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miércoles, 31 de julio de 2013

Bestias bicéfalas



Sucede con algunas de las mejores cosas de la vida. Con el tiempo uno olvida los días de euforia y placeres y acaba por añorar esa rutina, la placidez cotidiana, la calma del día a día. Es importante recordarlo justo ahora, cuando acaba la tortura del parón futbolero y se agota la arena del reloj que nos separa de un instante soñado: la aparición de Messi y Neymar sobre el campo con una misma camiseta.

Esta bestia bicéfala, ya deben saberlo a estas alturas, ha venido al mundo a hacernos felices, a instalarse en nuestra memoria y, con toda probabilidad, a cubrirnos de títulos. Resulta imposible determinar la cantidad de alaridos y arte que potencialmente mecen esa zurda y esa diestra, pero a falta de recuerdos futuros, bien podemos echar la vista atrás y recordar que este juguete asesino no es el primero que disfrutamos.

Efectivamente, aunque algunos insistan en que las figuras nos desestabilizarán como si fuésemos el Eibar, conviene recordar que si algo nos ha distinguido en los últimos 30 años es nuestra capacidad de juntar a los mayores talentos del mundo. Schuster y Maradona, se cuentan locuras, a muchos aún se les ilumina la mirada, su asombro sigue fresco. Stoichkov y Romário, los dos mayores talentos de la época, esos goles, esa orgía permanente. Nos hacían sentir el pueblo más afortunado del mundo, pero por alguna razón, lo que a muchos nos quedó en la memoria fueron esos abrazos suyos.

Y no hace tanto nuestro ataque lo conformaban el mejor Ronaldinho, Eto'o y el primer Messi. Qué recuerdos. Aquello fue efímero, aunque grandioso. Más allá de sus exhibiciones, del doblete, de los goles y las barbaridades que protagonizaron, algunos aún recuerdan que a cada córner en contra, Frank les situaba sobre la medular; el camerunés en el centro, La Bestia Parda a la derecha, Ronnie a la izquierda. Era terrorismo balompédico y la cosa surtía efecto: los defensas rivales no subían al remate y cuatro o cinco de ellos se quedaban a defender, lanzándose miradas de congoja. Eran la viva imagen del pánico, sabían que se enfrentaban a una histórica fusión de talento.

La primera imagen de La Bestia Parda con La Cresta Parda se tomó el lunes y nos los mostraba como a dos obedientes escolares. Pero no se lleven a engaño: cuando ruede el balón, el mundo del fútbol se detendrá para verles y dentro de 50 años, aún se recordará que llegaron a jugar juntos. Y nosotros, que no somos el Eibar y sí la mayor catedral mundial del fútbol, podremos recordar las escenas domésticas que nos dejaron y tararear, otra vez, aquel verso:


I els turistes es fan fotos on tu i jo vam esmorzar /
Són les coses bones de passar a l'eternitat

martes, 25 de junio de 2013

Presuntos




Presuntamente: asunto delicado. Resulta que Messi pudo incumplir sus obligaciones tributarias. Hablan de cuatro millones de euros. Y algo de cierto habrá, pues ha trascendido que tras abrirse la investigación el futbolista ha pagado diez millones al bueno de Montoro. El asunto tiene visos de acabar con una multa y, es de esperar, con la pérdida de empleo de algún asesor fiscal.

Pero ocurre que el más perjudicado ante la situación creada no es La Bestia Parda, que por siempre jamás tendrá gloria y riquezas. No. El que ha quedado en una situación incómoda es el pueblo barcelonista. Delicada cuestión. ¿Qué hacer, decir y pensar ante la aparición de esta molesta mancha en la túnica de dios?

Ya saben que España es un divertido lugar donde uno de cada cinco negocios se perpetran en las tinieblas. Como consecuencia de ello, se dejan de recaudar cada año más de 80.000 millones de euros, algo así como el 22% de nuestro PIB. Pero estos números no nos indignan, pues somos gente comprensiva: bien lo aprendió Cervantes, que sufrió en sus carnes el atávico odio al recaudador de impuestos. Como somos los mismos de hace cuatro siglos, lo público sigue bajo sospecha y es tan bonita la picaresca que hasta recitamos el Lazarillo en las barras de las discotecas.

Además, resulta que somos mamíferos primitivos y pretendemos tener para nosotros unas leyes distintas a las del imbécil del cuarto segunda. En consecuencia, nuestras miserias nos parecen justificables mientras que las de nuestros enemigos son abominables; baste ver cómo reaccionamos de distinta forma a idénticos atropellos en función del partido político del que proceden.

Y así llegamos a nosotros, la turba azulgrana. Nuestra miopía moral alcanza cotas únicas cuando se trata de nuestros héroes. Seamos claros: a Messi se lo perdonaríamos todo. Cuando decimos todo, es todo, y no enumeraremos a qué nos referimos porque ya conocemos las profundidades del alma futbolera. La felicidad que Messi nos ha regalado en vida es demasiado grande. Seamos honestos: si La Bestia Parda se marcara mañana un Lola Flores y pidiera 100 euros a cada culé, el crowdfunding resultaría un éxito tan sideral como vergonzante a los ojos del mundo civilizado.

