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miércoles, 27 de febrero de 2013

La carrera del siglo (IV): El Baile del Diablo




"Así, durante un rato, experimentaron la desagradable sensación de escuchar cómo el suelo sonaba a hueco y crujía bajo sus pies, por lo que denominaron al lugar 'El Salón de Baile del Diablo'". 


Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida. Javier Cacho Gómez


Así es el Polo Sur. A 40 bajo cero y en un lugar inexplorado, algo cruje bajo tus pies y sabes que todo puede venirse abajo y acabar para siempre. A 40 bajo cero te acuerdas de que tu entrenador está luchando por su vida en Nueva York, de que el único central digno de tal nombre no está en forma porque ha estado ocupado con su cáncer.  A 40 bajo cero miras a ese tío que lleva el cuatro a la espalda y que te traicionó hace una década y a quien ahora debes confiárselo todo. A 40 bajo cero respetas la simple y perfecta máquina de dar muerte de un rival que empuja hacia el mismo objetivo que tú ambicionas.

Pero a 40 bajo cero uno también tiene tiempo de pensar en que el partido grande, el que decidirá de verdad esta carrera, se producirá en Champions. Que para que ese partido pueda llegar, hay que eliminar a un Milan fascinado por el mourinhismo pero sin las piezas exactas para ejecutar ese horror. Que hay detalles por pulir: aunque este Barça siempre fue un monumento inmortal, nunca ha sido un engranaje perfecto. 

Con el viento helado en la cara y ni la más remota idea de dónde está uno, es bueno saber que en tu equipo hay tíos con el carácter de Busquets o Alves. Que con sus defectos, Alba recorre la banda, que Iniesta y Pedro no paran de probarlo. Que difícilmente Xavi y Messi volverán a estar tan desaparecidos en una cita importante. Pero ante todo, con la cara llagada de frío llega una buena nueva: que al fin tienen la excusa que les ha faltado hasta hoy para jugar con los ojos inyectados en sangre. 

No sonrían. Hay 40 bajo cero y todo cruje bajo nuestros pies. Por el amor de Dios, tápense.

lunes, 25 de febrero de 2013

La carrera del siglo (III): Fantasmas







"El explorador metódico, reflexivo y prudente, de repente, dejó que la oscuridad de la noche antártica entrase en su alma, reviviendo sus miedos, exacerbando sus vacilaciones, haciéndole olvidar su pormenorizada planificación y empujándole a tomar decisiones que parecían ajenas a su personalidad".

Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida. Javier Cacho Gómez

Toda gran empresa vive un momento crítico. Un momento en que uno examina las fuerzas que le quedan para salir adelante y teme que no bastará, que el fin está cerca. Ahí está este Barça. De nada le sirve haberlo ganado todo, ni haberlo hecho tantas veces, ni jugando como lo hizo ni con toda la Masia sobre el césped. O levanta dos eliminatorias, o a pesar de llevarse la Liga este será recordado como un año discreto. 

En la memoria no quedará ese 95% de partidos en que el equipo da espectáculo y arrasa a todos. En la memoria cainita de los culés quedará que no pudieron con el equipo más caro del planeta (un equipo mezquino y sucio hasta la náusea) ni con el descomunal autobús italiano de un equipo con siete Copas de Europa. Nadie recordará que el entrenador estaba en otro continente recuperándose de una grave enfermedad, ni de que éste es un juego de azar en que la gente suda. 

Por eso los 90 (o más) minutos de mañana son trascendentales. La Banda se juega más porque tiró la Liga hace meses, pero trae la ventaja del empate de la ida. Sólo se motivan cuando ven enfrente un tío de menos de metro setenta con una camiseta azulgrana, por eso una victoria local se antoja difícil. Y el camino para lograrla es desconocido, aunque sí estamos seguros de cuál es el camino que lleva al desastre: el del juego sin identidad, el exceso de prudencia, la renuncia a la pelota, la hiperexcitación. Los compañeros de Amundsen, hace un siglo, vieron peligrar todo cuando se acercaba el momento crítico de atacar el Polo Sur, cuando se dieron cuenta de que a Amundsen "el fantasma de los ingleses le atormentaba sin descanso”

