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lunes, 3 de diciembre de 2012

La máquina del tiempo



Nostalgia: Del griego, dolor de una vieja herida. 

En rigor, este Barça inmortal es un equipo que tiende a ganar todos los títulos y a ridiculizar a sus oponentes. En rigor, sus futbolistas forman una generación única construida alrededor de Xavi, Busquets o Iniesta; posiblemente nunca nadie haya tocado el balón tan bien. Pero gran parte de la fascinación que genera este equipo se debe a Leo Messi, 169 centímetros, tal vez el mejor de siempre en esto de chutar la pelotita. A cuestas de su voracidad y de la plaga de estadísticos que muñen el balón, en los últimos meses le hemos descubierto una virtud más: la de transportarnos décadas atrás.

Así hemos gozado de cómo Messi se vengaba de Ronaldo por nosotros y anulaba su ridículo registro de 47 goles en una temporada. Con su vieja sapiencia ante los porteros hemos recuperado a Romário, aquella frialdad, aquellas vaselinas. Con la final que jugó en Wembley, con su alarido en el 2-1, supimos cómo Stoichkov habría celebrado en caso de marcarle a Pagliuca. Con su visión de juego y su profundidad nos hemos reconciliado con Laudrup. Con su amor por las grandes citas y las causas perdidas, Rivaldo ha vuelto a nosotros.

Pero no todos tenemos una memoria tan corta. Este sábado, mientras la máquina de Tito completaba la tarea de hacer picadillo del Athletic, un señor que tendría 85 años se giró hacia nuestra mesa y dijo: "Acaba de empatar a César". Se refería a los 190 goles de La Bestia Parda en Liga. "¿Era bueno?", le pregunté a aquel culé. No respondió. Se le arrugó el gesto, emitió un sonido, de algún modo asintió. Aquel hombre humildemente endomingado se estaba trasladando a su juventud, a cuando les guiñaba el ojo a las señoras y bebía whiskies con sus amigos y no le dolían todos los huesos del cuerpo y Les Corts era una fiesta. Por ese viaje en el tiempo a la felicidad de su juventud, nuestro amigo pagó una cerveza y unas aceitunas.

Muchos como él viajarán pronto en el tiempo de la mano de Messi. Recordarán a Müller y el terror que desencadenó en los 70. Muy pronto, también, veremos a Maradona, y a Platini y Raúl y Cruyff y Pelé, y a todos a la vez, porque La Bestia Parda es todos ellos en cada gesto. Y así seguiremos catando el delicado placer de la nostalgia.

Posiblemente hay en esta Caverna quien escuche a Leonard Cohen para ponerse melancólico o quien se aplique otros rebuscados rituales masoquistas. No duden que dentro de 50 años la simple pronunciación de "Me-ssi" hará que evoquen, en un segundo, las alegrías de su vida y sus viejas heridas, y también los cánticos y cicatrices de generaciones de barcelonistas. Todo al módico precio de unas aceitunas y una cerveza.

lunes, 7 de mayo de 2012

La 'messianización' de los récords



Hace un año, una fiera presumida llamada Gianni batía un récord antológico logrando 41 goles en una sola Liga. Había superado a Zarra (1951) y Hugo Sánchez (1990). Su plusmarca goleadora estaba llamada a permanecer durante mucho tiempo. Sólo un año después se ha visto minimizada por una fuerza sobrehumana que humilla a todo el que se propone desafiarla.

Messi, el hombre que un día dará nombre a nuestro estadio, lleva ya 50 goles en esta competición: ha pulverizado el registro anterior mejorándolo un 22%. El dato es de auténtico extraterrestre. Llevada a otros deportes, esto es lo que ha conseguido La Bestia Parda: el récord de los 100 metros de Usain Bolt (2008), ese 9,69, pasaría a ser de 7,55. La salvajada de Michael Johnson en los 400 (1999), de 43,18, quedaría en 33,68 segundos. Si La Bestia Parda corriera un maratón, Haile Gebbreselassie vería cómo sus 2h 04,26 de 2007 se convierten por arte de magia en 1h 36,92 Si el 10 azulgrana hiciera salto de altura, elevaría los 2,45 de Javier Sotomayor (1993) hasta los 2,81, y si se atreviese con la pértiga, el anciano récord de Bubka, esos 6,14 de 1994, serían superados por un irreal 7,49. El récord de salto de longitud de Mike Powell de 1991 (8,95), pasaría a ser de 10,91 después de ser messianizado. Etcétera: la vuelta al mundo en barco sin escalas la haría en menos de 36 días, si se metiera a hacer apnea con aletas, se zambulliría hasta los 323 metros de profundidad o ascendería al Everest desde el campamento base en menos de 10 horas.

