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domingo, 24 de abril de 2011

Los maestros del fútbol (III). It must be dark.


“The whites of Ali’s eyes showed the glaze of a combat soldier who has just seen a dismembered arm go flying across the sky after an explosion. What kind of monster was he encountering?”
Ocurrió que, tras un inicio dubitativo, al final Foreman pegó. Pegó con su brutalidad habitual, causó estragos en el físico y en la confianza de su oponente y en la de de su gente. “Foreman in the ring, working as an executioner, was simply not likeable”, escribió Mailer.
Ahora que en las tertulias y los bares de Barcelona la gente parece haberle visto la dimensión real de la maquinaria de destrucción pergeñada por Flo, Mou y sus 500 millones frente a la fragilidad de los microbios azulgrana, tal vez sea un buen momento para recordar que aquellos dos boxeadores representaban dos formas de entender el boxeo, la vida, el mundo. Ali era un artista y un idealista. Foreman, un campeón con instintos homicidas. La técnica contra la pegada. Ali era de una especie en extinción de boxeadores que consideraban su actuación pura filosofía. Foreman, una montaña de músculos convenientemente hinchada de ira y rencor.
Como el barcelonismo en pleno, Muhammad Ali no habría entendido una derrota. Creía en una justicia poética, en la necesidad de ganar. Al mismo tiempo, temía la derrota, la veía. En su momento de mayor pánico ante su rival, murmuró lo siguiente: “It must be dark when you get knocked out”. Y acto seguido, en un acto de fe, heroísmo o insensatez, se puso a hacer lo que era el cometido de su vida: boxear para imponer su verdad, su universo, su arte.
Ése es el raro acto de voluntad que debe hacer el Barça este miércoles. Salir a atacar, convencido de su estilo, de los honores que ha acumulado en el pasado; sabedor de que el mundo, sin su fútbol, sería un lugar peor.

viernes, 2 de julio de 2010

La gran mentira

Juegan hoy Brasil contra Holanda y parece un gran momento para advertir contra la vieja mentira del excelso fútbol de estas selecciones. Pocos equipos mantienen el estilo a lo largo de los lustros, ya que eso depende de las dúctiles convicciones del entrenador de turno, de la paciencia de quien le da el cargo y de los futbolistas que tiene. El Brasil que en 1970 bordó el fútbol y la Holanda que cuatro años después lo revolucionó ya no existen. Han muerto de la mano del miedo y de gente como Dunga, que jamás olvidará esto, o el nefasto Van Basten entrenador.
Seguramente, lo fácil teniendo dinamita arriba es apostar por los trivotes y blindar la zaga. Cierto y respetable, como también lo es afirmar que para permanecer en la memoria balompédica del buen fútbol hay que renunciar a Melo o Van Bommel. Sólo dos peticiones antes del partidazo de hoy: la primera, que no mientan más, que Camacho entiende el espíritu de Brasil más que Sócrates. Y la segunda, que puestos a renunciar al espectáculo, se quiten las máscaras y cuajen un partido inolvidable como fue éste. Algunas recomendaciones: 2'50", 4'15", 4'25", 8'24" u 8'50". Bruce Lee versus Chuck Norris: que lo disfruten ustedes. [Gràcies, Torpedo!]