En esta noche de alaridos, permítanme sólo dos apuntes. El primero, que en la alta competición, en el deporte de elite, no hay humillados ni humilladores. Sí hay ganadores y perdedores, porque en la vida se puede ganar y se puede perder. El Arsenal dio lo que tuvo y fue un digno competidor.
Una segunda cosa que me permito destacar de la exhibición de Nuestro Amado Hermano Pequeño: ¿Dónde habían visto ustedes a un portero hincar la rodilla en su presencia? Ocurrió ayer en su tercer gol (1'40") y no era la primera vez: alguien había experimentado ya esta dolorosa caída a cámara superlenta.
Sólo quedan tres, y los servidores de ustedes y del buen fútbol. Muy buenas y felices noches.