Presunto y complicado, sí. Porque el caso Messi nos recuerda, en definitiva, que la vida, la de verdad, comparte espacio físico, temporal y moral con el fútbol. Qué pesadez. Por gente como Messi, igual que antes con Stoichkov o Ronaldinho, todos querríamos recrear el Nápoles de Maradona y hacer de éste un lugar de culto donde todo orden quedara sometido a la figura del genio.

Presunto y feo, porque al oír Me-ssi se nos antoja abrir la boca, fijar la vista en el diez, olvidar al mundo y creer que todo es posible. Nadie escucha ese bisílabo deseoso de filosofar sobre la equidad de la justicia y el regreso del medievo que ven nuestros días.

Presunto y lamentable, porque el asunto mete a un adulto en nuestro mundo de niños.

Presunto y fatal, en suma, porque quedamos en el irresoluble trance de ser presuntos ciudadanos o presuntos culés.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Misión en Italia





“Forse tutta l’Italia va diventando Sicilia…”. 
El día de la lechuza,  Leonardo Sciascia

Ustedes sabrán que los italianos son un pueblo antiguo, magnífico en el comer, tradicional en lo religioso, sabio en el fútbol. También debe constarles que es un país puntero en el robar y bipolar en la política. Tal vez dentro de muchas décadas, nada explique mejor a la decadente Italia de esta era que la artificial y decrépita sonrisa de Berlusconi.  

Silvio, el Caimán, resucitó al Milan a finales de los 80 y levantó un homenaje al maquillaje grueso con su imperio televisivo. Ha derrotado a la justicia tantas veces -y con artes tan dudosas- que es insólito que los jueces y fiscales de ese país no se hayan hecho un harakiri multitudinario en señal de protesta. A finales de noviembre de 2011 dejó su cargo de primer ministro  y parecía haber abandonado para siempre la política.

Pero este fin de semana tiene la ocasión de resucitar ante el asombro del universo con unas legislativas a las que se ha presentado por sorpresa. Las encuestas no le dan favorito, pero ya en el pasado demostró que es capaz de cualquier cosa. En ese ambiente, uno piensa que tal vez el partido de esta noche pueda decidir algo más que un billete a los cuartos de final de la mejor competición del planeta. ¿Imaginan que el Barça lograra hoy un escandaloso resultado de 1-5? ¿Imaginan a Messi celebrando una y otra vez sobre el patatal de San Siro? Tal vez la genuina estampa de la masacre futbolera televisada a medio mundo entierre para siempre las ambiciones públicas de Il Cavaliere. Tal vez una goleada de esas que el Barça nos da tan a menudo arrasen para siempre a este personaje siniestro, tal vez impidan que portadas así vuelvan a publicarse.

Lo de esta noche será un entretenido ejercicio de geopolítica futbolera. Pobre Silvio, que puede jugarse su vanidad y sus retornos en una hora y media. Pobre, cuando vea a Xavi, Iniesta y Messi en el once del Barça.  

lunes, 7 de enero de 2013

Encuentros en el Balón de Oro




Pongamos que había trabajado en la cosa farmacéutica. Química legal, cuidados para abuelos, placebos, algo de cosmética... No poca miseria humana y una cierta voluntad de ayuda al prójimo. Pongamos que decidió dejar aquello, juntar sus ahorros y hacerse con un bar. Encontró uno apropiado. Con solera y clientela habitual. Además, el bar no tenía un nombre cualquiera, tenía un nombre sonoro y difícil de olvidar: el bar se llama Balón de Oro. Se lo quedó.



Pongamos ahora que todo ello ocurre en Barcelona e imaginemos que cuando nuestro farmacéutico lleva dos años fregando cada tarde el suelo de su bar, el barrio recibe un nuevo vecino. Al principio es una leyenda urbana, que luego se convierte en rumor y asciende toda la escala de las mentiras bíblicas hasta adquirir el estatus de verdad completa: Leo Messi vive ahí mismo.



Pongamos que el Balón de Oro es el bar más cercano a la morada terrenal del Dios del fútbol. Pongamos que cualquier mañana, el único mortal con cuatro esferas doradas en su vitrina decide tomarse un café. Cuando entre en ese local, no habrá en ese instante ni una brizna de casualidad: será un triunfo de la incierta ley de la atracción entre cuerpos dorados.


No me dirán que Barcelona no es una ciudad maravillosa. No me dirán que Messi no es poético hasta en el café con leche.

domingo, 30 de diciembre de 2012

1471: El año de La Bestia






Y el abuelo, mirando el póster, entre grandes esfuerzos y torsiones de la memoria, abrirá la boca al fin: “2012, año glorioso”. Sin Liga y sin Champions. Sin Intercontinental ni Supercopa de Europa. Cediendo un título en el Camp Nou ante el máximo rival, contra el que perdieron, por primera vez en años, dos choques directos.

“Glorioso”, repetirá. Y recordará cómo un equipo lastrado por la mayor sobredosis de títulos que haya conocido vestuario alguno sacó el orgullo y se puso a remontar. Cómo un grupo que parecía listo para que le echaran la lápida peleó hasta reducir una distancia insuperable en Liga y amarró otra Copa. Sobre todo, rememorará que la ambición de un futbolista venció a una defensa deficitaria y superó a los grandes mitos del pasado.

