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domingo, 6 de noviembre de 2011

La conspiración

Es la jornada 12 y el Barça acumula cuatro empates. Victorias de prestigio, contra rivales decentes, ninguna. Y por más que uno agudice su sentido arácnido culé (a saber, el derrotismo, la exageración y la paranoia), no encuentra rastro de aburguesamiento en este equipo.
Los puntos cedidos tienen otra explicación. Anoeta: Fontàs, catastrófico. Valencia: Mascherano y Abidal, chés de honor. Sevilla, La Bestia Parda, que falló un penalti. Anoche, otra vez Mascherano y Abidal. Excepto el accidente de Messi, en todos los casos se trata de la ineptitud puntual de nuestra defensa, principal responsable de que el que tal vez es el mejor equipo de la historia, con el mejor jugador de siempre, motivado y hambriento, esté tres puntos por detrás de La Banda de los Altintops. La zaga, por cierto, ya se cubrió de gloria en agosto en la Supercopa que ganamos a La Banda y en el empate europeo contra el Milan.
Puede argumentarse que anoche faltó suerte, que Iniesta falló dos, Adriano, otra, y Villa, cómo no, pero la realidad es que al Barça, este año, se le sopla y es gol. Por esa razón el equipo de Guardiola no le ha ganado aún a nadie. Por esa razón parece un abusón de patio de colegio, La Banda de otras temporadas, que golea a los débiles y fracasa con los no tan débiles.
En la sombría mañana de lunes lluvioso que se avecina pueden repasar el partidazo del Barça de centro del campo hacia adelante y verán cómo la depresión se transforma en furia vengadora: habrán comprendido que son víctimas de una conspiración.

jueves, 5 de marzo de 2009

Una final de mil demonios

Adrenalina en estado puro. Historia viva del fútbol español. Los eternos candidatos a la competición del vértigo y el infarto. La final que algunos llevamos años soñando sólo por el gusto de ver las banderas rojiblancas en un estadio a reventar y el orgullo de esa afición.
Barça-Athletic en el partido decisivo y resulta imposible abstraerse de la idea de que llegan mejor: ante la oportunidad de hacer historia -hacía 24 años que no optaban a ningún título-, sin las hipotecas de rotaciones obligadas que Guardiola hace en esta competición y con el equipo y la afición haciendo una piña impresionante para llevarse la Copa. Jugaron ayer con una fe encomiable y conmovedora: el meneo al Sevilla fue para el recuerdo, hubo fases de la primera parte en que parecía que jugaran 18 o 19 rojiblancos, momentos en que la defensa del Sevilla suscitaba auténtica compasión. Y además, lo celebraron como Dios manda: tras varios días de caldear el ambiente, hubo invasión en San Mamés y la ciudad se echó a la calle. En Barcelona, los bares ni siquiera estaban llenos.
Suerte que el partido del Barça dejó ese instante memorable que nos recordó que el fútbol se aprende en la calle y premia a los listos, a los pícaros. Suerte que el Barça tiene a este segundo portero nacido en el Puerto de Santa María (Cádiz) y con aspecto de actor porno que nos regaló la parada más importante desde la final de París. Y con ese Messi maravilloso, a quien le cuesta más dibujar un corazón con las dos manos que una vaselina perfecta con esa zurda vengadora.
Tres años después, el Barça se jugará un título en un partido. Una gran noticia, sólo empañada por el hecho de que el otro finalista llevaba 24 años esperando este día. Y un cuarto de siglo desde que levantaron su último título después de desquiciar a Maradona en la famosa batalla del Bernabéu (http://www.youtube.com/watch?v=x4lEQLO9GG0). Que Guardiola vea este partido antes de decidir su once en la final. Que sienta la fuerza que tiene ese club vasco en una final (1'34'', 5'24'', 7'50''). Que vea, ojo, a Schuster encararse con un rival y hacerle cuernos (4'00'') por pura impotencia. Que vea cómo acabarían las finales si los futbolistas no fingieran ser buenos ganadores y buenos perdedores (8' 30''), en el que debió ser el único partido en que no hizo falta despertar al Rey.