Pobre Platón, que no conoció el fútbol, y aun así tuvo que hablarle al mundo de las altas y las bajas pasiones. El debate en el barcelonismo es encendido: ¿qué es más bonito, el 4-0 a los Boludo's o la masacre al heptacampeón de Francia?
Decía el filósofo que en el bajo vientre radica todo aquello de concupiscible y miserable que hay en el hombre: el placer por la cintura de Cannavaro rota, Torres volando, la risa ante la indignación de Roncero, las lágrimas de Casillas, la impotencia de esa gente extraña llamada Gago, Higuaín, Lass, Sneijder etc. Las altas pasiones, ésas ya son otra cosa: diagonales, juego al primer toque, asistencias, vértigo, Iniesta y su cambio de ritmo, velocidad, goles, Henry surfeando, ambición, el pase a cuartos y el sueño de ganar tres títulos.
El fútbol, como material expresamente sensorial, da lugar a un amplio abanico de sensaciones. Cruyff, por ejemplo, admitía que le parece más espectacular un trallazo al larguero que un gol. Clemente habría esputado de color verde ante semejante afirmación. Ronaldinho encontraba más placer en asistir que en marcar, Salinas se habría escandalizado. Y Romário, por algún extraño motivo, prefería chutar con el exterior del pie a hacerlo con el interior. Él sabría por qué; probablemente sería sencillamente que le parecía más bonito, más espectacular.
Cavernícolas, sed sinceros y confesad: ¿qué es mejor: la humillación al Madriz o el festival de luz y de color contra el Olympique?
viernes, 13 de marzo de 2009
Altas y bajas pasiones
Pobre Platón, que no conoció el fútbol, y aun así tuvo que hablarle al mundo de las altas y las bajas pasiones. El debate en el barcelonismo es encendido: ¿qué es más bonito, el 4-0 a los Boludo's o la masacre al heptacampeón de Francia?
Decía el filósofo que en el bajo vientre radica todo aquello de concupiscible y miserable que hay en el hombre: el placer por la cintura de Cannavaro rota, Torres volando, la risa ante la indignación de Roncero, las lágrimas de Casillas, la impotencia de esa gente extraña llamada Gago, Higuaín, Lass, Sneijder etc. Las altas pasiones, ésas ya son otra cosa: diagonales, juego al primer toque, asistencias, vértigo, Iniesta y su cambio de ritmo, velocidad, goles, Henry surfeando, ambición, el pase a cuartos y el sueño de ganar tres títulos.
El fútbol, como material expresamente sensorial, da lugar a un amplio abanico de sensaciones. Cruyff, por ejemplo, admitía que le parece más espectacular un trallazo al larguero que un gol. Clemente habría esputado de color verde ante semejante afirmación. Ronaldinho encontraba más placer en asistir que en marcar, Salinas se habría escandalizado. Y Romário, por algún extraño motivo, prefería chutar con el exterior del pie a hacerlo con el interior. Él sabría por qué; probablemente sería sencillamente que le parecía más bonito, más espectacular.
Cavernícolas, sed sinceros y confesad: ¿qué es mejor: la humillación al Madriz o el festival de luz y de color contra el Olympique?
lunes, 9 de marzo de 2009
Gritar gana partidos
¿Alguna vez se han preguntado por qué es una ventaja jugar en casa, como local? ¿Por qué las quinielas se llenas de unos, por qué hasta el Eibar es favorito cuando juega en Ipurúa? ¿Por qué hay que creer que seremos capaces de ganar al Olympique en el Camp Nou y pasar a unos cuartos de final donde pueden faltar, atención, Real Madrid o Liverpool e Inter o United?
Bien es sabido que los futbolistas son, antes que nada, mamíferos. Un compuesto de tejido muscular, instinto y hormonas que les convierten en seres peligrosos particularmente cuando se amenaza su territorio. Esa sensación de defender lo propio que se lee en la mirada de Puyol es parte de la respuesta. La afición también cuenta, sobre todo por su efecto en los jugadores: los locales se sienten obligados a ganar, los visitantes saben que su derrota se comprenderá. Ante semejante verdad de perogrullo -que ofrecía la revista Champions de noviembre de 2007-cabe recordar que el del miércoles es uno de los cinco o seis partidos al año en que la marabunta de ancianos aburguesados del Camp Nou debe ignorar los nódulos de sus ajadas cuerdas vocales.
También juega la costumbre a un determinado estado del césped y a las dimensiones del terreno de juego -los 68 metros de ancho del Camp Nou son un arma tan letal como Messi mismo-, y en ocasiones la astucia del árbitro que quiere contentar al equipo local -en Liga, no olviden, el Barça no da cena a los árbitros cuando lo considera oportuno-.