Entonces ocurrirá. 

Su Alzheimer aleteará al recordar la figura menuda de un futbolista que parecía dormitar sobre cualquier rincón del césped para, de repente, electrizar el partido. “La Pulga”, dirá, con una sonrisa de niño, “el mejor que hemos visto nunca”. Y sin previo aviso, contará que en 1471, con ese jugador, vio prodigios.

En su discurso trompicado aparecerán César y un tal Torpedo, Di Stéfano, Maradona, Pelé, Cruyff y varios Ronaldos. Hablará de milagros de última hora, maravillas impensables, remontadas en terreno hostil, el terror en el Averno. Dirá barbaridades, la familia se mirará incómoda mientras el abuelo jura que aquel 10 metió 50 goles en Liga y 91 en todo el año.

1471, dirá, fue un año en que los grandes títulos tuvieron espantosos campeones, instantáneamente olvidados. Un año en que el único remanso de arte estuvo alrededor del mejor centro del campo que se haya visto, un año en que el fútbol se enamoró para siempre del delantero final, el llamado a cerrar la historia de los grandes mitos.

El abuelo repetirá que “1471 fue un año glorioso”. Después apartará la manta, se levantará de su sillón y buscará con su mirada gris un viejo libro. Pasará páginas hasta encontrarlo. “El 1471 hi va haver una plaga de puces. Va ser l’any de la picor, que tothom gratava”. 2012, año glorioso, año de La Bestia. 

domingo, 9 de diciembre de 2012

Lengua de serpiente



Esta Caverna lleva toda la semana regodeándose en un mantra maravilloso: "Pensé que era el último balón que tocaría en mucho tiempo". Repítanselo: espanta el insomnio, combate las ojeras y alarga la vida. El poema no es nuevo: la Bestia Parda ya nos había demostrado que es capaz de hablar como el Diego para aterrorizar a un rival antes de una final. De hecho en esta casa sabemos cómo se gana una Champions desde la sala de prensa. La cosa no es nueva: mucho antes, Obdulio Varela le había dado a Uruguay el Mundial del Maracanazo con una sentencia que tiene mil versiones pero que vino a ser esto: "Estos son japoneses, y a los japoneses se les gana siempre".

Y uno se para a pensar y resulta que sí, que parece imposible que un juego donde el azar, la fe y el hambre lo son todo, la palabra pueda ser algo tan devastador. De ahí que los trash-talkers sean amos de los banquillos desde siempre y de ahí la gigantesca fama de gente tan absolutamente vulgar como Mourinho.

Por desgracia, cada semana centenares de frases anodinas de las salas de prensa se multiplican en las páginas de los diarios; eso no quita que muy de vez en cuando merezca la pena escuchar al personal y Messi nos lo ha recordado esta semana.

PD. No pretendíamos hoy dejarles con este buen sabor de boca. Les comunicamos que La Banda se ha hecho con los servicios de los hermanos David (136 centímetros, 30 kilos de peso, del Benjamín A) y Jorge (127 centímetros, 25 kilos de peso, Prebenjamín). No les subestimen: se apellidan De la Víbora.

lunes, 3 de diciembre de 2012

La máquina del tiempo



Nostalgia: Del griego, dolor de una vieja herida. 

En rigor, este Barça inmortal es un equipo que tiende a ganar todos los títulos y a ridiculizar a sus oponentes. En rigor, sus futbolistas forman una generación única construida alrededor de Xavi, Busquets o Iniesta; posiblemente nunca nadie haya tocado el balón tan bien. Pero gran parte de la fascinación que genera este equipo se debe a Leo Messi, 169 centímetros, tal vez el mejor de siempre en esto de chutar la pelotita. A cuestas de su voracidad y de la plaga de estadísticos que muñen el balón, en los últimos meses le hemos descubierto una virtud más: la de transportarnos décadas atrás.

Así hemos gozado de cómo Messi se vengaba de Ronaldo por nosotros y anulaba su ridículo registro de 47 goles en una temporada. Con su vieja sapiencia ante los porteros hemos recuperado a Romário, aquella frialdad, aquellas vaselinas. Con la final que jugó en Wembley, con su alarido en el 2-1, supimos cómo Stoichkov habría celebrado en caso de marcarle a Pagliuca. Con su visión de juego y su profundidad nos hemos reconciliado con Laudrup. Con su amor por las grandes citas y las causas perdidas, Rivaldo ha vuelto a nosotros.

Pero no todos tenemos una memoria tan corta. Este sábado, mientras la máquina de Tito completaba la tarea de hacer picadillo del Athletic, un señor que tendría 85 años se giró hacia nuestra mesa y dijo: "Acaba de empatar a César". Se refería a los 190 goles de La Bestia Parda en Liga. "¿Era bueno?", le pregunté a aquel culé. No respondió. Se le arrugó el gesto, emitió un sonido, de algún modo asintió. Aquel hombre humildemente endomingado se estaba trasladando a su juventud, a cuando les guiñaba el ojo a las señoras y bebía whiskies con sus amigos y no le dolían todos los huesos del cuerpo y Les Corts era una fiesta. Por ese viaje en el tiempo a la felicidad de su juventud, nuestro amigo pagó una cerveza y unas aceitunas.