Mañana es el día en que, más que nunca, Messi se tiene que juntar con Xavi e Iniesta bajo la tutela de Busquets, con dos energúmenos tirando desmarques por delante mientras Alves sube una banda y Piqué aparece en la frontal del rival justo cuando Alba pisa la línea de fondo y Abidal calienta en la banda para que el estadio entero se estremezca. Mañana no es un partido para ver fantasmas. Porque hasta en la derrota nos gusta reconocer a los nuestros. Y sobre todo, porque el miedo es el camino más corto al desastre. Que lo sientan ellos. 

sábado, 26 de mayo de 2012

'All downhill from here'




"Look at me, jerking off in the shower... This will be the high point of my day; it's all downhill from here".
American Beauty.


En realidad, ya nos conocemos y ya sabíamos de qué iba el asunto. Estos cuatro años han calado y algunos olvidaron sus invictos gallumbos de la suerte, muchos pasaron el día ignorando que aquello era un cita grande, otros se agolparon en las iglesias para rezar por los pobres niños del Athletic. Aun así, era difícil imaginar la explosión inicial de fútbol del Barça, las tres ocasiones en los primeros 200 segundos, los tres goles antes de alcanzar el primer cuarto del partido.

Un tsunami made in Guardiola destrozó al pobre equipo de Bielsa, que parecía no tener bastantes delanteros, ni bastantes centrocampistas, ni bastantes defensas. Juande, Pellegrini, Mourinho, Ferguson, Caparrós, Lucescu, Pereira, Saballo y Ramalho ya habían visitado esa habitación del pánico. Aficiones de medio mundo ya habían mascado la impotencia infinita de enfrentarse al ballet de los 11 sádicos. Por alguna extraña razón, el fútbol siguió siendo apto para todos los públicos.


Y la masacre se produjo, claro. Fútbol pleno y cruel. El barcelonismo, con un grado de adhesión a sus colores que normalmente sólo tienen los equipos anclados en la mística de la derrota, degustó el 14º título en cuatro años. Lo hizo a cámara lenta, apartando la mente del inevitable silbido final, que había de marcar el fin de una era. Y lo hizo enterrando un poco más la Liga de La Banda, un título que ni el pobre Ramos recuerda ya. Pero a pesar de la demostración, el barcelonismo acabó algo melancólico.

No son sólo tres terribles meses de pura nada los que se avecinan. No es sólo la añoranza de no ver a Messi encarando rivales, a Iniesta flotar, a Xavi pivotar y a Busquets agigantarse. Es la triste certeza de abandonar la cima para saber que jamás, por más años que vivamos, estaremos tan arriba. 

La culerada es desde ayer el pobre Lester Burnham. En su vacío encontrará, al menos, el consuelo de un increíble viaje hacia las 14 copas que anoche, Aaaahhhh, llegó a puerto. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

El último vals




Take this waltz, take this waltz  / With its 'I'll never forget you, you know!'
Take this waltz, Leonard Cohen


De repente, el equipo presionaba con desesperación. Xavi e Iniesta bombeaban fútbol para que Messi arrasara con todo. Los laterales parecían extremos y los rivales, torpes policías antidisturbios. En la primera final, masacre del pobre Athletic de Caparrós con un inicio de segunda parte terrorífico. Después, la rutina de arrasar, campeones por aplastamiento, un fútbol artesanal, canteranos por todas partes, un placer sensorial ininterrumpido.

Qué cerca queda aquella temporada 08-09. Qué rápido ha pasado todo y qué fugaz tanta felicidad. Qué nítida aquella primera final, una memorable pitada, las insólitas butifarres de Touré, Bojan humillando a Eto'o, la gula de Messi, el primer éxito de la era Guardiola. Quedan sólo 90 minutos para cerrar el capítulo más glorioso de un club que tiene 112 años; qué horrendo sería acabar con derrota. Otra vez el Athletic enfrente, la camiseta rayada más famosa de la Liga. Con una generación única que aspira a campeonar un cuarto de siglo después y que desea esta Copa mucho más que el Barça, un club a dieta hiperproteica donde las excavadoras del nuñismo ya trabajan a destajo.