En las últimas cinco temporadas, el Barça gana en Europa un 75% de los puntos que disputa en el Camp Nou. Y la explicación reina está en la prueba de la testosterona: los futbolistas que juegan en casa suelen tener entre un 40 y un 67% más de testosterona circulando por su cuerpo que los que juegan como visitantes. Testosterona sí, lo que antes se conocía como cojones. Así pues, que ruja el Camp Nou y sufran los otros: es a vida o muerte y está permitido gritar.
jueves, 5 de marzo de 2009
Una final de mil demonios
Adrenalina en estado puro. Historia viva del fútbol español. Los eternos candidatos a la competición del vértigo y el infarto. La final que algunos llevamos años soñando sólo por el gusto de ver las banderas rojiblancas en un estadio a reventar y el orgullo de esa afición.
Barça-Athletic en el partido decisivo y resulta imposible abstraerse de la idea de que llegan mejor: ante la oportunidad de hacer historia -hacía 24 años que no optaban a ningún título-, sin las hipotecas de rotaciones obligadas que Guardiola hace en esta competición y con el equipo y la afición haciendo una piña impresionante para llevarse la Copa. Jugaron ayer con una fe encomiable y conmovedora: el meneo al Sevilla fue para el recuerdo, hubo fases de la primera parte en que parecía que jugaran 18 o 19 rojiblancos, momentos en que la defensa del Sevilla suscitaba auténtica compasión. Y además, lo celebraron como Dios manda: tras varios días de caldear el ambiente, hubo invasión en San Mamés y la ciudad se echó a la calle. En Barcelona, los bares ni siquiera estaban llenos.
Suerte que el partido del Barça dejó ese instante memorable que nos recordó que el fútbol se aprende en la calle y premia a los listos, a los pícaros. Suerte que el Barça tiene a este segundo portero nacido en el Puerto de Santa María (Cádiz) y con aspecto de actor porno que nos regaló la parada más importante desde la final de París. Y con ese Messi maravilloso, a quien le cuesta más dibujar un corazón con las dos manos que una vaselina perfecta con esa zurda vengadora.
Tres años después, el Barça se jugará un título en un partido. Una gran noticia, sólo empañada por el hecho de que el otro finalista llevaba 24 años esperando este día. Y un cuarto de siglo desde que levantaron su último título después de desquiciar a Maradona en la famosa batalla del Bernabéu (http://www.youtube.com/watch?v=x4lEQLO9GG0). Que Guardiola vea este partido antes de decidir su once en la final. Que sienta la fuerza que tiene ese club vasco en una final (1'34'', 5'24'', 7'50''). Que vea, ojo, a Schuster encararse con un rival y hacerle cuernos (4'00'') por pura impotencia. Que vea cómo acabarían las finales si los futbolistas no fingieran ser buenos ganadores y buenos perdedores (8' 30''), en el que debió ser el único partido en que no hizo falta despertar al Rey.
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domingo, 1 de marzo de 2009
El raro de la tribu
Una advertencia: todos tenemos nuestras cosas raras, nuestras parafilias y nuestros vicios. Hay quien mira acarameladamente a las ovejas, hay quien encuentra placer en coleccionar tapas de yogur o en apostarse en las escaleras de una iglesia para ver el penoso descenso de los abuelos feligreses. Sí, hay gente muy rara. Gente que está encantada de que Hleb juegue en el Barça.
Muchos maldicieron a Txiki al saber que el Barça le fichaba: Hleb era un media punta que había metido 30 goles en 303 partidos en ligas menores como la bielorrusa, la alemana o la inglesa. Es decir, un tío sin gol y que además, por lo visto en el Arsenal, no era rápido. Sin embargo, desde la pretemporada Hleb demostró que tenía un gen distinto, un nosequé de artista, un trompicado y fascinante control del balón.
Con medio año en el Barça, ha demostrado que los sensibles aficionados que le han profesado su simpatía incuestionable desde el primer día no se equivocaban: lleva un total de cero goles en 1.268 minutos jugados, es el único entre todos los centrocampistas y delanteros de la plantilla que no se ha estrenado, es líder en retrasos a los entrenamientos y hasta el manager de Touré se ha mofado de él preguntándose "quién jugará" en el Barça el año que viene si no renuevan a nadie. "¿Hleb?", dijo, sonriendo.
