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miércoles, 13 de marzo de 2013

La carrera del siglo (VI): Le llaman suerte




"En varias ocasiones estuvieron al borde de la tragedia y solamente consiguieron superarla a base de profesionalidad y sangre fría: “Algunos le llaman suerte”, escribiría Amundsen, impresionado por la presencia de ánimo y serenidad de sus compañeros. Un día, después de montar la tienda, uno de ellos salió a buscar nieve para fundirla y preparar la cena. A escaso medio metro de la tienda descubrió un montículo que podía servirle, pero cuando lo golpeó con el hacha esta se hundió y se quedó encajada; al forcejear para sacarla rompió el hielo y pudo ver cómo los trozos caían en una sima que parecía no tener fondo. Acostumbrados al peligro, no hicieron más que unas cuantas bromas sobre lo ocurrido y, sin más, utilizaron el hielo que la cubría para hacer esa noche la cena". 


Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida. Javier Cacho Gómez 

A estas alturas de la vida es importante que ustedes sepan que el núcleo duro del vestuario del Barça quedó para ver el partido de La Banda en Manchester, igual que un puñado de mourinhistas hizo lo propio anoche. Corre la cerveza, se lanzan maldiciones y valen todo tipo de vudús. Unos y otros, profesionales de la lucha grecorromana, saben perfectamente quién es el enemigo.

Rueda el balón. En el banquillo, Tassotti. En el campo, siete Copas de Europa, nadie ganó tantas en los tiempos de la televisión en color. Gobernando el centro del campo, un monumento a la claustrofobia llamado Ambrosini. Y arriba, unas crestas atroces que hacen delirar a Callejón en sus noches locas. Es el equipo de Baresi con un 2-0 a favor. Mourinho brinda, Berlusconi sonríe.

Mascherano y Piqué defienden al Barça. Repitámoslo sin que ustedes se descojonen: Mascherano y Piqué defienden al Barça. Pero contraviniendo toda lógica, el mejor equipo que habremos visto cuando reposemos en una caja de pino decide regalarnos otra noche gloriosa. En el minuto 15 llevamos cinco ocasiones. La Bestia Parda desencadenada: tiembla la Lombardía. Xavi vuelve a ser Gandalf e Iniesta flota; Busquets se supera a sí mismo y llega, al primer toque, a la antesala del Balón de Oro.

La masacre se consuma. Alba decide en una y otra área. El orgulloso Milan de las siete Champions preferiría haber jugado la UEFA. Hoy ha conocido un horror desbocado y su afición sufre un mazazo que no podrá olvidar en muchos lustros.

Sólo hemos pasado a cuartos, cierto. Pero el Barça se ha acordado esta noche de cómo lo hacía hace un par de años para arrasar a todo el que se le ponía por delante. Vean la cara de Montolivo en la imagen. Véanla bien. Piensen en Diego López.

La carrera sigue; muy a pesar de muchos, el más grande no se apea.

viernes, 1 de marzo de 2013

La carrera del siglo (V): ¿Escopeta o gramática?





Con todos ustedes, el Clásico más descafeinado del año. En una competición que tiene campeón desde hace un par de meses, y que además, como habrán comprobado en los últimos días, es infinitamente menos importante que la Copa. Honestamente, de todos los duelos a vida o muerte que en los últimos años han enfrentado al Barça con La Banda ninguno llegó tan falto de adrenalina.

Uno se pregunta cómo afrontar esta visita al Averno y se acuerda de sus amigos, los noruegos e ingleses que en 1912 se batieron a muerte por llegar al Polo. Ocurrió que meses antes de empezar la definitiva marcha hacia el Sur, marineros ingleses se encontraron con el barco de los noruegos. Unos y otros se quedaron de piedra. En la cubierta del Fram, un tripulante se asustó al ver a esos extraños en el confín del mundo y cuentan que corrió a coger una escopeta. Nórdico como era, cogió también una gramática inglesa; al ver que venían desarmados, dejó el rifle y les esperó con el libraco.

¿Qué harían ustedes, pues? ¿Darle oportunidades a ese pobre Sergi Roberto, a Deulofeu, a Montoya y Bartra? No lo sueñen. Tito y Roura ya saben qué clase de prensa afín tienen en Barcelona y que nadie les perdonará otra derrota. Saben que el sol saldrá en nuestro mundo si La Banda palma en Manchester, y que todo lo que puedan hacer ayuda en ese objetivo -jugar a tope, ganar, aflorar debilidades y dudas en el rival-.

Ante todo, saben que el rival siguen siendo los mismos Quincazos que han hecho de la antideportividad un arte en los últimos años, gente que tiene la cobertura mediática más extrema que pueda imaginarse, hasta el punto que uno repasa fragmentos de las retransmisiones del 1-3 del martes y los posteriores análisis y piensa que aquello fue un 0-8, una masacre. La Banda ha ganado una Liga, una Copa y una Supercopa en los últimos años con el equipo más caro y feísta que ha podido concebir el rey del feísmo. El Barça logró 14, incluyendo tres Champions, con un fútbol caudaloso, con gente de la cantera, sin salir cada semana en las páginas de Sucesos, pero se le trata como a un hatajo de impostores.