Quedan aún 90 minutos de fútbol. Y aunque Hollywood siempre fue una mierda, el relato de este equipo no entendería otra cosa que un happy ending. Guardiola, el recogepelotas con alma de presidente, el aprendiz de Cruyff, necesita un título más para decir adiós con 14 y redondear, también en su palmarés, el homenaje al Hacedor. Queda un último vals diabólico. Sólo durará 90 putos minutos.

jueves, 9 de febrero de 2012

Los mejores

A ritmo de Tina Turner, inclinémonos ante un equipo que quema metáforas, agota comparaciones y aburre a los adjetivadores más barrocos del reino. Un dato basta para comprender esta barbaridad: con la tripa más llena que vio la historia del fútbol, están en la final de la competición que menos motiva a los futbolistas. Por tercera vez en cuatro años. Ahí radica la diferencia con equipazos como el Dream Team o con el Ronaldinho's CaipirinhaTeam.
Uno llega a la conclusión de que este equipo es un tren que lo arrolla todo. Incluso cuando su hambre decae, lo normal es que atropelle al personal. Muy de vez en cuando, eso sí, aparece un pedrolo en las vías (Chigrinsky y Palop en la Copa de 2010) o sufre una avería técnica (el volcán islandés en la Champions de ese año) o es directamente víctima de un atentado terrorista (Casillas y sus delincuentes el pasado año en Mestalla). Accidentes al margen, este tren avanza con toda normalidad. Sin más misterio: el agua moja, Karanka horroriza y este Barça gana.
Así lo ha hecho en las tres competiciones que podía ganar este año. Al saco. En la cuarta, ha superado el peor cuadro posible para llegar a otra final que deparará nuevas y espeluznantes emociones a Sus Majestades. La cosa no resiste comparación: La Banda, famélica y cebada por el millonario clembuterol del Tito Flo y su Central Lechera, ha perdido ya dos de los cuatro que tenía. Y en los otros dos tendrá que demostrar que está a la altura de la máquina infernal de Guardiola.
El Mite, por cierto, avisó ayer de que, superada la crisis física de enero y febrero entramos en fase hiperespacio, de que vuelve el fútbol de quilates y el rock'n roll. Sinceramente no hace falta. Es en el peor momento del año y en la competición menos brillante cuando nos hemos convencido de que este equipo es sencillamente el mejor.

jueves, 2 de febrero de 2012

Maldita danza

No hace tanto, el Barça viajaba a Mestalla para ser humillado de forma rutinaria por un equipo que tiraba contragolpes de la mano de Mendieta y el Piojo López. En el epílogo de la era Rijkaard, el Valencia, equipo antipático por excelencia, grada barçófoba, merengona, gritona y analfabeta, nos echaba de una final con la potra com principal aliado. Hace unos meses, nos llevamos de Emery un nuevo baño táctico en un partido donde pudimos ser goleados.
El empate de anoche no debería parecer malo. Por fin hemos aprendido la forma de jugarle a un equipo que, como el Espanyol, se ha convertido en el principal aliado de La Banda. Que rozamos otra final, que bastará con ganar en el Camp Nou. Pero sin embargo, la culerada sigue mosca. Ya no por la desvergonzada campaña de la Central Lechera con los árbitros; tampoco por esos siete puntos de sutura en nuestro orgullo de campeones de todo.
Lo que perturba al personal es esa extraña sensación de que no hay manera. Messi fallando penaltis. Alexis fracasando por partida doble solo ante el portero. La de Alves al palo. Infinidad de contragolpes mal llevados. Detrás de expresiones infantiles como "mala suerte" o franquistas como "los imponderables" se esconden otras cuestiones. Dejes de autocomplacencia. La seguridad de saberse superior a todos antes de jugar. Una imagen asaltaba la cabeza de este cavernícola a cada ocasión fallada durante el partido de ayer: las celebraciones de los goles de Abidal y Alves en cuartos de final. Infamia. Ese baile, esa estupidez, demuestra que algunos jugadores ya ni siquiera valoran como se merece el clímax futbolístico: el gol, la victoria. Lo han vulgarizado. Hace demasiado que ganan, y ganan, y ganan.
Aquí somos comprensivos con las leyes de lo humano, con los límites de la voracidad. Pero no hagamos el ridículo, no hablemos de la suerte. Miremos el hambre, tratemos de volver a disfrutar de verdad de la victoria. Para danzar ya está el Doctor Cumbia.

