lunes, 11 de mayo de 2009

El primer mandamiento

El Balón bajó de la montaña y dijo al pueblo: 'Sólo quien lo desee de verdad podrá ganar'". Ése es el Primer Mandamiento del fútbol y la vedadera clave de una final. Quererlo más que el rival, soñar más que el rival. Por eso da miedo este Athletic que está preparando la final desde hace tres meses, que ya está en Valencia, que ayer conseguió atraer a 20.000 aficionados a un entrenamiento.
Si el Barça -que jugará con suplentes y tiene a varios titulares lesionados- consigue igualar la ambición del Athletic, será campeón gracias a su fútbol. Pero si no, es el guión de un partido que ya hemos visto, la crónica de una muerte anunciada. Como las semifinales del pasado año en la misma competición: jugaba el Barça contra uno de los Valencias más famélicos que se recuerdan. Esataban desesperados, no tenían nada más. Por eso ganaron.
Si algo bueno hubo en la negra jornada de ayer es que el Barça no se fue de celebración. En esta santa casa sabemos bien lo que es celebrar un título, comparecer a los tres días en una final y llevarse un 4-0 y varios cubos de lágrimas a la cama. Ocurrió en el 94 en Atenas. La clave no fue la superioridad táctica de Capello sobre Cruyff; fue la actitud de los futbolistas. Estaban saciados y se notó. Otro caso sangrante: hace dos años, el Espanyol se plantó en la final de la UEFA. Palmó en los penaltis. Sus jugadores perdieron la tensión competitiva, y el domingo siguiente perdieron 1-5 contra el Getafe. También sabe mucho de este asunto Mancini. Su Inter arrasó en la Serie A de 2007 y se llevó el scudetto. Diez días después le tocó jugar la ida de la final de Copa contra la Roma. Resultado: un histórico 6-2 para los de Spalletti.
Es una cuestión psicológica, de apretar los dientes y querer sufrir. Bien merece la pena por el único título que El Barça lleva 11 años sin celebrar. De no hacerlo, la derrota es el segura. Es el precio de no cumplir el primer mandamiento.

domingo, 10 de mayo de 2009

Tonight, Tonight

Hoy, este post viene con una canción obligada: http://www.youtube.com/watch?v=EsZYqaSc4cU
Comencemos, pues. O mejor dicho, acabemos. La cita es a las 19.00 horas. Once contra once, tres puntos en juego y los ojos del mundo del fútbol puestos en el Camp Nou. Tres años después, un título asoma. Cómo hemos cambiado, de los tiempos de Ronnie a los de Xavi y Messi. En medio, el Tamudazo. La vergüenza de la 2007-08.
El fútbol contiene hoy la respiración para ver si el ballet de panzers de Guardiola suma una victoria más y deja escrito en la historia que en la 2008-2009 convirtió la Liga en un Joan Gamper, a sus rivales en Os Belenenses, al Madrí en un absurdo conejito de Duracell.
Las gradas huelen a ola, Canaletes se prepara para su tercera sacudida en una semana -a veces parece imposible que no se venga abajo esa añeja y heroica fuente- y el cava burbujea en los frigoríficos. Queda el último empujón, el golpe de gracia, el apoteosis.
Creamos. Soñemos. Trasnochemos. Será todo esta noche:
We'll crucify the insincere tonight / We'll make things right / we'll feel it all tonight / We'll find a way to offer up the night tonight / The indescribable moments of your life tonight / The impossible is possible tonight / Believe in me as I believe in you, tonight.

jueves, 7 de mayo de 2009

El pueblo elegido

Abrazos con desconocidos. Lágrimas furtivas. Gritos y cánticos a media noche. Bufandas al vuelo, reconciliaciones matrimoniales. Y todo por una revelación: el fútbol ama al Barça.
El barcelonismo se refociló ayer en la felicidad más completa ante el desastre de ese equipazo ruin llamado Chelsea. Los africanos de Abramovich, su ejército de mercenarios, acabaron llorando, desquiciados, enloquecidos ante la triste realidad de que a pesar de su potencia y su competitividad, nunca serán Iniesta, nunca serán del Barça.
Tenía razón John Carlin hace un par de meses en su homenaje a Essien, titulado El impacto del bisonte africano: "Essien -lateral, central, centrocampista defensivo y goleador- es un superhombre. El entrenador, o jugador, o aficionado que no desee tenerlo en su equipo no entiende nada. Con Essien, se juega con ventaja. Vale por dos y su espíritu guerrero inspira fe en la victoria y contagia a los compañeros. Uno siempre va a querer jugar con Essien en el equipo, y no en contra".
El fútbol, sin embargo, es otra cosa. El fútbol prefiere a Iniesta, el Ángel Exterminador, y este blogger pudo visitar Canaletes y beber de sus aguas a la salud de los culés exiliados, a la salud de una noche no muy lejana en que un chut de Scholes nos privó de jugar la final más grande (http://lacavernaazulgrana.blogspot.com/search/label/Canaletes).
Fue ahí, en La Meca, donde leí estos mensajes:
"M'he quedat afònic cridant en un pub irlandès ple d'animals anglesos". David, Pekín.
"Que gran és el fumbol". Ferran, Barcelona.
"Dime que estás bien, anda". Gonzalo, Nueva York.
"En mi vida había oído chillar tanto. Hay cuatro abuelos que no he visto en mi vida dándose palmaditas (...)". Patricia, Barcelona.
"Fantastic!" Tomek, Polonia.
"Ké grande..." Miguel, madridista de Vigo.
"Glorioso!" Josete, Málaga.
"No sé què dir. La millor setamana blaugrana des que vaig anar per primera vegada al temple culé fa 32 anys". Toni, Barcelona.
¿Quieren saber quiénes son ellos? Miren la foto. Se les ve al fondo, justo detrás de Iniesta. Son el pueblo elegido.