Muchos como él viajarán pronto en el tiempo de la mano de Messi. Recordarán a Müller y el terror que desencadenó en los 70. Muy pronto, también, veremos a Maradona, y a Platini y Raúl y Cruyff y Pelé, y a todos a la vez, porque La Bestia Parda es todos ellos en cada gesto. Y así seguiremos catando el delicado placer de la nostalgia.

Posiblemente hay en esta Caverna quien escuche a Leonard Cohen para ponerse melancólico o quien se aplique otros rebuscados rituales masoquistas. No duden que dentro de 50 años la simple pronunciación de "Me-ssi" hará que evoquen, en un segundo, las alegrías de su vida y sus viejas heridas, y también los cánticos y cicatrices de generaciones de barcelonistas. Todo al módico precio de unas aceitunas y una cerveza.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Referéndum



"La mayoría de los actos que el hombre de las culturas arcaicas ejecuta no son, en su mente, sino la repetición de un gesto primordial ejecutado al principio de los tiempos por un ser divino o por una figura mítica"
Mircea Eliade

A mediados de los 90 fue la avioneta. Fascinados por aquel caviar llamado Romário, los niños del Barça celebraban cada gol correteando con los brazos extendidos. Cuando se acababa la década, en los patios de los colegios se tapaban la cara con la camiseta y agitaban los brazos como Rivaldo. Hoy los chavales no sabe quién fue Doña Celia, pero qué más da:  en la era Messi, los goles se celebran señalando al cielo con los dos índices.

Celebrar un gol, ya lo saben, es un
asunto serio. Es un momento íntimo que el goleador lega a su afición. Por eso las celebraciones no sólo pertenecen a los futbolistas, sino al pueblo. Y la feliz rutina de los grandes goleadores, su forma de celebrar, no debería alterarse así, sin previo aviso. Ustedes habrán sufrido alguna vez el horror que supone que la novia aparezca con un nuevo corte de pelo. Habrán contemplado con pesar que la receta de los canalones de la abuela cambia, o que de la noche al día nuestras sábanas tienen un nuevo olor por la aparición de un detergente innovador. En efecto, hay asuntos demasiado serios como para no comunicarlos. 

Como intuyen, estas líneas esconden un 
quejío: Leo, pregúntanos. Decidamos entre todos sobre nuestros pequeños instante de placer semanal. Hagamos un referéndum para ver si nos ponemos la muñeca en la frente desde hoy y por los siglos de los siglos. Permite, ante todo, que alejemos de tu insigne persona cualquier rastro de infamia. Ya sabes: tenemos derecho a decidir. 

martes, 6 de noviembre de 2012

Pater Noster




"La família: cosa difícil i complicada".
Josep Pla, El Quadern Gris

¿Alguno de ustedes se ha visto en el trance de controlar un balón manso ante la atenta mirada de su padre? ¿O ha asumido, acaso, el riesgo infinito de regatear a un jugador cuyos hijos están en la grada? Sabrán entonces que el resultado más habitual en el primer caso es que la pelota, endemoniada, acaba en un vergonzoso fuera de banda. En el segundo, uno acaba retorcido de dolor en el suelo.

La paternidad no es cosa fácil en el fútbol. Ahí están los penosos casos de los hijos de Pelé -portero frustrado acusado de narcotráfico-, Maradona -bastardo, preñado de rencor y refugiado en la cuarta división y el fútbol playa- o Cruyff -enchufado oficial del reino y fugaz héroe de quinceañeras-. En efecto, ser hijo de un genio es tarea complicada. Dalí dijo una vez que no había querido ser padre para no asfixiar con su talento a su prole. Picasso o Hemingway, menos hechos a la movida tántrica, convirtieron su descendencia en carne de Ana Rosa. Todo eso es conocido.

Lo que no sabíamos es que el nacimiento de Thiago conllevaría el horror insólito de ver a Messi sufriendo sobre el campo, como si fuera Simao Sabrosa o Geovanni Deiberson. La ansiedad que mostró el sábado ante el Celta, esa mezcla de necesidad del balón y aversión a él, no se veía desde sus inicios en el primer equipo, cuando estaba peleado con el gol.

No les voy a engañar. Preferiría que Messi no hubiera sido padre, como preferiría que hubiera nacido sin el engorro de los atributos masculinos o que viviera confinado en el Camp Nou con la única compañía de un balón y de su dorsal diez. Pero nos queda un consuelo: el nacimiento de su hijo da un nuevo sentido al Padre nuestro. Ensáyenlo pensando en él, resulta asombroso: verán que se les escapa una sonrisa y que tienen un nuevo hermano de nombre Thiago.

sábado, 18 de agosto de 2012

Fútbol Club Messi



21.00 horas y juega Messi con tres puntos en juego. Exactamente: por fin la felicidad para ese monstruo competitivo y para esa legión de seguidores que ha penado, abúlica y ojerosa, durante la orfandad estival. Para regocijo de todos, la previsible demolición de la Real Sociedad marcará también el comienzo de otro asunto más trascendental: el del Fútbol Club Messi.

