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jueves, 25 de marzo de 2010

Carros de fuego

"Lo dejé todo pero no alcanzó". Así de lacónico estaba el pasado 16 de agosto Tyson Gay después de volar y completar los 100 metros en 9 segundos 71 centésimas. Había superado al antiguo plusmarquista Asafa Powell pero a pesar de su proeza de lo instantáneo, no ganó. Delante suyo, Usain Bolt se burlaba del reloj y se convertía en leyenda viva.
El deporte, a pesar del barón de Coubertin, es un mundo cruel en que la memoria sólo respeta a los primeros. De ahí la importancia del triunfo de Coe ante Cram, de Ali contra Frazier, de Beckenbauer sobre Cruyff o de Merckx sobre Poulidor. Todo eso viene a cuenta porque tiene toda la razón Guardiola: "71 puntos son una puta barbaridad". El Barça supera todas las marcas conocidas y a su lado aparece La Banda, un engendro vertiginoso con puños de acero.
Esta Liga va camino de convertise en algo épico, algo que será recordado dentro de mil años. Los récords batidos, la distancia vergonzosa a la que queda el Valencia, una solidez tremenda -y los marcapasos, aún, a punto de explotar-. Puede que sí, que todo pase por el Bernabéu. Puede que el fútbol, deporte cruel por antonomasia, se supere a sí mismo.
De alguna forma, esta Liga de la temporada 2009-2010 son todas las ligas. Conquistarla dará más gloria que nunca. Perderla... Es perfectamente posible que el vestuario que quede a las puertas del cielo responda a lo Applewhite & Nettles.

viernes, 1 de mayo de 2009

La misión

Desde la Biblia hemos crecido con la nociva idea de que existen un bien y un mal absoluto. Las sucesivas civilizaciones que hemos conocido se han asentado en base al odio al enemigo (los celtas, los romanos, los godos, los moros, los borbones, qué más da) y esta concepción maniqueísta del mundo, que tan poco ayuda a la convivencia, sirve a la perfección para explicar la pasión del Clásico.
Será hora y media y será en el Bernabéu, esa plaza donde el color azulgrana es el Anticristo del mismo modo que en Barcelona el color blanco evoca lo peor de la condición humana. Si los chavales de Pep logran ganar, el sábado por la noche será de fiesta, pólvora y excesos junto al Mediterráneo. El empate también sería una proeza que equivaldría al título. La derrota dejaría al líder aún por encima pero con la moral tocada ante la persistencia de un rival obstinado y ganador.
Para vivir esa hora y media que algunos les recuerda lo bonito que es vivir, esta Caverna ha trasladado su base de operaciones a Amsterdam, ciudad amiga, rincón donde nacieron Michels y Cruyff, los hombres que llevaron a Barcelona la exótica idea de que al enemigo hay que atacarle con extremos, con el balón y llevando a la grada un sentimiento: "Estos son los mejores". Proclamar eso en el Bernabéu, combatir el mal absoluto, ésa es la mision del barcelonismo.

martes, 21 de abril de 2009

Un rival colosal

En la Caverna se han oído esta noche muchos insultos despiadados a ese veterano artista llamado Casquero, que quiso emular a Panenka y fracasó. Dos minutos después, el Madrí culminó una de esas proezas que sólo ellos -junto a Juve, Bayern o Liverpool- pueden llevar a cabo.
Desde aquí mis disculpas al 22 del Getafe: seguro que en ese vestuario azulón han corrido muchas lágrimas esta noche, y no tiene la culpa de nada. Fue un pobre hombre que se interpuso en un duelo épico entre dos gigantes y fue aplastado. "Cuando dos elefantes se pelean, es la hierba la que sufre", dice el proverbio.
La noche ha constatado una vez más, a la espera de que el Barça reciba al Sevilla, que esta es una Liga fabulosa. Dos fuerzas increíbles se han desatado, y sólo puede ganar una. El Barça envidia el gen ganador del Madrid, el Madrid se asombra con el fútbol-arte azulgrana. Y así, como Merckx y Ocaña, como Steve Cram y Sebastian Coe, como Ali y Frazier, este duelo de colosos acabará en los libros de historia.
En esta noche de euforia castrada y depresión forzosa, el barcelonismo ha recordado que La Banda es el segundo equipo de su vida, el yang, tal vez el único rival digno de este Barça nuestro.

