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domingo, 24 de abril de 2011

Los maestros del fútbol (III). It must be dark.


“The whites of Ali’s eyes showed the glaze of a combat soldier who has just seen a dismembered arm go flying across the sky after an explosion. What kind of monster was he encountering?”
Ocurrió que, tras un inicio dubitativo, al final Foreman pegó. Pegó con su brutalidad habitual, causó estragos en el físico y en la confianza de su oponente y en la de de su gente. “Foreman in the ring, working as an executioner, was simply not likeable”, escribió Mailer.
Ahora que en las tertulias y los bares de Barcelona la gente parece haberle visto la dimensión real de la maquinaria de destrucción pergeñada por Flo, Mou y sus 500 millones frente a la fragilidad de los microbios azulgrana, tal vez sea un buen momento para recordar que aquellos dos boxeadores representaban dos formas de entender el boxeo, la vida, el mundo. Ali era un artista y un idealista. Foreman, un campeón con instintos homicidas. La técnica contra la pegada. Ali era de una especie en extinción de boxeadores que consideraban su actuación pura filosofía. Foreman, una montaña de músculos convenientemente hinchada de ira y rencor.
Como el barcelonismo en pleno, Muhammad Ali no habría entendido una derrota. Creía en una justicia poética, en la necesidad de ganar. Al mismo tiempo, temía la derrota, la veía. En su momento de mayor pánico ante su rival, murmuró lo siguiente: “It must be dark when you get knocked out”. Y acto seguido, en un acto de fe, heroísmo o insensatez, se puso a hacer lo que era el cometido de su vida: boxear para imponer su verdad, su universo, su arte.
Ése es el raro acto de voluntad que debe hacer el Barça este miércoles. Salir a atacar, convencido de su estilo, de los honores que ha acumulado en el pasado; sabedor de que el mundo, sin su fútbol, sería un lugar peor.

jueves, 5 de noviembre de 2009

¡Pánico en la grada!

Culé Cabreado (CC): ¡Sólo hemos metido tres goles en cuatro partidos!
Culé Pentacampeón (CP): Sí, ha habido mucha mala suerte que cambiará en las dos últimas jornadas.
CC: Como no cambie, estamos fuera. Y merecidamente: sólo hemos ganado un partido de cuatro.
CP: ¿Cuántos merecimos ganar: todos, o todos menos uno? Dependemos de nosotros mismos. Un empate y una victoria bastan. 
CC: Sí, pero nos lo jugamos en otro congelador y contra Eto'o y Mourinho en el Camp Nou.
CP: Peor para ellos, Messi e Ibra juegan en el Barça.
CC: Huele a catástrofe, tanta mala suerte es un anticipo de tragedia.
CP: El Liverpool necesita un milagro para seguir en Champions y aún creen. ¿Acaso son mejores que nosotros?
CC: ¡Pánico en la grada!
CP: ¡Viva la Champions y el fútbol en el abismo! ¡Muera el Gamper y las pachangas cutres!

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Puro fútbol

¡Esto era el fútbol! No las palizas sumarias a equipos raquíticos y temerosos como el Atleti o el Racing. No las victorias rutinarias con la calculadora de Pep administrando los cambios y los tiempos de cada gol. Qué gran Dinamo. Shevchenko parecía joven, sus compañeros salían a la contra rabiosamente y con un cuchillo entre los dientes. Un homenaje a Blokhin, Yashin y a todo el exotismo del fútbol que vino del frío.
En toda la pasada Champions, sólo el Shaktar con ese coloso llamado Brandao le exigió tanto al Barça en el cuerpo a cuerpo. Y por supuesto, el Chelsea de la noche del alarido. Qué buena la Copa de Europa, en que Puyol se quita de encima cinco años, Keita parece rápido e Iniesta vuelve al eslalom. Qué animalada ver a Ibrahimovic sentar rivales por el camino, verle por fin veloz, con el físico afilado. El Dinamo estuvo tan bien que frustró a Messi, mantuvo la intranquilidad en el Estadi hasta con el 2-0.
Basta de farsa en la Liga, basta de reverencias al Barça. Por bueno que sea, el fútbol se inventó como simulacro bélico en que dos equipos se atacan, no como un mal plagio de sitio de Numancia en que unos cargan y cargan y los otros sólo esconden a las mujeres y los niños. El Dinamo dio anoche una lección: sin miedo en ambas áreas, el fútbol no es puro.

martes, 26 de mayo de 2009

Troya: 2009

Capítulo 3: La madre de todas batallas

Se acaba la agonía, la noche ha llegado. Barça contra United. El partido del año, del siglo. El juicio final. Todo o nada. La locura colectiva o la más negra depresión. Por sexta vez en la historia, el barcelonismo se prepara para la guerra del fin del mundo. Y llega en el mejor año de su historia, contra el rival más grande posible.