jueves, 26 de enero de 2012

Imposible

"Había llegado ya a la edad (tenía cuarenta y siete años) en la que las jóvenes miran a través de ti, más allá de ti: miran a través de tu espectro, lo que tal vez sea una desgracia muy trillada, pero claramente es un hito en tu despedida, en tu viaje al reino de los muertos. Susurras “adiós” una y otra vez…: que Dios esté contigo. (Porque yo ya no lo estaré)"
Perro Callejero, Martin Amis
Fue la obra cumbre de La Banda. Una explosión de orgullo y talento. Una demostración de juego sucio y competitividad. El mejor partido de fútbol que este monumento a la vanidad ha hecho en un par de lustros. Sin nada que perder, con una crispación interna terrible, mostraron una tensión en las pupilas que desde el calentamiento producía pavor. Nunca como ayer ha estado este Madrid -en esencia, el mismo que parió Capello-, había tenido el dao a este nivel.
Podría pensarse que la victoria refuerza a una Banda que encontró las debilidades azulgrana, que hizo más ocasiones, que exhibió ante el mundo el nivel impresentable de Piqué. Podría creerse que con su alineación terrorífica, con un Özil estelar y CR Ceja brutal, con el mejor Benzema, ahora sí ven una posibilidad de ganar a este Barça en la Champions.
Pero no se engañen: el nivel de fe de La Banda de ayer es sencillamente irrepetible. Fue su capolavoro y no les alcanzó. Ya nunca les alcanzará, a pesar del ensordecedor estallido de la Central Lechera de Florentino, que resucita desvergonzadamente el villarato. A pesar también de su extraordinaria alineación. Basta detenerse en las miradas de los jugadores de Mourinho al final del partido para saber que tienen razón: imposible ganar. Desde mañana, en esa caseta vuelven los celos, los odios, las inquinas, la miseria y esa maldición que reza que un vestuario roto es un imán de mala suerte.
Miren esos ojos: imposible. No a este Barça. Viajan hacia el reino de los muertos. Deberán convivir con el tormento de saber que las mujeres ya no les miran, de tener la certeza de que Dios no volverá a estar con ellos.

jueves, 19 de enero de 2012

Blancas juegan y palman

"Doctor, no conoce usted el tormento de la eterna desconfianza. No, lo ignora".
Drácula, Bram Stoker
El Sestao tuvo anoche un 28% de posesión. Alineó a seis defensas. Su central calvo volvió a agredir. Su portero demostró que sabe de jugar con los pies lo que Paquirrín de logaritmos. Y, en un guiño insólito del destino, ese conjunto menor murió a manos de dos de los jugadores con menos gol del planeta fútbol: Pajarito Puyol y Abidal.
Así se saldó la enésima humillación de ese equipo prepotente y mafioso de los Quincazos Portugueses. Pisaron, golpearon y tiraron pedradas. Hicieron su juego. Tuvieron el apoyo de 90.000 ciegos, sordos y lerdos. Pero al final hubieron de acordarse de que enfrente tenían un equipo que luce, en pleno pecho, el escudo de Campeón del Mundo, galardón que han reeditado tres veces en dos años.
Así las cosas, el Sestao se encuentra con que en sus partidos de máxima rivalidad ante el Eibar da lo mismo si el portero del rival se empeña en regalar un gol en cada partido. Inevitablemente acaba derrotado. No es de extrañar: el Sestao no juega, con perdón de ustedes, una puta mierda. Eso sí, tiene en ataque tíos que valen 150 millones de euros, gente que muy pronto se hartará de estar en un equipo perdedor y querrá fichar por entidades serias como la Real Sociedad.
En este foro conocemos el fútbol. Sabemos que en una semana todo cambia, que siempre es posible remontar, o cambiar el chip de una competición a otra. Pero este Sestao, esta Banda vergonzante, está inoculada del peor veneno: el de la eterna desconfianza.