En efecto, con el adiós de Guardiola ha habido un traspaso de poderes ordenado, civilizado y conveniente que ha acabado del siguiente modo: ahora quien tiene la última palabra en las decisiones clave es La Bestia Parda. Por supuesto que la directiva tiene sus competencias, y que Tito, el sabio estratega de la era Guardiola, es quien hace las alineaciones, quien entierra la defensa de tres y el que elige qué proyecto solidario arrancamos este verano en el Emirates Stadium. Pero las decisiones se llevan a cabo si y sólo si a Messi no le "enojan" ni le "calientan", del mismo modo que antes el club entero contenía la respiración entorno a la furia encorbatada de Guardiola. La jerarquía del mejor jugador que veremos jamás comienza a ser acorde a su talento y nadie debería preocuparse: el Messi de La Banda es un futbolista frustrado llamado Mourinho; el del United, el anciano Ferguson; el del Chelsea, el analfabeto balompédico de Abramovich.

Aunque a muchos nos habría tranquilizado ver una lista de bajas con nombres como Alves, Piqué o Villa antes de empezar la temporada, hay motivos para el optimismo. El primero de ellos es que Los Quincazos vienen de ganar una Liga y su pulsión competitiva caerá, si no en los grandes choques, sí en los campos humildes. El conjunto más canallesco que han conocido los tiempos sigue obsesionado con  La Décima y el Barça debería sacar provecho de ello para volver a la normalidad de ganar el título doméstico. Además, La Bestia Parda y compañía han asumido que el pasado año dejaron escapar los grandes títulos por su (lógica) falta de tensión, y quién sabe si eso les haya hecho meditar sobre la necesidad de arrinconar a los moc-mocs.

Pero olvídenlo todo y sonrían. El fútbol ha vuelto: a las 21.00 horas juega Messi con tres puntos en juego.


domingo, 22 de julio de 2012

Lo que le sobra al genio



"Y aunque no haya algo que nos mueve, no es posible estar quietos, no en nuestro sitio, como si de nuestra mera respiración emanasen rencores y deseos vacuos, tormentos que nos podríamos haber ahorrado".
Javier Marías,  Mañana en la batalla piensa en mí


Hace unos meses Javier Marías escribió el brillante artículo Lo que le falta al genio, en que desgrana desde su madridismo el asombro que le produce el juego de Leo Messi, y en que defiende que La Bestia Parda no ha ingresado aún en el círculo de dioses de Pelé, Maradona, Di Stéfano y Cruyff porque su figura carece de "complejidad", de misterio. Según detalla, el 10 azulgrana le produce "admiración y espanto, asombro y reverencia" pero sin embargo, no le despierta "fascinación". El escritor sostiene que a Messi le falta una mínima "inteligencia no estrictamente futbolística". Si me permiten el resumen, el escritor cuestiona el carisma de Messi, que contrapone a las arrolladoras personalidades de los cuatro grandes. 

Y ésta es una cuestión recurrente cuando se comenta la grandeza de La Bestia con la que queríamos discrepar aquí. Es cierto que Messi no es de los que hace gestos a la grada. No suele caer en demagogias búlgaras ni en épicos discursos en el vestuario. Pero cada vez que toca el balón, cada vez que grita gol, sus compañeros, su pueblo, se saben protegidos de todo mal, olvidan el miedo. Y a la inversa les ocurre a los rivales. ¿Qué es el carisma, sino esa facultad sobrenatural?

A muchos les decepciona que Messi no sea Muhammad Ali, que no se aplique al trash-talking, que no sea altanero ni portugués, que no se comunique durante la competición, que esté más cómodo entre niños que con la prensa. Sabemos que de vez en cuando sí se expresa: aún llora en las derrotas y hace a penas tres meses se encerró en un lavabo de pura rabia. Pero lejos de vulgarizarle, ese silencio le corona. Para cualquiera que haya jugado a fútbol eso es justamente lo más asombroso de este fenómeno. No dice ni mu. Lo decían sus compañeros a los 10 años y lo dicen sus compañeros de ahora. Messi extiende su jerarquía con el balón cosido al pie, no con gestos públicos. Dos veces rompió esa frugalidad: la primera fue un aviso, antes de la final de Champions de 2011 en que advirtió al mundo de que se preparaba para la mejor actuación de su vida. La segunda, una fugaz respuesta al Mal Absoluto, con un gesto que parecía decir, precisamente, que hablar es de imbéciles, o de mortales. Lo cierto es que el hecho de que un futbolista -¡un futbolista!- se maneje en el silencio es insólito: en la jungla del potrero y la selva de los vestuarios, el mutismo es simple y llamamente un suicidio. 

Habla Marías de la "fascinación" que no siente con el chaval que no crecía, con el niño a quien rompieron la pierna en su segundo partido en el Barça. Sólo podemos invitarle a recordar la mirada de Messi tras la última eliminación europea, que llegó después de que fallara un penalti decisivo. Esa mirada, en la derrota, desentraña la clave profunda de un personaje que de niño se comunicaba con el mundo a través de una amiga que interpretaba sus gestos y silencios. Ese inmenso odio a perder volverá a trotar este martes en un terreno de juego y con él, nuestras vidas recuperarán brillo. Quienes dudan aún no deben perderse ese partidillo intrascendente. Observen al 10, calibren su sabiduría, su juego de viejo, su inconmovible amor por el balón. Observen qué enigmas laten bajo esa mirada opaca. Rencores y deseos.  Fascínense. Es el fútbol, que ha vuelto.

lunes, 25 de junio de 2012

El tiempo de los 'cracks'



La triste noticia de la muerte de Miki Roqué ha llegado el mismo fin de semana que Leo Messi cumplía los 25 años. Y nos ha recordado que el hecho biológico no suele referirse en el fútbol a dramas de esta magnitud, sino al tiempo durante el cual un futbolista puede mantener el instinto asesino que separa a los grandes jugadores de los cracks decisivos. Pero en cualquier caso, son debates paralelos.