En ese vestuario campeón no hay dudas, no teman. Llevan tres días acariciando sus rifles.

miércoles, 27 de febrero de 2013

La carrera del siglo (IV): El Baile del Diablo




"Así, durante un rato, experimentaron la desagradable sensación de escuchar cómo el suelo sonaba a hueco y crujía bajo sus pies, por lo que denominaron al lugar 'El Salón de Baile del Diablo'". 


Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida. Javier Cacho Gómez


Así es el Polo Sur. A 40 bajo cero y en un lugar inexplorado, algo cruje bajo tus pies y sabes que todo puede venirse abajo y acabar para siempre. A 40 bajo cero te acuerdas de que tu entrenador está luchando por su vida en Nueva York, de que el único central digno de tal nombre no está en forma porque ha estado ocupado con su cáncer.  A 40 bajo cero miras a ese tío que lleva el cuatro a la espalda y que te traicionó hace una década y a quien ahora debes confiárselo todo. A 40 bajo cero respetas la simple y perfecta máquina de dar muerte de un rival que empuja hacia el mismo objetivo que tú ambicionas.

Pero a 40 bajo cero uno también tiene tiempo de pensar en que el partido grande, el que decidirá de verdad esta carrera, se producirá en Champions. Que para que ese partido pueda llegar, hay que eliminar a un Milan fascinado por el mourinhismo pero sin las piezas exactas para ejecutar ese horror. Que hay detalles por pulir: aunque este Barça siempre fue un monumento inmortal, nunca ha sido un engranaje perfecto. 

Con el viento helado en la cara y ni la más remota idea de dónde está uno, es bueno saber que en tu equipo hay tíos con el carácter de Busquets o Alves. Que con sus defectos, Alba recorre la banda, que Iniesta y Pedro no paran de probarlo. Que difícilmente Xavi y Messi volverán a estar tan desaparecidos en una cita importante. Pero ante todo, con la cara llagada de frío llega una buena nueva: que al fin tienen la excusa que les ha faltado hasta hoy para jugar con los ojos inyectados en sangre. 

No sonrían. Hay 40 bajo cero y todo cruje bajo nuestros pies. Por el amor de Dios, tápense.

lunes, 25 de febrero de 2013

La carrera del siglo (III): Fantasmas







"El explorador metódico, reflexivo y prudente, de repente, dejó que la oscuridad de la noche antártica entrase en su alma, reviviendo sus miedos, exacerbando sus vacilaciones, haciéndole olvidar su pormenorizada planificación y empujándole a tomar decisiones que parecían ajenas a su personalidad".

Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida. Javier Cacho Gómez

Toda gran empresa vive un momento crítico. Un momento en que uno examina las fuerzas que le quedan para salir adelante y teme que no bastará, que el fin está cerca. Ahí está este Barça. De nada le sirve haberlo ganado todo, ni haberlo hecho tantas veces, ni jugando como lo hizo ni con toda la Masia sobre el césped. O levanta dos eliminatorias, o a pesar de llevarse la Liga este será recordado como un año discreto. 

En la memoria no quedará ese 95% de partidos en que el equipo da espectáculo y arrasa a todos. En la memoria cainita de los culés quedará que no pudieron con el equipo más caro del planeta (un equipo mezquino y sucio hasta la náusea) ni con el descomunal autobús italiano de un equipo con siete Copas de Europa. Nadie recordará que el entrenador estaba en otro continente recuperándose de una grave enfermedad, ni de que éste es un juego de azar en que la gente suda. 

Por eso los 90 (o más) minutos de mañana son trascendentales. La Banda se juega más porque tiró la Liga hace meses, pero trae la ventaja del empate de la ida. Sólo se motivan cuando ven enfrente un tío de menos de metro setenta con una camiseta azulgrana, por eso una victoria local se antoja difícil. Y el camino para lograrla es desconocido, aunque sí estamos seguros de cuál es el camino que lleva al desastre: el del juego sin identidad, el exceso de prudencia, la renuncia a la pelota, la hiperexcitación. Los compañeros de Amundsen, hace un siglo, vieron peligrar todo cuando se acercaba el momento crítico de atacar el Polo Sur, cuando se dieron cuenta de que a Amundsen "el fantasma de los ingleses le atormentaba sin descanso”

Mañana es el día en que, más que nunca, Messi se tiene que juntar con Xavi e Iniesta bajo la tutela de Busquets, con dos energúmenos tirando desmarques por delante mientras Alves sube una banda y Piqué aparece en la frontal del rival justo cuando Alba pisa la línea de fondo y Abidal calienta en la banda para que el estadio entero se estremezca. Mañana no es un partido para ver fantasmas. Porque hasta en la derrota nos gusta reconocer a los nuestros. Y sobre todo, porque el miedo es el camino más corto al desastre. Que lo sientan ellos. 