lunes, 16 de enero de 2012

Los conejitos suicidas del Tito Flo

El millón de posibilidades que encierra un partido de fútbol no impide las especulaciones sobre los escenarios más probables. En este último trienio mágico, el Barça de Xavi y Messi ha demostrado al mundo que puede apostar tranquilamente por su victoria cuando juega contra La Banda, incluso cuando lo hace como visitante.
Porque aun asumiendo que el fútbol es impredecible, uno piensa en esa medular devastada, en esos Khediras y Lasses, y piensa que el miércoles volveremos a hacerlo. Y aunque la gracia del fútbol esté en lo inesperado del resultado, aquí puede hallarse un sustitutivo válido: adivinar el arma del crimen y el tipo de drama que ha de producirse. En el camino ha habido trepanaciones gestadas en la profundidad de Henry y Messi como falso nueve (2-6), victorias funcionariales (el 0-2 de 2010 con Xavi como hacedor), la masacre de La Bestia Parda en Champions con un eslálom para la historia contra una defensa sanguinaria (0-2) o la exhibición coral de fe y talento de hace un par de meses (1-3).
Tras tres años de orgías, en estos choques la gracia ya no radica en el qué, sino en el cómo. Ahí está el misterio. Y uno piensa en el pobre Casillas, ese mostoleño de mecagoendios, mecagoenlaputa, y quécojoneshaceaquíestetíosolo, y se pregunta por dónde pillará. ¿Será el Viagras? ¿Se consagrará DJ Sideral? ¿Será la Bestia Parda quien se ría otra vez más del Averno? ¿O acaso no huelen a golazo de Thiago?
El enigma se le antoja a uno como las famosas viñetas de Andy Riley, que lleva años ingeniando todo tipo de muertes para sus conejitos. La víctima no será aquí un mamífero velludo y suave, sino este Madrid presidido por un millonario derechón, entregado a los delirios de un psicópata y a los excesos de su tropa de mercenarios.
El miércoles los conejitos lucirán de blanco. Hagan sus apuestas y disfruten del grandioso espectáculo de la muerte.

jueves, 21 de abril de 2011

Las cinco grandes noticias de una debacle

“¿Qué no han hecho los reyes de España? ¿De qué daño no han sido causantes y explotadores?”
Rafael Barrett.
1. Permítanme el consejo zen: esto es fútbol y se puede ganar y perder. Contra un equipo con hambre de años, hipercompetitivo y ultramotivado, la derrota no es ninguna vergüenza. Y si sirve para perpetuar el modelo que ha hecho de La Banda posiblemente el equipo más odiado a nivel planetario, que Dios bendiga este 0-1.
2. La gran diferencia entre el Barça y el flamante campeón de la Copa es que el Barça puede perder títulos y conservar su modelo. Ni debates absurdos ni pensar en los jugadores que no hemos visto ni quejarnos de los árbitros. El miércoles que viene, balón al césped, a atacar sin parar y a asombrarnos con este equipo capaz de obras maestras como la segunda parte de anoche.
3. ¿Vieron la cara de Guardiola y Messi? La derrota hace bien a este equipo apolíneo ante la Champions, estimula su rencor, hace inviable pensar en un primer tiempo tan estéril como el de ayer. Los jugadores blancos han salvado su año e inevitablemente bajarán su motivación.
4. Mi buen Torpedo habla de que esta Banda es Esparta y tiene toda la razón. Pero fue Atenas la que fundó una civilización, y ahora nos hemos inflamado.
5. Milagrosamente, aún respiramos. Qué maravilloso nuestro organismo que nos permite sobrevivir a derrotas tan duras contra chusma como Ramos, Pepe, Marcelo o Arbeloa. Aspiren, expiren, y a por la próxima batalla.