Durante los 90, Johan Cruyff estableció (Laudrup, Stoichkov, Koeman o Romário le dieron la razón) que nunca un futbolista es mejor que a partir de los 28 años. Zidane explotó a esa edad pero antes era un genio discreto. Con el tiempo, las cuentas de Cruyff quedaron desfasadas y dieron paso a una serie de astros postadolescentes. Ronaldinho, la estrella más luminosa en lustros, brilló entre los 23 y los 27. Tampoco Cristiano ha llegado a esa edad. Y el fútbol parece instalado en una época de fugacidad que afecta tanto a los equipos como a los más grandes jugadores.

Tal vez Messi sea el hombre elegido para romper esa espiral de cambios constantes y pueda alargar su jerarquía a una década completa, algo que en los últimos treinta años sólo ha logrado gente como Maradona o Platini, y ya a otro nivel, leyendas como Maldini, Scholes o Giggs. Este tipo de dudas no las resolveremos ahora. Pero sí conviene ser paranoicos y disfrutar cada partido de Messi como si fuera el último. Y a la espera de saber un día si La Bestia Parda derriba o no el reinado de Pelé, nos queda aferrarnos a la mítica frase que Sports Illustrated dedicó a los Bulls de Jordan: "Dominaron el único tiempo que realmente importaba: el suyo".

lunes, 11 de junio de 2012

Messi: la historia olvidada



En otoño de 2005 entrevisté en un hotel de Barcelona a Jorge Messi, padre de la Bestia. En poco más de una hora de conversación le dio tiempo a explicarme la azarosa vida de Leo, a emocionarse hasta las lágrimas, a reír cuando la gente le confundía con el astro. Aquello se tradujo en una triple página para El Mundo pero nunca llegué a tener tiempo ni paciencia para explorar una frase que dejó ir y que quedó marcada en rojo en mi cabeza de enfermo: "En su segundo partido en el Barça le rompieron la pierna".

En 2008 mis amigos chimos me regalaron Dios es redondo, un libro asombroso del que saqué la idea de seguir en este rincón la serie Los nunca vistos, dedicada a los jugadores que amaron el fútbol pero se quedaron de camino a la élite. Años después, escuché a uno de los mejores reporteros de siempre, Gay Talese, reivindicar cómo hay que ir a buscar siempre la historia del perdedor, que es allí donde se esconden los auténticos tesoros periodísticos.

Y hace unos meses cerró mi diario. Como entretenimiento y terapia, me dediqué a la arqueológica labor de descubrir si efectivamente había alguien en este país que una vez, en febrero de 2001, le había roto la pierna al mejor jugador que veremos jamás. Y si era cierto que esa fractura estuvo a punto de acabar con su trayectoria en el Barça. Tras una investigación realmente extraña, con errores, pasos atrás y decepciones, me encontré con una historia tan asombrosa y humana que por momentos parecía irreal. Con la ayuda de una serie de personajes anónimos del fútbol base catalán y del enorme fotoperiodista Quique García logramos escribir la historia "Leo contra Messi". Está desde hoy en los grandes quioscos  y es sin duda el mejor reportaje que he tenido la suerte de contar. Pueden encontrarlo en Líbero, una revista que nace fruto de la inconsciencia y el heroísmo de un par de amigos que creen que eso de la crisis es como la calidad al centro del campo de La Banda.

Están avisados. Brinden conmigo por "las líneas blancas en la antología al fútbol que firma Messi".

lunes, 28 de mayo de 2012

Estadísticas: Hiroshima



Si lo que ha conseguido el equipo de Guardiola en estos cuatro años parece irrepetible, qué podemos decir de los registros sobrehumanos de La Bestia Parda. Hubo un año que Ronaldinho sumó 26 goles y 20 asistencias y pensamos que ya lo habíamos visto todo. El pasado año, Messi logró 53 y 24, números que ya merecían ser leídos con gafas de soldador. Pues resulta que tampoco era el tope; admírense con los estragos de la bomba atómica del fútbol.

Las estadísticas nos dejan alguna otra verdad palmaria. Un ex futbolista que decidió jubilarse en diciembre queda segundo en goles y en asistencias, eso habla mal de Alexis, Pedro, Iniesta y Xavi y explica mucho de lo que ha dejado de ganar este equipo. Pero no me calienten que las notas llegan esta misma semana. Les dejo con la obra de Dios hecha fútbol, les dejo con lo que será una comparativa traumática para los cracks del pasado, del presente y del futuro.

