el vestuario y que sí parece acreditado que después de 22 títulos su autoexigencia no es la que era. Pero ha sobrevivido a un divorcio cuajando un año serio, manteniendo sus pocos errores defensivos e incorporándose con la guadaña al ataque: una temporada más acaba con más asistencias que Iniesta y las mismas que Xavi (15). Desde aquí pedimos que su salida se haga en condiciones: con un homenaje cojonudo en el Camp Nou y dejando 25 millones buenos en caja. Todos gremlins.

Piqué. 2. Execrable. No es sólo por su pésimo año, es porque veníamos de muy arriba. Es el principal culpable de que el cortijo de Valdés haya degenerado en casa de lenocinio. Seguramente ha ayudado a que Sex se despeñara en diciembre; y algo muy malo debe haber hecho cuando Rosell garantiza su continuidad entre los jaleos del neonuñismo. Cuentan que en el vestuario hay muchos muy hartos de él y nos queda el consuelo de que Vilanova lo sabe. Se libra del rosco porque jugó dos buenos partidos (ambos contra el pobre Athletic) y desde aquí recomendamos una fulminante venta: no creemos en milagros; pocas veces los que se tiran por el tobogán del cachondeo vuelven a ser ganadores psicópatas.

Mascherano. 7. Becado. Un ejemplo de profesionalidad y de bonhomía, un lamentable defensa en lo táctico. Ganador absoluto del Trofeo Barjuan, ha jugado mucho más de lo esperado por las dimisiones de algunos y las lesiones de otros. Por lo demás, gana una vajilla por haber logrado la proeza de acabar dos temporadas consecutivas sin marcar un triste gol. Eso sí, que siga muchos años con nosotros: su actitud es inmejorable y si algún día aprende los secretos de los espacios será un defensa único.

Puyol. 8. Ejemplar. A pesar de esos movimientos ortopédicos, esas lagunas tácticas y esa dificultad sisífica para dar un pase al pie, ha sido el mejor defensa de la temporada. Con eso queda claro qué clase de miserias ha tenido que sufrir el barcelonismo. Juega siempre al 100% de sus posibilidades y sólo queda pedirle que se acuerde de cómo el clan de la caipirinha se choteaba de él para que no vuelva a ocurrir lo mismo con sus amigos moc-mocs. Además, ha batido su récord de goles con cinco dianas que nos han traído el suplicio del Pimerísimo Primer Plano (NSFW).

Fontàs. 3. Lamentable. El amigo Fontàs acaba la temporada con el extraordinario mérito de haber jugado sólo 80 minutos en Liga que le bastaron para convertir en empate una victoria. Fue el día que Aguirretxe pareció Pelé. Sufrió una lesión y desapareció del equipo, abriendo sesudas especulaciones sobre cómo pudo llegar alguien de su nivel a la primera plantilla, más allá de sus amistades. En esta Caverna nos basta y nos sobra con un único dato: pesa 89 kilos. Le invitamos a buscarse nuevo destino, aunque le avisamos de que su lugar está aquí.

Abidal. 8. Heroico. Dentro de 100 años aún se hablará del animal que jugó a fútbol al más alto nivel con un cáncer de hígado. Cuando ha estado, ha sido insustituible pese a no estar a su mejor nivel, pero fue el más rápido de la defensa y se bastó para anotar un golazo contra La Banda en el Averno. Ojalá vuelva. Pocas veces un futbolista se ha merecido tanto el cariño de su gente.

Adriano. 7. Profesional. Compensa el dolor de ojos que produce verle chutar el balón con una actitud intachable y unas estadísticas muy dignas (nueve asistencias, tres goles). Sigue con su manía de romperse cada tres semanas y de salir retratado en los goles encajados más importantes del año. Dicen que dirá adiós para irse a Munich, donde tienen córneas aguerridas y le querrán más; sorprende que el club no quiera retenerlo a pesar de quedarse sin especialistas en su posición. Fue el principal culpable de que Maxwell, el hombre que nunca estuvo ahí, se largara en diciembre.

Los ni-nis. SC. Un año más, la leyenda de los óptimos defensas que suben del B. Ayer fueron todos titulares en la sub 21 española, pero en todo el año sin noticias de Bartra, Muniesa, Planas, etc. La excepción ha sido Martín Montoya, un súperlateral que ha jugado sólo cinco partidos pero que viene para quedarse y para resolver el enigma de si es posible clonar a Alves.