El Manchester United es ese producto artesanal de la megalomanía de Ferguson. Esa bomba de adrenalina y furia llamada Rooney, el equipo más cabal del explosivo fútbol británico, la defensa más claustrofóbica de las islas. Es un equipo donde hasta un coreano parece decisivo. Sobre todo, es el equipo de ese bípedo único llamado Cristiano Ronaldo, ese velocista capaz de oler la escuadra desde 45 metros, a balón parado, en carrera, de cabeza, driblando o pasando. Es el delantero más completo del mundo, el Balón de Oro. La punta de lanza de un equipo endemoniado que no sabe lo que es perder una final europea.
Enfrente, nosotros. Los de Berna, Sevilla y Atenas. Los de Wembley y París. Los del balón, los rondos, los tres delanteros. Los que sólo en este escenario pueden vengarse de lo que la historia les robó. Los de Guardiola, Xavi y Messi, que clama por su trono. Los que rozan el infarto en la victoria y se hunden miserablemente en la derrota.
Es la madre de todas las batallas, y nos presentamos con una sola certeza: "Nada, excepto una batalla perdida, puede ser tan melancólico como una batalla ganada".

miércoles, 8 de abril de 2009

Temible Bayern

En mis noches etílicas, el Bayern sigue siendo el equipo invencible de Beckenbauer. En mis noches de cerveza, Müller aún martillea a sus rivales en nombre de Bavaria. Poseído por la ginebra, Rummenigge sigue siendo el artista que se cambiaba el balón de pie a un velocidad asombrososa (http://www.youtube.com/watch?v=8ReAm9UTpGc&feature=related) en un equipo inmortal.
Sí, vuelve la Champions con el miedo a un equipo herido, humillado en su Liga. Vuelve el pavor, a pesar de que anoche, Tolstoi, que de haber nacido en nuestra época sería fan de Alves, Xavi y Messi, me susurró al oído lo siguiente: "Desde que el mundo es mundo, todo el mundo ha derrotado a los alemanes y ellos no han derrotado a nadie salvo a sí mismos".
Pero a pesar de eso, aquel ídolo de infancia que se llamaba Lineker dijo una vez lo siguiente: "El fútbol es un deporte en que juegan 11 contra 11 y siempre ganan los alemanes".
Dios se apiade de la inocencia mediterránea.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Miedo

No es por masoquismo. O eso queremos creer. Pero lo cierto es que anoche, por primera vez en muchas semanas, el barcelonismo disfrutó de un partido de fútbol en que no faltó el principal ingrediente: el miedo. Miedo a un rival que por agresividad, ocasiones y fútbol, mereció más. Miedo a un Barça barbilampiño e inocente, que de tanto arrasar, casi se había olvidado de competir. Y miedo a una competición grande, en que el menor tropiezo se paga con la eliminación.
Guardiola confesó tras el partido que estaba encantado. Sutilmente, sin estridencias, culpó a algún jugador, y dijo que cuando alguien no cumple, el colectivo lo paga. Hoy habrá sido un día duro para los futbolistas señalados. La cólera de Pep es cosa terrible, según cuentan. Márquez podría ser el señalado por transmitir sus nervios y falta de concentración a Piqué y Valdés. O Busquets, por no ofrecerse y no auxiliar a Xavi a la hora de crear. O Henry y Messi, secos en ataque y apoltronados en defensa.
Hay que agradecer a este Olympique de Lyon que devolviera al Barça a la Tierra, que a base de planchas y garra le pusiera ante el espejo, que le hiciera dudar. Que nos hiciera sentir el miedo a los abismos europeos que tanto han martirizado a este club.

domingo, 22 de febrero de 2009

Pánico y desinformación

Una pesadilla me ha atrapado esta noche, tras el trance perico, y he amanecido sudando y pensando en el próximo rival del Barça. Durante todo el día he consultado en la prensa deportiva si estaba justificado mi miedo. Con un breve repaso he inventariado las virtudes que se le suponen al Olympique Lyonnaise, multicampeón francés, y he constatado que los expertos señalan como su mayor peligro a su codiciada estrella: Benzema.
Ocurre con el nueve de Francia que a personas que tengo en alta consideración les parece un fenómeno, un nuevo Henry, un crack. Otros, por contra, le consideran un Huntelaar, y me recuerdan sus números de este año: 13 tristes goles en Liga. He pensado en Julio Maldonado, Maldini, en Marquinos López, de Futbolitis. Paraprofesionales con método, bases de datos ambulantes. Sin duda, el primero sabe cuántos goles metió de cabeza en su primer año como alevín. El segundo tendrá informatizados todos sus movimientos para ganar la espalda a los centrales. El negocio de ambos se basa en eso, en descubrir secretos y encontrar atajos hacia la verdad. En explicar a los hinchas si vale la pena ilusionarse con un fichaje o si hay que temer al extremo zurdo de un rival europeo al que nunca se ha visto jugar.
Ni siquiera ellos merecen crédito cuando nos hablen de Benzema o de cualquier otro, por más que estén cargados de razones, datos y horas de visionado. Porque los futbolistas no son más que partes de un equipo que no funcionan solos. Porque hasta los mejores tienen noches aciagas, y porque parte del encanto de la Copa de Europa de siempre es encontrarse a rivales que son temibles por desconocidos. Y porque esto seguirá siendo fútbol, el absurdo y grandioso deporte en que al Barça sólo le han ganado dos colistas como el Numancia y el Espanyol.
¿Demos temer, pues, a Benzema? Mucho: observen su mirada. Es la de un hombre que desayuna niños.