Premio Hristo


Messi 73
Alexis 15
Sex 15
Xavi 14
Pedro 13
Villa 9
Iniesta 8
Tello 7
Puyol 5
Cuenca 4
Thiago 4
Keita 4
Adriano 3
Alves 3
Sergi Roberto 2
Piqué 2
Busquets 2
Montoya 1
Maxwell 1
Abidal 1
PP 4

Premio R10
Messi 32 (1PP) (4SP)
Sex 18 (1P)
Alves 15 (1PP)
Xavi 15 (1P)
Cuenca 12 (4P)
Iniesta 11 (1P)
Adriano 9 (1P)
Alexis 6 (1p)
Thiago 5
Keita 4
Villa 3 (1PP)
Abidal 3 (1P)
Pedro 3
Busquets 3 (2P)
Piqué 2
Tello 2 (1P)
Sergi Roberto 1
Montoya 1

lunes, 7 de mayo de 2012

La 'messianización' de los récords



Hace un año, una fiera presumida llamada Gianni batía un récord antológico logrando 41 goles en una sola Liga. Había superado a Zarra (1951) y Hugo Sánchez (1990). Su plusmarca goleadora estaba llamada a permanecer durante mucho tiempo. Sólo un año después se ha visto minimizada por una fuerza sobrehumana que humilla a todo el que se propone desafiarla.

Messi, el hombre que un día dará nombre a nuestro estadio, lleva ya 50 goles en esta competición: ha pulverizado el registro anterior mejorándolo un 22%. El dato es de auténtico extraterrestre. Llevada a otros deportes, esto es lo que ha conseguido La Bestia Parda: el récord de los 100 metros de Usain Bolt (2008), ese 9,69, pasaría a ser de 7,55. La salvajada de Michael Johnson en los 400 (1999), de 43,18, quedaría en 33,68 segundos. Si La Bestia Parda corriera un maratón, Haile Gebbreselassie vería cómo sus 2h 04,26 de 2007 se convierten por arte de magia en 1h 36,92 Si el 10 azulgrana hiciera salto de altura, elevaría los 2,45 de Javier Sotomayor (1993) hasta los 2,81, y si se atreviese con la pértiga, el anciano récord de Bubka, esos 6,14 de 1994, serían superados por un irreal 7,49. El récord de salto de longitud de Mike Powell de 1991 (8,95), pasaría a ser de 10,91 después de ser messianizado. Etcétera: la vuelta al mundo en barco sin escalas la haría en menos de 36 días, si se metiera a hacer apnea con aletas, se zambulliría hasta los 323 metros de profundidad o ascendería al Everest desde el campamento base en menos de 10 horas.

Más allá de los números, Messi ha conseguido que pensemos que con él no hay nada imposible. Absolutamente nada. Superar a Pelé, a Muller, a César, todo en unos pocos meses. En todas las competiciones suma 72 goles, y uno piensa en Romário y comprende que estamos viviendo algo insólito, sobrecogedor, que probablemente arrancará a nuestros nietos cuando se lo contemos caras de "usted, abuelo, abusó del MDMA".

Lo peor de todo esto es que aún queda una jornada. Non sum dignus.

domingo, 8 de abril de 2012

Videoclip en el balcón del área



Es posible que el Barça jugara ayer con fuego. Pero con una alineación llena de suplentes hizo una nueva demostración de dureza mental para sacar adelante un partido que comenzó muy feo. Valdés paró un penalti y hasta el 1-0 pudo verse al Barça apocado de la primera mitad de la Liga cuando jugaba de visitante.

Después del partido contra el Milan nos parece magnífico que le den minutos a jugadores por recuperar como Sex, que arrastra problemas de estrabismo, o Pedro, quién sabe dónde. También tuvieron su oportunidad los centrocampistas suplentes. Fue bonito ver a Alexis sacar el orgullo tras su última suplencia y admirar cómo Messi tira del carro incluso ante aficiones típicamente cabestras.

El partido, sin embargo, será recordado por una acción alucinante de La Bestia Parda. Primero, regate asombroso en banda, es derribado en falta pero se concede la ley de la ventaja. La pelota vuelve a él y en el pico del área se dispara hacia el eje de la defensa rival. Se va del primero y le siguen cuatro. Amaga el chut y da un recorte seco; todos sus rivales caen en la trampa. Se gira de nuevo y vuelve a engañarles en masa. Cuando al fin un insensato le encima, pase antológico de caño para que Adriano malogre su genio. El milagro tuvo algo de ensayo de coreografía con un cuerpo de bailarines que se han fumado media Jamaica: imitaban todos los pasos, pero sin gracia y tarde y mal.

Tras repasar videotecas, hemos descubierto que la acción tenía un precedente. Que lo disfruten ustedes a esta Liga resucitada.

viernes, 23 de marzo de 2012

La 'messilina'



Lo mejor del último y penoso Mundial fue ver a Messi hipnotizado por un balón flotante mientras todos sus compañeros se comían al árbitro tras anularles un gol en la terrible paliza que le dio Alemania a Argentina. Esa mirada absorta explicaba mucho de la devoción de La Bestia Parda por la pelota y sus trayectorias.


Recuerdo esto a cuenta del repaso de los 234 goles de Messi en el Barça. Ocurre que Messi suma ya 23 tantos en que ha superado al portero con toques sutiles por arriba. Siete vaselinas y 16 picaditas (tal vez les parezca poco, bien, sepan que el Gran i Gloriós Capità suma ocho goles en toda su carrera y jamás, por supuesto, ha puesto en ninguno de ellos la menor delicadeza).