Ocurre que Hleb tiene algo único y que ya no es estila en los días del fútbol metalúrgico. Es un jugador diferente. De hecho, viendo driblar a Garrincha (http://www.youtube.com/watch?v=AkO4XdjnQrY), uno cree estar ante el pariente lejano y negro de este ex soviético despistado. Ambos tienen un defecto físico a su favor: una de sus piernas es más corta que la otra. Se aprecia en la zancada irregular de Hleb, en la sorpresa de sus rivales que fracasan en su intento de robarle la pelota.
La otra noche, tras la ingesta de diversos euforizantes, pensé que este bielorruso es el complemento perfecto para una plantilla campeona. Pensé que este hombre acabará lo que Salinas empezó en Wembley: el día menos pensado, anotará un gol que valga un título. Para ello va sobrado de factultades: le falta garbo, su sola presencia desespera a la ilustre afición culé, sus estadísticas son las de un auténtico cenizo y no debe haber vendido una sola camiseta en lo que va de año. Si lo piensan bien, Hleb jugaría sería indiscutible en el equipo de estilistas incomprendidos, con Prosinecki, Hagi, Giovanni y compañía.
Mircea Eliade, el célebre antropólogo, sabía un rato de rarezas. Fue él quien escribió que "el hecho de que los chamanes, hechiceros, curanderos se recluten preferentemente entre los neurópatas o entre personas que dan muestras de un equilibrio nervioso inestable se debe también a ese prestigio de lo insólito y de lo extraordinario". Así es el bueno de Aleksandr: insólito y extraordinario.
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miércoles, 25 de febrero de 2009
Miedo
No es por masoquismo. O eso queremos creer. Pero lo cierto es que anoche, por primera vez en muchas semanas, el barcelonismo disfrutó de un partido de fútbol en que no faltó el principal ingrediente: el miedo. Miedo a un rival que por agresividad, ocasiones y fútbol, mereció más. Miedo a un Barça barbilampiño e inocente, que de tanto arrasar, casi se había olvidado de competir. Y miedo a una competición grande, en que el menor tropiezo se paga con la eliminación.
Guardiola confesó tras el partido que estaba encantado. Sutilmente, sin estridencias, culpó a algún jugador, y dijo que cuando alguien no cumple, el colectivo lo paga. Hoy habrá sido un día duro para los futbolistas señalados. La cólera de Pep es cosa terrible, según cuentan. Márquez podría ser el señalado por transmitir sus nervios y falta de concentración a Piqué y Valdés. O Busquets, por no ofrecerse y no auxiliar a Xavi a la hora de crear. O Henry y Messi, secos en ataque y apoltronados en defensa.
Hay que agradecer a este Olympique de Lyon que devolviera al Barça a la Tierra, que a base de planchas y garra le pusiera ante el espejo, que le hiciera dudar. Que nos hiciera sentir el miedo a los abismos europeos que tanto han martirizado a este club.
domingo, 22 de febrero de 2009
Pánico y desinformación
Una pesadilla me ha atrapado esta noche, tras el trance perico, y he amanecido sudando y pensando en el próximo rival del Barça. Durante todo el día he consultado en la prensa deportiva si estaba justificado mi miedo. Con un breve repaso he inventariado las virtudes que se le suponen al Olympique Lyonnaise, multicampeón francés, y he constatado que los expertos señalan como su mayor peligro a su codiciada estrella: Benzema.
Ocurre con el nueve de Francia que a personas que tengo en alta consideración les parece un fenómeno, un nuevo Henry, un crack. Otros, por contra, le consideran un Huntelaar, y me recuerdan sus números de este año: 13 tristes goles en Liga. He pensado en Julio Maldonado, Maldini, en Marquinos López, de Futbolitis. Paraprofesionales con método, bases de datos ambulantes. Sin duda, el primero sabe cuántos goles metió de cabeza en su primer año como alevín. El segundo tendrá informatizados todos sus movimientos para ganar la espalda a los centrales. El negocio de ambos se basa en eso, en descubrir secretos y encontrar atajos hacia la verdad. En explicar a los hinchas si vale la pena ilusionarse con un fichaje o si hay que temer al extremo zurdo de un rival europeo al que nunca se ha visto jugar.
Ni siquiera ellos merecen crédito cuando nos hablen de Benzema o de cualquier otro, por más que estén cargados de razones, datos y horas de visionado. Porque los futbolistas no son más que partes de un equipo que no funcionan solos. Porque hasta los mejores tienen noches aciagas, y porque parte del encanto de la Copa de Europa de siempre es encontrarse a rivales que son temibles por desconocidos. Y porque esto seguirá siendo fútbol, el absurdo y grandioso deporte en que al Barça sólo le han ganado dos colistas como el Numancia y el Espanyol.