viernes, 13 de marzo de 2009

Altas y bajas pasiones

Pobre Platón, que no conoció el fútbol, y aun así tuvo que hablarle al mundo de las altas y las bajas pasiones. El debate en el barcelonismo es encendido: ¿qué es más bonito, el 4-0 a los Boludo's o la masacre al heptacampeón de Francia?
Decía el filósofo que en el bajo vientre radica todo aquello de concupiscible y miserable que hay en el hombre: el placer por la cintura de Cannavaro rota, Torres volando, la risa ante la indignación de Roncero, las lágrimas de Casillas, la impotencia de esa gente extraña llamada Gago, Higuaín, Lass, Sneijder etc. Las altas pasiones, ésas ya son otra cosa: diagonales, juego al primer toque, asistencias, vértigo, Iniesta y su cambio de ritmo, velocidad, goles, Henry surfeando, ambición, el pase a cuartos y el sueño de ganar tres títulos.
El fútbol, como material expresamente sensorial, da lugar a un amplio abanico de sensaciones. Cruyff, por ejemplo, admitía que le parece más espectacular un trallazo al larguero que un gol. Clemente habría esputado de color verde ante semejante afirmación. Ronaldinho encontraba más placer en asistir que en marcar, Salinas se habría escandalizado. Y Romário, por algún extraño motivo, prefería chutar con el exterior del pie a hacerlo con el interior. Él sabría por qué; probablemente sería sencillamente que le parecía más bonito, más espectacular.
Cavernícolas, sed sinceros y confesad: ¿qué es mejor: la humillación al Madriz o el festival de luz y de color contra el Olympique?

domingo, 25 de enero de 2009

El rival

Cuentan que a Camilo José Cela le preguntaron en cierta ocasión quién era el segundo mejor escritor español. Fiel a su vanidad, se puso la mano derecha a modo de visera y lanzó una escrutadora mirada al infinito, en busca de alguien que le hiciera sombra.
El paseo triunfal que está protagonizando el Barça en la Liga invita a buscar rivales más allá de las propias fronteras. Los grandes equipos, los que están en disposición de ganar la Champions, requieren de dos ingredientes inexcusables: lo más obvio, calidad. Y más importante, dao, esa rara esencia oriental que describe la unión del grupo y la voluntad de ganar.
Lo primero descarta a equipos como la Juve o el Arsenal. Lo segundo hace tambalear la candidatura de equipos como el Chelsea o el Inter, ambos sacudidos por luchas internas. El Manchester tampoco vive su momento de mayor ambición ganadora: saciados por su reciente triplete, resulta inverosímil que puedan repetir el éxito de 2008.
Descartados estos equipos, y con permiso de los imponderables, parece claro que un año más el gran rival a la Champions es ese invento que mezcla azufre infernal con litros de anestesia y responde al temido nombre de Liverpool. Tiene la suficiente calidad para ganar en los días malos, es insuperable en lo táctico y además tiene lo que las bailaoras llaman poderío, las duquesas, abolengo y los ignorantes, potra.
Es precisamente el escudo lo que nos recuerda que no podemos aún enterrar a ese horror llamado Madrid, lo que obliga al barcelonismo a ser humildes y recordar que Europa suele ser el jardín de otros. Porque sin esta humildad, ocurriría lo que le pasó a Cela el día que buscaba, ante las risas del auditorio, a su principal competidor: un filósofo que ocupaba la primera fila susurró que si no veía a Delibes es porque lo tenía subido a hombros.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Morir en azulgrana

Tenía el aspecto inconfundible de un freak o de un postyonki. Era uno de esos culés al filo de la patología mental que pasaba el día en el Camp Nou, viendo entrenamientos de mayores y niños, paseando arriba y abajo, y ejerciendo de embajador de los jugadores entre los aficionados y de cónsul del culé en el vestuario.
Su indumentaria se componía inevitablemente de chándal o ropa ajada y por eso sorprendió a todo el mundo cuando el pasado sábado apareció en el Miniestadi entrajado para ver jugar al Orihuela y al Madrí, esos equipos menores. Ocurrió que los jugadores del Barça Atlétic le querían hacer un homenaje y le habían regalado un segundo traje, el oficial del equipo.
Con su atípica vestimenta, pero con el moreno y el graciejo de siempre, Cristóbal vio a los chavales, que ganaron por 4-0, antes de desplazarse al Camp Nou a asistir al último Clásico de su vida. Las televisiones le han recordado esta semana en escenas que recuerdan que los futboleros de verdad tienen un inevitable punto de locura. Hablaba con Eto'o de qué había comido, se abrazaba a Jorquera -sí, el que había antes del señor de la coleta- y aprendía a chutar con rosca con un maestro llamado Ronaldinho.
Si le hubieran preguntado cómo quería morir, Cristóbal habría pedido caer fulminado después de que su equipo masacrara el Madrí. Alguien le escuchó y le concedió un infarto al poco de que el húmero de Cannavaro comprobara la dureza de los palos del Camp Nou. En la semana en que se decide el futuro europeo del Barça, viene bien recordar que a este hombre le daba igual el alevín de la Rapitenca que el Milan. Porque él era del Barça, el equipo que juega a 50 metros del cementerio de Les Corts donde fue enterrado.