Más allá de los números, Messi ha conseguido que pensemos que con él no hay nada imposible. Absolutamente nada. Superar a Pelé, a Muller, a César, todo en unos pocos meses. En todas las competiciones suma 72 goles, y uno piensa en Romário y comprende que estamos viviendo algo insólito, sobrecogedor, que probablemente arrancará a nuestros nietos cuando se lo contemos caras de "usted, abuelo, abusó del MDMA".

Lo peor de todo esto es que aún queda una jornada. Non sum dignus.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Por qué somos como somos (y II)

No hay porno en las imágenes que les adjunto. Pero sí les pueden producir taquicardia, ataques de llanto, reacciones incontrolables, espasmos, gritos y conatos de hakas. Por tanto, déjenme decirlo: NSFW.
5. Cuando Mozart y Hetfield tocaban juntos.
El inspirador y amigo de Messi fue una estrella sonriente llamada Ronaldinho. Al recordar que un día jugaron juntos, uno rememora los escofríos de aquellas defensas que se miraban sin poder disimular el pánico. De todas las maravillas que inventaron (Casillas o el Mallorca también sufrieron sus combinaciones), tal vez ésta es la mejor.
4. Pégame, pégame.
Pegar a Messi es un riesgo mortal. No devuelve golpes, devuelve goles. Lo supo Ramos en el Bernabéu, lo aprendió a la enésima Pernía. Pero nadie como la expeditiva defensa del Sevilla una noche de noviembre de 2008 ha experimentado en qué consiste la venganza de Messi. Tras aguantar un marcaje durísimo, metió dos goles, el mejor de los cuales fue esta animalada que petrifica a Palop.
3. Congelar el tiempo.
Este genio de 169 centímetros tiene diversos superpoderes. El primero, acelerar a 9,81 m/s. El segundo, detener el tiempo. Lo hizo en una final de Champions en que dejó a Van der Saar con esta cara. Pero su capacidad nunca fue más notable que en una eliminatoria a vida o muerte contra el Arsenal, en que logró uno de los goles más bonitos que jamás veremos. ¿Dónde está la pelotita?, le susurró a Almunia. Un segundo después, congeló el planeta.
2. Hola Iker, ¿qué tal todo?
Casillas tiene insomnio. Casillas conoce el sudor frío. Casillas conoce el miedo. Casillas ha sufrido en 13 ocasiones las celebraciones del "monstruo hormonado", como le llama el Bernabéu. Del "enano", como le llaman Mou y CR Ceja. De todas las obras de arte con que La Bestia Parda ha fustigado al marido de la Carbonero, ninguna como ésta: un golpeo billarístico tras irse de cinco tíos. Una proeza que llegó en plena semifinal de Champions (no contra el Compostela, por cierto) y que mereció este atentado humorístico.
1. El ganador.
Messi no es un artista. No es un hedonista. No es un estilista. Messi es un asesino que nació para ganar. Si tiene que marcar con el corazón, en un remate insólito y feo para ganar una Intercontinental, lo hace. Pero su condición de ganador nunca quedó tan clara como en la última final de Champions. Esa actuación fue lo más parecido a la perfección que Messi le ha dado al fútbol. Su gol de aquel día no fue más que una explosión de furia y de ambición. Pero por Dios, qué forma de celebrarlo. Les dejo con sus escalofríos y su felicidad.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Por qué somos como somos (I)