miércoles, 5 de enero de 2011

El placer de sufrir

"Emil cae de rodillas, hunde la cabeza en la hierba amarillenta y permanece en esa postura varios minutos durante los que llora y vomita y se acabó, se acabó todo".
Así de patética fue la despedida de Emil Zatopek de las competiciones de fondo: entre lágrimas y sin medalla en unos Juegos. Habían sido años de ganarlo todo, había acumulado hasta nueve récords del mundo en distintas distancias. Así recuerda Correr, de Jean Echenoz, cómo fueron sus últimos días en la élite, sus últimas victorias ya de muy veterano:
"Los camaradas aclaman a Emil instándole a que pronuncie unas palabras en el podio. Estoy contento, declara Emil, pero siento que un joven no haya vencido. Los jóvenes aman más que yo la victoria. Yo tengo 33 años, no tengo la misma voluntad de vencer y sólo corro por el placer de correr. Gracias a todos. Recibe una ovación. Qué gran tipo, piensa la gente, Dios, qué gran tipo".
Bien podría decirse que este Barça ha ganado demasiado y ha envejecido y que sólo podrá seguir en la cima si logra competir por placer una vez empachados de gloria, goleadas, espectáculo y títulos. Esta noche está en juego el buen ambiente del vestuario y un título hoy en el agreste San Mamés. Y eso en un equipo donde Milito ha anunciado que se quiere ir, porque el orgullo es lo primero para un futbolista y donde jugará Xavi para dejar atrás a Migueli, ese ídolo forjado en época de cartillas de racionamiento. Habrá que ver si el once azulgrana es capaz de sudar y recrear la leyenda de Zatopek, el hombre cuyos rasgos "se distorsionaban como desgarrados por un horrible sufrimiento" cuando corría.
Que su ejemplo llegue al vestuario. Porque han de saber que meses después de su fracaso olímpico y de su adiós, decidió correr una última vez. Fue en un cross del País Vasco. Y esto fue lo que ocurrió: "Más gesticulante que nunca, transfigurado por el esfuerzo como en sus mejores tiempos, se lanza al sotobosque y entra en el hipódromo para ganar con una ventaja de 20 metros, saludado por miles de pañuelos. Todos aclaman al veterano".
Aquel día, como premio, le regalaron un perro al que llamó Pedro. Se despidió el atleta y nació su leyenda, la que años después le llevaría a ser aclamado cuando era un basurero represaliado y trotaba tras el camión por las calles de Praga. Ése era Zatopek, un campeón digno de inspirar a este equipo que divisa ya la anestesia de la eternidad.

miércoles, 13 de enero de 2010

1-4

No es una profecía, es un homenaje. No es un pronóstico, es un agradecimiento. Ya al despertar, esta Caverna ha comprendido que el Sevilla será destrozado esta noche, que Guardiola soltará a las bestias pardas, y que amarraremos el pase a cuartos. Lo dijo ayer: "Ya conocéis a estos jugadores, cómo se han comportado". Sonó a amenaza. Con la cerveza del mediodía, hemos confirmado que la victoria bien podría valer otro título, habida cuenta de la masacre de favoritos: los supervivientes en la competición bien podrían ser el Racing, Osasuna, Celta, Deportivo, Málaga, Rayo y Recre.
Recapitulemos: nunca fue la intención de este faro de cultura hacer quinielas. Esta locura del 1-4 responde al agradecimiento a un equipo que hace creer que todo es posible. Al equipo que ha roto la ley del deporte y nos ha convencido de que se puede ganar siempre. ¿Acabará hoy el idilio de ganar y ganar y ganar? Tal vez. Lo que ya no cambia es que el barcelonismo sabe que se puede ganar a cualquiera, en cualquier momento, con la diferencia de goles que haga falta.
Y así, el invierno y el frío parecen menos fieros.

jueves, 14 de mayo de 2009

Es nuestra

Véanle gritar y recuerden cómo estuvo a punto de llorar con el gol y con el cambio. Fue el momento más emotivo de un choque de trenes que se decidió mucho antes: un portento llamado Touré hizo dos croquetas, se propulsó, armó la pierna y regaló unas bonitas butifarras a la afición que llevaba tres meses entusiasmada mirándose al espejo. Caparrós se sumió entonces lo que Tolstoi conocía como "el momento de vacilación moral que decide la suerte de las batallas".
La Copa es nuestra porque la máquina de triturar volvió a funcionar, a tocar el balón a uno y dos toques, a buscar espacios, a marear al rival. Es nuestra porque la potencia sin control no sirve de nada y porque Toquero Lehendakari marcó demasiado pronto. Porque el Athletic se pasó en su combinado de adrenalina y endorfinas y no se dio cuenta de que aquello no era un concierto de Motorhead, sino un partido de fútbol.
La Copa, el título que alimentó a generaciones de culés sedientos, ha vuelto a casa. ¿Un título menor? Miren al de la foto, el chaval más feliz sobre la faz de la tierra.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Ser o no ser