jueves, 31 de enero de 2013

La carrera del siglo (II): Volver al miedo





"Finalmente se encontraron los restos y se pudo reconstruir lo acaecido: sufrimiento, enfermedades, hambre... canibalismo. El horror que despertaron estos hechos en la sociedad victoriana hizo que durante décadas los británicos volviesen la espalda a las regiones polares".
Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida. Javier Cacho Gómez

El Discovery inglés y el Fram noruego llegaron a la costa antártica con pocas semanas de diferencia. En la nutrida expedición británica apenas había gente que supiera lo que le esperaba, mientras que los ocho noruegos habían tenido experiencias muy similares en lugares extremos. La expedición de Amundsen, además, desembarcó 96 kilómetros más cerca del polo. Pero esos detalles eran nimiedades. A unos y a otros les esperaba en la Antártida un frío extremo, oscuridad y la angustia de la competición. 

Muchos futboleros habían olvidado hasta anoche esa genuina sensación del miedo a perder. El Madrid, a quien le ha metido mano media Primera División, llevaba muchos meses sin sentirse inferior en un partido grande. Si repasan los escasos partidos verdaderos que ha jugado este año, verán que sus únicas derrotas no tuvieron consecuencias (ida de la Supercopa y Balaídos). Ayer, durante largos periodos, se sintió a merced de un rival paciente y venenoso. 

El Barça, a su vez, vio cómo le despertaban bruscamente de su paseo triunfal. Busquets y Xavi se hincharon a perder pelotas para regocijo de los esprínters del rival y la medular aparecía durante largos minutos como un objetivo inalcanzable. Arriba, Messi chocaba una y otra vez contra el muro y el barcelonismo revivía el inigualable horror a perder contra los Quincazos. En ambos bandos se supieron derrotados, en ambos bandos cataron el amargo sabor del fracaso ante el gran rival. 

Idéntica sensación se apoderaba de las expediciones británica y noruega a finales de 1911. Mientras hacían sus preparativos, pudieron leer los horrores que habían sufrido los aventureros que les precedieron. Pudieron repasar la barbarie en que derivó la expedición de Franklin o el pánico de que fue presa Shackleton durante su desesperada marcha: "Nuestra comida nos esperaba por delante, mientras sentíamos el aliento de la muerte en nuestras espaldas”.

No es la muerte lo que acecha a la espalda de los barcelonistas, sino algo peor: es Cristiano, que se desmarca al agujero. Mientras, el madridismo intuye que Pedro cabalga desbocado hacia su portería, y que difícilmente volverá a fallar.  

El Clásico ya lo saben, es ante todo un interminable ejercicio de control del miedo. Que lo disfruten ustedes. 

lunes, 28 de enero de 2013

La carrera del siglo (I): Antagonistas.



"Capitán Robert F. Scott: me permito informarle que el Fram se dirige a la Antártida. Amundsen". 
Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida. Javier Cacho Gómez


La historia del Barça-Madrid de los últimos años ha adquirido un cariz mitológico, con horrores que vuelven una y otra vez, con héroes que se odian, gloriosas victorias y derrotas penosas. En el bucle bélico de los últimos tiempos, el orgullo acumulado en uno y otro lado no ha hecho sino crecer y al final uno comprenda que, con tal de vencer, estos equipos serían capaces de todo.

La obcecación es tal que me ha venido a la cabeza la historia de la conquista del Polo Sur como metáfora de esta era futbolera. Ha pasado ya más de un siglo desde que Amundsen y Scott decidieron arriesgar sus vidas y la de sus hombres con tal de alcanzar ese rincón legendario sobre el hielo.

Ocurrió en 1911 y Amundsen lideraba a los noruegos, mientras que Scott capitaneaba a los británicos. Amundsen era un romántico obsesionado con las regiones árticas. En el pasado se había embarcado en barcos pesqueros sólo para saber cómo navegar en mares helados e incluso dormía con las ventanas abiertas en la fría Noruega para habituar su cuerpo al castigo que le esperaba. Scott era un ambicioso oficial de la Royal Navy que atendió la llamada de la Antártida al comprender que ese podía ser un ascensor social magnífico.

El primero había aprendido a la sombra de la leyenda de Nansen, el mejor explorador polar de la época, mientras que al segundo le cambió la vida un fortuito encuentro con el que sería su mecenas, el poderoso Clements Markham, que le eligió para dirigir una primera exploración por razones que nunca quedaron claras. Mientras Amundsen imitaba al explorador americano Cook y a las tribus esquimales, el segundo organizaba una expedición de tintes militares con caballos y vehículos motorizados.

La historia de Scott estuvo marcada siempre por los enfrentamientos con sus oficiales y su obsesión por evitar que nadie le hiciera sombra. Shackleton, primero, y Wilson, después, probaron en sus carnes cómo las gastaba Scott. Acostumbrado a los choques de ego y al rigor militar, es posible que presintiera que llegar al Polo Sur acabaría siendo una carrera contra alguien. La tarde del 12 de octubre de 1910, cuando ya tenía todo preparado para lanzar su triunfal asalto al Sur, recibió un telegrama.

La carrera había empezado.