Repasar los 204 goles de la Bestia Parda es una crónica sentimental de nuestros instantes de felicidad en los últimos siete años. También una guía imprescindible para recordar de qué lugar sale nuestra furia vengadora, nuestro espíritu guerrero. Este icono, llegado al mundo para convencer al barcelonismo de que es el pueblo elegido, se ha convertido en el goleador de nuesta vida, en el leviatán que minimiza a Cruyff, Maradona, Romário, Ronaldo, Rivaldo o Ronaldinho.
En este foro hemos querido presentarles una selección de diez de sus goles. Ha sido un proceso dolorosísimo, equivalente a dar muerte a 194 hijos. Lanzamos un aviso: no esperen ver aquí el sobadísimo gol al Getafe, que sólo sirvió para que nos doliera más aquella eliminación copera en el Coliseum. Quien quiere Mc Donald's no viene a la Caviar House, ¿cierto?
Disfruten esta primera entrega y recuerden: por todo esto somos como somos.
10. ¡Quita, lerdo!
Un gol que resume cómo se ha llevado Messi con todos los nueves que le han puesto delante. Desde su noveno gol, cuando aún lucía el dorsal 19, Messi tuvo claro que cualquier delantero centro, se llamara Zumbado'o o Cabralocavic, no era más que un estorbo, alguien a quien acabaría poniendo en su sitio a base de récords y balones de Oro. Aquí, el día que tuvo que driblar a Eto'o para marcar.
9. El síndrome de Stendhal.
Messi ha culminado tantas obras de arte, tantos regates y goles imposibles, que es seguramente el futbolista del mundo que más desmayos ha causado como consecuencia del síndrome de Stendhal. Pero nunca lo vimos tan claro como en este gol en Riazor, cuando Colotto sucumbe a su encanto y en vez de defender opta por desvanecerse ante La Bestia Parda.
8. La 'Messinha'.
Todos los grandes han tenido una jugada marca de la casa de cara a puerta. Messi, que alguna vez les ha clonado goles famosos (Maradona ante Inglaterra, Puskas también ante Inglaterra, Cruyff ante el Atleti), tiene una acción marca de la casa en su messinha, un amago en el que chuta el aire para descolocar al portero antes de superarle. Qué mejor ejemplo que el día del Bandicidio de 2009.
7. ¡Inclínate ante mí!
Las caras de las víctimas de Messi suelen ser todo un poema. Porteros desencajados o en posturas ridículas, defensas burlados, caderas rotas, tirones musculares, depresiones. Ante el Atleti, equipo al que más goles ha marcado, logró esta humillación que culmina con el choque entre Tiago, Ujfalusi y Assunçao.
6. El horror.
Una de las actuaciones más salvajes de Messi tuvo lugar ante el Valencia en el Camp Nou. Era marzo de 2010 y en su primer gol logró un dribbling sobre un chaval llamado Dealbert que bien pudo acabar con la víctima en el frenopático. 20 minutos después volvió a irse del mismo defensa para poner el 2-0 que acercaba la Liga. Y segundos después, le volvió a encarar para superar a César con un chut suave, suave, suave. Suave y humillante. La acción acabó con el portero y Dealbert fundidos en un abrazo. Se consolaban, habían visto el horror.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Imparable

¿Tú crees que Dios sabe lo que está pasando?
Espero que sí.
¿Crees que puede pararlo?
No. No lo creo.
No es país para viejos, Cormac McCarthy
Ahora que Messi parece convencido de devorar la gloria de todos los futbolistas, presentes, pasados y venideros, vivos y muertos, no cuesta imaginar un aquelarre de leyendas en una dimensión paralela al que asiste un Kubala aterrorizado, César, oculto bajo la cama, y Zidane, Platini, Van Basten, gente ya vencida; y sin poder ocultar su preocupación, también Cruyff, Di Stéfano y Maradona. Ni Pelé acierta a sonreír ante el terror a lo inevitable.
A todos ellos, y a sus viudas y huérfanos les gustaría mantener su supremacía, su posición, su estatus, pero ya intuyen que sólo les quedarán las cenizas de la gloria perdida. Puede que no entiendan la frialdad implacable de este Chigurh de 169 centímetros. Deben saber que un día se propuso ser el mejor. El resto es historia.

domingo, 6 de febrero de 2011

Los récords y la gloria

¿Qué demonios mueve a Messi? Ésa es la gran pregunta del mundo del fútbol. Al final del partido se fue al vestuario botando el balón con que había metido su cuarto hat trick de la temporada con infantil concentración. El esférico es su vida, está claro. Pero, ¿qué le mueve? Uno puede llegar a entender que sea capaz de conectar el que es posiblemente el mejor cabezazo que hemos visto esta temporada. O que por primera vez en su vida se permita sonreír durante el partido. Pero lo que le hizo a Agüero, eso escapa a todo lo visto hasta ahora. ¿Qué mueve a la Bestia Parda? ¿Qué arrastra a este equipo contra los récords y la historia? Una compulsión animal, una sed de siglos. Así imaginó Barrett a Jack el Destripador, y así vale la pena recogerlo; tal vez hallemos algunas respuestas:
Después de haber degollado a su víctima, le arrancó los pezones y le abrió el vientre. Le sorprendí en esta última ocupación.
-¿Por qué hace usted eso? -le pregunté.
Levantó sus ojos, estragados de literatura, y me contestó:
-¡Por la gloria!