¿Demos temer, pues, a Benzema? Mucho: observen su mirada. Es la de un hombre que desayuna niños.
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miércoles, 18 de febrero de 2009
Proto exfutbolistas
Entre los especímenes más tragicómicos del mundo del fútbol destaca el del proto exfutbolista. Nadie piense que con este nombre me refiero a aquellos veteranos que apuran sus últimos latidos futboleros -ahí está Van der Saar, en el United, campeón de todo y a punto de lograr un récord histórico de imbatibilidad- ni a los que han sufrido gravísimas lesiones -esta semana hemos visto la emotiva vuelta al césped del gunner Eduardo, que ha vuelto a golear tras una lesión brutal que muchos creyeron que le apartaría del fútbol-.
He pensado sobre los proto exfutbolistas a cuenta del único amigo que jamás tuvo Samuel Eto'o en el vestuario del Barça. El único tras cinco años en la casa. Se trataba de Gerard López, el hombre que tiró su carrera por la borda al firmar un contrato made in Gaspart, el que aspiraba a ser millonario y ni siquiera llegó a pensar en ganar un día el Balón de Oro. Por algún extraño motivo, este chaval atractivo y bon vivant congenió con Eto'o durante el tiempo en que coincidieron. El uno tenía una única virtud, el hambre, el otro perdió lo único que distingue a un futbolista profesional, la ambición. El exceso de esto último convierte a Eto'o en un hombre sin remedio, alguien capaz de dejar este Barça memorable porque la gente no le quiere lo bastante, porque somos ciegos a sus litros de sudor, porque creemos que el bueno es Messi, porque no le dan el Balón de Oro por negro, etcétera.
En favor de Eto'o hay que recordar la máxima de Golobart: “Los grandes campeones siempre han poseído ese punto de exceso de autoestima que los sitúa en cierta manera por encima de los demás". En favor de Gerard, no hay nada.
Más de ocho años después de llegar al Barça como una superestrella, ayer fichó por el Girona, donde es de esperar que siga siendo el jugador que ha sido en su último equipo, el Recreativo de Huelva: un eterno suplente. Este tipo de ruinas balompédicas suelen gestarse al amparo de contratos millonarios. Hoy mismo, As recoge en mundial exclusiva que Di Stéfano recomendó a Drenthe que se "corte el pelo y se quite esos pendientes". Suponemos que Don Alfredo le ha dado este consejo por no darle uno mucho más útil, algo así como "si no quieres ser futbolista, déjalo, mete el dinero en el banco y hazte gogó de discoteca".
Para él, para Gerard y para todos los proto exfutbolistas dejó escrito un epitafio Dante en sus infiernos: "No tienen éstos de muerte esperanza, / y su vida obcecada es tan rastrera, / que envidiosos están de cualquier suerte. / Ya no tiene memoria el mundo de ellos, / compasión y justicia les desdeña; / de ellos no hablemos, sino mira y pasa"
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sábado, 14 de febrero de 2009
El Barça que viene
Del manual del Doctor Funesto Culé: Efectos no deseados del trabajo bien hecho:
1) La visita al Ruiz de Lopera, donde el Barça sólo ha ganado una vez en un lustro, se presenta como un trámite.
2) La condescendencia y compasión con el prójimo alcanza el pernicioso extremo de que nadie hace mofa de los excesos nocturnos de los jugadores del Espanyol.
3) Las misteriosas rutas por Asia de Laporta no producen estupor ni levantan sospechas.
4) Hemos olvidado definitivamente que en esta plantilla había un jugador que lucía el 3 y respondía al nombre de Milito.
Del libreto de La Feina ben feta no té fronteres.
1) Txiki, ese hombre que sabe de fútbol y que a pesar de ello fichó a Maxi López, Albertini, Van Bommel, Ezquerro o Thuram, podría dejar la secretaría técnica este verano. Llegado ese momento, habría que encontrar una nueva marioneta para Darth van Vader.
2) Los primeros nombres que han sonado hablan de que este equipo no cometerá los errores de Txiki y Rijkaard en el pasado: se ha especulado con Villa -el nueve soñado es Torres, Agüero también triunfaría- y con Van Persie, Ribéry o Silva. ¿Qué prueba eso? Que Guardiola es un señor sensato que sabe que Eto'o y Henry tienen que saltar este verano. Que lo hagan como campeones de todo. Retoques como un lateral (Lahm) o un central (Bruno Alves) serían muy bienvenidos. Hagan sus apuestas y no olviden encontrar nuevos entetenimientos si les aburre esta aburrida marcha triunfal liguera.
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