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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Un vicio moderno

La pedofilia balompédica se ha asentado en los últimos tiempos como una costumbre bien vista entre los aficionados al fútbol. Inventos como el Trofeo de Brunete abrieron una tendencia a ver fútbol de niños que las categorías inferiores de la selecciones consolidaron. La curiosidad de ver jugar a los pequeños se asienta sobre dos rasgos típicos del futbolero: su natural sabihondo -"hay un lateral en el Cadete B mejor que Abidal"- y su condición de eterno Buscador de Redención: "Éste limpiará el pecado del mundo". Los que vivieron de cerca las eclosiones de Iniesta o La Bestia Parda seguramente recuerdan el prolongado éxtasis de ver las profecías cumplidas.
Las televisiones de los clubes han multiplicado este fenómeno. Conscientes de las perversiones arriba relatadas, no hay pudor alguno en entrevistar a niños de 10 años o presentar como quinceañeros a mozos que bien podrían ser padres. Martí Perarnau, futbólogo de referencia, ha escrito un libro sobre futuros cracks que trata de predecir quién superará la durísima criba de la cantera. Y entre lo uno y lo otro, de un tiempo a esta parte hemos dejado de considerar como enfermos a los que sabían que la estrella del Madrid del futuro -si es que llega a debutar- es un demócrata llamado Jesé; que Grimaldo, a sus 15 años, asombra a sus compañeros, etc.
Seguramente este asunto prueba, alabado sea Dios, la demencia que envuelve al fútbol. Tal vez sea bueno recordar que los futbolistas tienen que quemar etapas, que en la elite no existe el filtro de la edad y compiten niños contra legionarios al borde de la jubilación, cosa que destapa muchos bluffs, o que al final, hasta que un futbolista de elite no aprende a gestionar las prebendas de la vida nocturna, la fama, la presión y el dinero es imposible calibrarlo.
Coda: Si ustedes se sienten tentados por la adivinación y quieren predecir qué niño imberbe del Alevín B llegará al primer equipo, vayan primero a la playa a tratar de predecir qué olas subirán más playa arriba. Constaten su fracaso, y avergüéncense de su pedofilia.

jueves, 13 de enero de 2011

Afellay, el mito

"Nadie se acordaba de lo que pasó en Chile en 1962. Seis años después de que Marshall McLuhan publicase 'Comprender los medios de comunicación', tres cuartas partes de la población de Inglaterra tenía una idea tan clara de Pelé como la que habían tenido de Napoleón 150 años antes"
Nick Hornby, Fiebre en las gradas.

Daños colaterales de la Edad de Oro Azulgrana: llega un fichaje exótico y se le da el mismo trato que en su día se dispensó a Christanval. La más absoluta indiferencia es lo único que ha recibido el pobre Ibi Afellay desde que llegó al Camp Nou hace tres semanas. ¿Y quién iba a fijarse en Lina Morgan cuando tiene a Giselle en su cama? Gente seria, los barcelonistas.

La silenciosa llegada de este delantero holandés -estrella del PSV como en su día lo fueron Koeman, Van Nistelrooy o Cocu- es un buen síntoma y tiene además la virtud de resucitar los tiempos románticos en que los fichajes extranjeros eran esperados con ilusión y el más absoluto desconocimiento. Vean qué decía Gregorio Morán cuando el Oviedo fichó a Amarilla y Romero: “¡Dos paraguayos! Los únicos paraguayos conocidos en el mundo asturiano eran unos frutos muy jugosos, de la familia de los melocotones, que costaba pelar y que luego se comían a bocados, dejando siempre un reguero de jugo que cruzaba la barbilla, lo que daba impresión de golosería y mala crianza. ¡Al fin aparecían en Asturias, capital Oviedo, dos paraguayos no comestibles! ¿Y cómo serían los paraguayos-personas? Había expectación por ver a los primeros paraguayos con pies de nuestra vida; unos pies de oro, a juzgar por las esperanzas que despertaban”.

Y piensen también en los entrañables y sombríos tiempos de los VHS de Núñez, en las falacias de los vendedores de burras tipo Minguella... De verdad, es bonito renegar de los nerds futbólogos e ignorarlo todo sobre Afellay. Todo excepto lo que ha mostrado en tres ratitos: timidez, torpeza e imprecisión. No desesperen: disfruten de Afellay, el mito, antes que llegue Afellay, el jugador.

domingo, 22 de febrero de 2009

Pánico y desinformación

Una pesadilla me ha atrapado esta noche, tras el trance perico, y he amanecido sudando y pensando en el próximo rival del Barça. Durante todo el día he consultado en la prensa deportiva si estaba justificado mi miedo. Con un breve repaso he inventariado las virtudes que se le suponen al Olympique Lyonnaise, multicampeón francés, y he constatado que los expertos señalan como su mayor peligro a su codiciada estrella: Benzema.
Ocurre con el nueve de Francia que a personas que tengo en alta consideración les parece un fenómeno, un nuevo Henry, un crack. Otros, por contra, le consideran un Huntelaar, y me recuerdan sus números de este año: 13 tristes goles en Liga. He pensado en Julio Maldonado, Maldini, en Marquinos López, de Futbolitis. Paraprofesionales con método, bases de datos ambulantes. Sin duda, el primero sabe cuántos goles metió de cabeza en su primer año como alevín. El segundo tendrá informatizados todos sus movimientos para ganar la espalda a los centrales. El negocio de ambos se basa en eso, en descubrir secretos y encontrar atajos hacia la verdad. En explicar a los hinchas si vale la pena ilusionarse con un fichaje o si hay que temer al extremo zurdo de un rival europeo al que nunca se ha visto jugar.
Ni siquiera ellos merecen crédito cuando nos hablen de Benzema o de cualquier otro, por más que estén cargados de razones, datos y horas de visionado. Porque los futbolistas no son más que partes de un equipo que no funcionan solos. Porque hasta los mejores tienen noches aciagas, y porque parte del encanto de la Copa de Europa de siempre es encontrarse a rivales que son temibles por desconocidos. Y porque esto seguirá siendo fútbol, el absurdo y grandioso deporte en que al Barça sólo le han ganado dos colistas como el Numancia y el Espanyol.
¿Demos temer, pues, a Benzema? Mucho: observen su mirada. Es la de un hombre que desayuna niños.