jueves, 11 de diciembre de 2008

La pesadilla

El barcelonismo comparte una pesadilla: en ella, sobre fondo verde y ante el silencio sepulcral de la multitud, una decena de jugadores vestidos de blanco se abraza.
Eso no cambia ni siquiera en tiempos de euforia, en que el club quiere ganar, el vestuario es una piña y el equipo hace un fútbol excelso. Llega La Banda rota, como el espejo roto de las convulsiones que ha vivido la Casa Blanca en el último lustro, con un fútbol lamentable y una alineación escandalosamente descompensada.
Pero es el Madrid, el equipo más ganador de la historia del fútbol. Y es el Barça, el equipo que ha tenido la épica misión de plantarle cara proponiendo fútbol de museo, funambulsimo táctico y malabarismos con la pelota. La caverna vive una semana de miedo, casi de depresión. La llegada de Juande hará reaccionar al vestuario blanco. Elementos como Guti o Sergio Ramos se agigantan estos días en un equipo desesperado y acuciado por la posibilidad de salvar una temporada que pinta fea. El orgullo de Raúl, Hijo de Di Stéfano, acalla toda lógica de la superioridad arrasadora azulgrana. Y Dios no quiera que para hablar de Saviola haya que sacar del olvido a personajes lamentables como John Wilkes Booth.
Para añadir histeria a la situación, el fútbol ha mandado un aviso esta semana: el Barça sigue siendo el de los palos cuadrados de Berna, el equipo que queda primero de grupo para exponerse a un enfrentamiento con Chelsea, Inter, Olympique o Arsenal.
Que empiece ya. Que acabe. Que por lo menos rasquemos un empate. Que disfrutemos de esta pesadilla del fútbol por muchos años.

martes, 12 de agosto de 2008

Cuando gana el malo

"Deambulaban como dos fantasmas felices". Esta frase recoge lo mejor del documental Réquiem por Billy the Kid, que se centraba en la figura del más célebre pistolero a través de su relación con su íntimo amigo Pat Garrett. Eran jóvenes, libres y trabajaban de vaqueros en ranchos. Fue una amistad de cuando se sabían inmortales.
Ocurrió que Billy se vio enzarzado después en la guerra del condado de Lincoln. Este pistolero de leyenda, de quien se decía que parecía sonreír siempre a causa de sus enormes dientes, fue declarado enemigo público por el gobernador Wallace, que para cazarle optó por una solución drástica: contratar como sheriff a su viejo amigo. Tras dos fugas de la cárcel, Billy El Niño murió el 14 de julio de 1881 de un tiro en el corazón de Garrett.
Pocos universos de celuloide pueden parecerse más al fútbol que el western. Hay quien recuerda con nostalgia desbocada los tiempos en que Ronaldinho y Eto'o se saludaban al grito de "¡Negro!". Eran los días en que Eto'o tenía bajo control su infinito rencor hacia el mundo y hacia los más dotados para el arte que él, los días en que no había defensa que se les resistiese y en que nada más recibir el brasileño, una gacela con el nueve a la espalda tiraba la diagonal perfecta para encontrar el balón y anotar.
Pero llegaron los días en que Samuel, renqueante de la rodilla, renunció a las normas de convivencia y se fue a la guerra contra su sonriente víctima. Poco después renegó también de su aclamado código de trabajo y se dejó ganar los sprints por gigantes torpes como Rio Ferdinand. El club le invitó a salir pero nadie quiso semejante bomba de relojería en su vestuario. Guardiola, que quiso refundar el proyecto sin manzanas podridas, echó a Deco y Ronaldinho, pero se ha visto obligado a tragar con el camerunés.
Los compañeros de Eto'o, que saben mucho menos de fútbol que Pep, aclaman su continuidad. El tiempo dirá si el mejor nueve del mercado europeo puede parecerse al que fue junto al hombre de la sonrisa eterna, en aquellos días en que deambulaban como dos fantasmas felices.