No es día para experiencias estéticas. El fútbol se inventó como simulacro bélico y la de hoy es una batalla en que no cabe la opción de retirada. "Hasta el último hombre", que dijo el emperador Alejandro ante la invasión de Napoleón.
No hay punto intermedio, ni consuelo ante una derrota honrosa, ni partido de vuelta, ni empate posible. Todo o nada. Euforia o desespero. Para los jugadores, la certeza de entrar en la historia como héroes o el riesgo de quedar inmortalizados como villanos.
Caparrós ha avisado de que esta noche hay riesgo de lesiones. Una argucia para intimidar al Barça. Sus palabras no son ningún escándalo, bien lo sabía Camus: "Quitad los cañones y no encontraréis ninguna diferencia entre el fútbol y la guerra". Todo el mundo sabe que en la guerra todo vale, y que tras de sí sólo deja tierra quemada, vencedores y vencidos.

jueves, 5 de marzo de 2009

Una final de mil demonios

Adrenalina en estado puro. Historia viva del fútbol español. Los eternos candidatos a la competición del vértigo y el infarto. La final que algunos llevamos años soñando sólo por el gusto de ver las banderas rojiblancas en un estadio a reventar y el orgullo de esa afición.
Barça-Athletic en el partido decisivo y resulta imposible abstraerse de la idea de que llegan mejor: ante la oportunidad de hacer historia -hacía 24 años que no optaban a ningún título-, sin las hipotecas de rotaciones obligadas que Guardiola hace en esta competición y con el equipo y la afición haciendo una piña impresionante para llevarse la Copa. Jugaron ayer con una fe encomiable y conmovedora: el meneo al Sevilla fue para el recuerdo, hubo fases de la primera parte en que parecía que jugaran 18 o 19 rojiblancos, momentos en que la defensa del Sevilla suscitaba auténtica compasión. Y además, lo celebraron como Dios manda: tras varios días de caldear el ambiente, hubo invasión en San Mamés y la ciudad se echó a la calle. En Barcelona, los bares ni siquiera estaban llenos.
Suerte que el partido del Barça dejó ese instante memorable que nos recordó que el fútbol se aprende en la calle y premia a los listos, a los pícaros. Suerte que el Barça tiene a este segundo portero nacido en el Puerto de Santa María (Cádiz) y con aspecto de actor porno que nos regaló la parada más importante desde la final de París. Y con ese Messi maravilloso, a quien le cuesta más dibujar un corazón con las dos manos que una vaselina perfecta con esa zurda vengadora.
Tres años después, el Barça se jugará un título en un partido. Una gran noticia, sólo empañada por el hecho de que el otro finalista llevaba 24 años esperando este día. Y un cuarto de siglo desde que levantaron su último título después de desquiciar a Maradona en la famosa batalla del Bernabéu (http://www.youtube.com/watch?v=x4lEQLO9GG0). Que Guardiola vea este partido antes de decidir su once en la final. Que sienta la fuerza que tiene ese club vasco en una final (1'34'', 5'24'', 7'50''). Que vea, ojo, a Schuster encararse con un rival y hacerle cuernos (4'00'') por pura impotencia. Que vea cómo acabarían las finales si los futbolistas no fingieran ser buenos ganadores y buenos perdedores (8' 30''), en el que debió ser el único partido en que no hizo falta despertar al Rey.