En su día decidimos bautizar como messinha a ese amago de chutar para descolocar al portero que La Bestia ejecuta a menudo antes de chutar a gol. En este foro enfermo acuñaremos también la messilina, un concepto que alude tanto a las vaselinas puras como a las picaditas simples. Todas al mismo saco: son messilinas y las queremos por igual.


Para mayor gozo, en este visionado he descubierto que hasta en cuatro ocasiones Messi se fue de defensas o porteros con messilinas justo antes de marcar. Conviene no olvidar que a La Bestia Parda le encanta ver los balones flotar.

miércoles, 21 de marzo de 2012

234




Perdonen si hoy nos regodeamos en esta barbaridad. Ronaldinho dejó el Barça con 95 goles. Stoichkov se fue hasta los 118 goles. Romário nos regaló 39 obras de arte. Y Cruyff, 51.  El gran Rivaldo, ese héroe, 177. Maradona se quedó en 38. Ronaldo hizo 47.


Cruyff logró 266 goles con su Ajax. Maradona, 115 en el Nápoles. Platini cantó gol 103 veces en su gran Juve. Van Basten logró 125 tantos en el Milan. Baggio cerró su larguísima carrera con 241 goles en todos sus clubes. Y Henry se fue del Arsenal por última vez con 229 goles en la saca.


Aquí ya explicamos que las décadas y el blanco y negro no servirán de trinchera para los genios antiguos que quieren defender su jerarquía frente a Messi. Está llegando a lo más alto. Primero, Di Stéfano. Y más tarde, el día llegará y se verterá sangre, Pelé.


Por encima de todo, al margen de números y comparativas, La Bestia Parda nos hace felices. El Estadi Leo Messi sonríe al ver su trote desigual, su sprint furioso. Esa gloria de 169 centímetros.

jueves, 8 de marzo de 2012

Estadi Leo Messi



¿Cómo se lo podremos agradecer?

Es mucho lo que este chico de 169 centímetros le ha dado a este club, a su ciudad, a sus gentes. Nos transporta con sus gestas goleadoras a los años 40, 50, 60. Nos recuerda el desenfado con que corretábamos de niños en las calles. Nos convence de que no hay imposibles. Un día meterá ocho goles en un partido, y es muy probable que su víctima ese día sea Casillas. Otro día ganará el séptimo Balón de Oro. Y la duodécima Champions. Y marcará un hat trick sólo con tantos de vaselina. Impossible is nothing, nos dice su marca, aprovechando un eslogan creado, no hay duda, por un publicista culer.

¿Cómo se lo podremos agradecer?


Las radios estaban ayer inundadas de mensajes de oyentes que piden, exigen, reclaman ya el cruce con el Real Madrid. Messi ha exorcizado el miedo de un pueblo históricamente medroso. Messi tiene a todos los futboleros del planeta con la boca abierta, asombrados de su magia, de su encaje milimétrico en esta maravilla de Xavi, Iniesta, Busquets y compañía. Messi extermina todos los debates con su voracidad y su precisión. Puede que el Barça no gane esta Liga; en ese caso, peor para la Liga, nadie hablará de ella.

¿Cómo se lo podremos agradecer?



Pongámonos solemnes. Kubala hizo que nos construyeran el Camp Nou. Cruyff, Maradona, Schuster, Stoichkov, Romário y Rivaldo lo elevaron a la categoría de templo del buen fútbol. Ronaldinho le devolvió la sonrisa. Messi lo honró desplegando ahí su leyenda. 


¿Cómo se lo podremos agradecer?


La Bestia Parda es de pocas palabras y no hace mucho anunció que le gustaría terminar su carrera en Argentina. El pinchazo de celos que sintió el barcelonismo fue doloroso. Pero se ha ganado el derecho a elegir. Seamos generosos con él, seámoslo con nosotros, con nuestro fútbol y nuestra historia. Cuando cruce el charco, dejará tras de sí la leyenda más grande jamás contada: la que tuvo lugar en su estadio, en el Estadi Leo Messi.

lunes, 27 de febrero de 2012

Nuestra musa



El proceso de creación artística tiene un momento de misterio fascinante. Es aquél en que el autor da con la idea feliz, con el trazo adecuado, el acorde justo. ¿Qué se le cruza por la cabeza al genio cuando da con la tecla? ¿Qué oscuro mecanismo se activa para que pueda intuir la belleza, captarla e inmortalizarla?


A pesar de que los grandes creadores se han hecho a base de mucho trabajo, muchas horas y, a veces, de mucho dolor, existe un cierto consenso en que esas ideas felices son instantáneas. Una luz se enciende y ahí está el arte. Para  referirse a este afortunado instante de inspiración los clásicos se referían a la visita de las musas.

A los que nos habría encantado saber cómo lucían las musas de Tolstoi, de Lennon o de Tolkien en el momento de alumbrar obras eternas el fútbol nos hizo ayer un regalo. Una cámara impúdica nos regaló un plano de tres inolvidables segundos en que vimos  mejor que nunca cómo Messi crea arte. Vimos esos ojos de tiburón despertar, vimos ese olfateo del poste vacío, ese cálculo de la parábola. Y sólo una décima después, el arte.