jueves, 25 de marzo de 2010

Carros de fuego

"Lo dejé todo pero no alcanzó". Así de lacónico estaba el pasado 16 de agosto Tyson Gay después de volar y completar los 100 metros en 9 segundos 71 centésimas. Había superado al antiguo plusmarquista Asafa Powell pero a pesar de su proeza de lo instantáneo, no ganó. Delante suyo, Usain Bolt se burlaba del reloj y se convertía en leyenda viva.
El deporte, a pesar del barón de Coubertin, es un mundo cruel en que la memoria sólo respeta a los primeros. De ahí la importancia del triunfo de Coe ante Cram, de Ali contra Frazier, de Beckenbauer sobre Cruyff o de Merckx sobre Poulidor. Todo eso viene a cuenta porque tiene toda la razón Guardiola: "71 puntos son una puta barbaridad". El Barça supera todas las marcas conocidas y a su lado aparece La Banda, un engendro vertiginoso con puños de acero.
Esta Liga va camino de convertise en algo épico, algo que será recordado dentro de mil años. Los récords batidos, la distancia vergonzosa a la que queda el Valencia, una solidez tremenda -y los marcapasos, aún, a punto de explotar-. Puede que sí, que todo pase por el Bernabéu. Puede que el fútbol, deporte cruel por antonomasia, se supere a sí mismo.
De alguna forma, esta Liga de la temporada 2009-2010 son todas las ligas. Conquistarla dará más gloria que nunca. Perderla... Es perfectamente posible que el vestuario que quede a las puertas del cielo responda a lo Applewhite & Nettles.

lunes, 20 de abril de 2009

La magnitud de la tragedia

La barbaridad que está llevando a cabo el Barça es tan grande que merece echar la vista atrás y confirmar que estamos, probablemente, ante la mejor temporada de la historia. Así lo acreditan los números de los equipos arriba indicados después de la jornada 30.
Todos estos conjuntos fueron campeones, levantaron estadios y protagonizaron años que, en su momento, parecían insuperables. Nadie ha alcanzado el nivel del de Guardiola, un equipo que aspira a romper la marca histórica de goles (106) y de puntos (92), ambos registros en posesión del Madrid de Toshack y el primero de Capello, respectivamente. Y lo hace con el mérito de estar en a final de Copa y en semifinales de Liga de Campeones.
A pesar de lo elocuente de los números, este Barça sigue sin haber ganado nada. Podría, incluso, acabar en blanco. Es esa cosa tan rara llamada fútbol: el mejor año de la historia del Barça podría convertirse en la tragedia azulgrana por excelencia.

viernes, 5 de diciembre de 2008

El último imperio

Ésta es una entrada de homenaje a la sufrida generación que aprendió a insultar, a renegar y a emplear vocablos que escandalizaban a sus madres viendo en el televisor a Buyo, Míchel, Butragueño, Martín Vázquez, Hugo Sánchez y compañía. Los barcelonistas que nacieron al fútbol tras el desastre de Sevilla vivieron un interminable lustro entre 1986 y 1990. Ser del Barça equivalía a llorar, frustrarse y dudar de una cosmogonía balompédica, que un año tras otro llevaba el "Aquest any, tampoc" al Camp Nou. En aquel tiempo, el único consuelo posible consistía en exorcizar los demonios propios insultando con saña a los jugadores del equipo campeón cuando jugaban en el Camp Nou.
Dejando aparte el último par de décadas de asombrosos éxitos del Barça, el fútbol español tiene dos etapas: antes de Di Stéfano, y después de Di Stéfano. En los años remotos, antes de que La Saeta inculcara al Madrid su insaciable voracidad, no había un claro dominador en el fútbol español: el Barça era el equipo con más títulos (seis), seguido de Athletic de Bilbao (cinco), Atlético de Madrid (cuatro), Valencia (tres) y Real Madrid (dos).
Pero con el portento argentino de su lado, el equipo blanco convirtió la Liga española en su coto privado de caza. Dicen los antiguos que los árbitros ayudaron. Con perspectiva, no parece que un equipo que tenía por estrella a ese perdedor resignado que era Rexach pudiera hacer nada contra una secta balompédica adicta a la unión y al éxito. Entre 1954 y 1990, La Banda se llevó 23 títulos. El Barça, ya entregado a las convulsiones internas y al victimismo, cuatro. Y el último conjunto que marcó época encadenando más de dos títulos seguidos antes de la llegada del Dream Team, fue aquella maravilla de la técnica llamada Quinta del Buitre.
Debieron de ser muy buenos. Jugaban al ataque y eran terribles. Aún tienen el récord, con Schuster a la batuta, de haber sido el equipo más goleador de la historia de la Liga. Butragueño driblaba en un palmo y Hugo Sánchez podía enganchar de espaldas al mundo esos remates en que empalmaba apuntando de forma centera a la Sagrada Família. Martín Vázquez y Míchel eran los mejores volantes de España. Buyo tenía alas y hasta Sanchis, Tendillo, Chendo o Camacho daban miedo. Sin embargo, aquella gente nunca gustó a nadie en Barcelona. Ningún niño les tenía en sus carpetas, tal vez sí en sus pesadillas.
Para ellos este silencioso reconocimiento.