sábado, 22 de marzo de 2008

El rey de copas no tiene sed

Viendo a Baraja celebrar con desesperación su gol y al presidente del Valencia llorar ante los micrófonos comprendí qué pasó el jueves en Mestalla. Si la raquítica banda de Koeman ganó fue porque era su última bala, su única posibilidad de salvar el año. La necesidad mueve montañas. Y echando una vista a la lacrimógena historia del Barça, uno comprende que a lo largo de décadas hemos sido los primeros en beneficiarnos del todo o nada copero.
Si marcamos un antes y un después en la historia del fútbol español con la llegada de un búlgaro a este país en verano de 1990, vemos que los número hablan por sí solos. Hasta 1990, el Barça ganó sólo una de cada seis Ligas. En muchas de esas temporadas, salvar el año dependía de ganar la copa borbónica, franquista o ancestral. Precisamente por eso, en aquel tiempo inmemorial los azulgrana ganaron 22 copas, con una muy digna media de una cada cuatro años.
Pero desde 1990, y con Cruyff como entrenador, azote o vicepresidente deportivo encubierto, la Liga se ha convertido en un festival: el Barça gana una de cada dos ediciones y con semejante sobredosis de proteínas en el menú ya nadie se juega el bigote en la competición del KO. Por eso en 18 años sólo hemos ganado dos trofeos, un promedio lamentable que compartimos con el glorioso Espanyol.
Hay quien dice que el fútbol es un estado de ánimo. A veces es algo mucho más sencillo: el fútbol es que un jugador sepa que podrá salir a tomarse un café sin que le insulte cada panadera o taxista que le vea cruzar la calle.
PD: El fracaso de Valencia para mí no fue tal. Hacerle 12 ocasiones de gol a un equipo donde todos defienden como si les fuera la vida tiene mérito. Cierto es que Zambrotta es un castigo de Dios, y que lo de los pivotes y las lesiones ya cansa, pero en Mestalla vi al equipo que ganará la Liga gracias a sus Militos.

jueves, 20 de marzo de 2008

Cuestión de orgullo

Es el día, es la hora. Esperan en Mestalla once tíos y una afición dispuestos a practicar un exterminio deportivo del Barça tan devastador como el del Getafe el año pasado, cuando nos dejaron en el último momento sin final de Copa.
Hoy he visto el 0-2 al Valencia en la 2004-2005, con goles de Ronaldinho y Eto'o. Viendo cómo celebraba el Barça aquellos goles, he comprendido que lo de esta noche es pura cuestión de orgullo. Igual que viendo al Racing perder con grandeza, he visto que hay noches en que los futbolistas deben sacar lo que llevan dentro.
El Barça tiene hoy la oportunidad de demostrar que es un equipo grande. Esta noche no ganaremos con fantasía ni de virguerías. Es un trabajo para Abidal, Puyol, Valdés, Milito y de Touré, para los guerreros. Es el día para que Eto'o reviva en el túnel de vestuarios, antes de saltar al campo, sus escalofriantes gritos de una tarde de marzo de 2005: "¡¡¡Vamos, hermanos, es el último partido de nuestras vidas!!!"

martes, 26 de febrero de 2008

De romanos y godos

Miércoles, 22.00 horas. En ese momento, Barça y Valencia saltarán al Camp Nou a por un puesto en la final de Copa del 16 de abril. El Barça es el conjunto copero por excelencia por su ciclotimia, su impulsividad, su amor a las remontadas y a los partidos a vida o muerte lejos del escenario internacional.
No es casualidad que haya ganado más títulos -24- que nadie, pero, sin embargo, actualmente atraviesa la mayor sequía de su historia. Este año se cumple una década del último título, algo que no había pasado nunca. Haciendo memoria de las finales que pude vivir, encuentro varios motivos para amar este título:
1) Año 88: Alexanko marca a lo Bruce Lee en una final en que la Real fue mucho mejor. Nos entrenaba Aragonés, que salía de una depresión. Ese Barça entrañable…
2) Año 90: 2-0 al Real Madrid. Txiki demuestra que dentro del área pequeña se pueden hacer pases de gol.
3) Año 96: No logro recordar quién demonios es Pantic.
4) Año 97: Amunike remata y el disparo, que iba fuera de banda, rebota en dos tíos y un traidor para acabar en gol.
5) Año 98: La gente recuerda a Hesp. Para mí será siempre la final en que alguien atendió a mis rezos en arameo y mandó fuera el penalti de Stankovic. Y ¡ojo!, Bogarde fue titular.
Estando el Barça al nivel que está, abierta por fin la caja de Pandora, cuesta ser moderado en los pronósticos –sí, veo un 6 a 1-. Pero ocurre que jugamos contra un rival desesperado, que se juega todo el año en 180 minutos y que hará lo posible por llegar vivo a Mestalla. Este equipo triste de Koeman me hace pensar en un profesor que explicaba que los pueblos godos eran irreductibles para los romanos porque libraban las batallas a las puertas de sus poblados, con sus mujeres e hijos dentro, sabiendo qué pasaría si eran derrotados.