martes, 5 de mayo de 2009

'Football' bueno, 'football' malo

Inventaron el fútbol y lo exportaron. Desde entonces se dedicaron a maltratarlo dentro del campo y a venerarlo fuera de él. Sólo en Inglaterra, cuna de este deporte universal, podía darse una cultura capaz de amar la pelota, el pub, las pintas y los rugidos tanto como las segadas, las peleas de borrachos, el patadón p'arriba y los contactos físicos que denominaríamos no deseados.
Las estadísticas del Barça contra clubes ingleses son para echarse a temblar, y no es necesario recordar el historial de tragedias azulgrana en esta competición ante rivales menos dotados técnicamente. El juego directo y ramplón se ha atragantado históricamente a los azulgrana, que mañana juegan el que es probablemente el partido más difícil del año en el feudo del millonario Abramovich, el hombre de quien la FIFA dijo que era un peligro para el fútbol. En Stamford Bridge espera una pléyade de estrellas hambrientas (Essien, Drogba, Terry) pendientes de lograr el único título que les tortura después del increíble error en los penaltis de la última final que protagonizó su capitán (http://www.youtube.com/watch?v=KqwaO_54afk). Espera un ambiente terrible y sobre todo, espera la quinta esencia del fútbol inglés, ese regalo llamado Frank Lampard.
El ocho del Chelsea, un ejemplo de centrocampista llegador y exquisito, emocionó al mundo del fútbol en las semifinales y final de la última Champions, cuando su madre acababa de morir y ya se cocía su separación de su señora. (http://www.youtube.com/watch?v=TRB0EDKVbrY&feature=fvsr). Por encima de esa otra rareza que es Gerrard, Lampard representa junto a las pintas y los pubs, lo mejor del fútbol inglés.
Pero adonde el Barça viaja no es a un templo de románticos enamorados del balón, sino a uno de los estadios más duros del planeta, donde Terry o Ballack no tendrán inconveniente en jugarse la roja a cada acción. Los permisivos arbitrajes UEFA, ante un fútbol por naturaleza como el británico, dan miedo. De entre todas las acciones con que podría ilustrar el amor inglés por el tackle y las entradas salvajes, me quedo con ésta: http://www.youtube.com/watch?v=uOivzoRc0I8&feature=related. Su autor responde al nombre de Boris Johnson y, atención, no es un alcohólico sacado de algún frenopático de la zona cinco de Londres, sino el alcalde de la ciudad, que hizo esta barbaridad en un partido benéfico. ¿Se imaginan a Hereu?
A pesar de Lampard, el fútbol no merece otra final entre ingleses. El fútbol se inventó para evolucionar, no para quedarse en la prehistoria; el fútbol ama al Barça.

domingo, 3 de mayo de 2009

Obra maestra

¿Qué recordaremos dentro de medio siglo cuando se hable de la tarde del 2 de mayo de 2009? La actuación del Barça fue tan sublime que costará explicarla. A pesar de las evidencias, el partidazo de ayer fue algo distinto a una humillación. No llegó desde el rencor, como han llegado tantos triunfos en ese feudo de la mano de Cruyff, de Luis Enrique, de guerreros antimadridistas.
El 2-6 respondió a otra cosa, a una ecuación matemática, un ejercicio de justicia universal que rara vez se ve en el fútbol. La exhibición llegó tocando el balón primorosamente, a pases cortos, triangulando a lo largo y ancho del Bernabéu. Gente como Xavi, Iniesta, Messi o Piqué no jugaron para aniquilar al rival, sino dando un sentido pedagógico a su despliegue: "A esto se juega así", se escuchaba a cada combinación. "Es que os vamos a machacar porque somos mucho mejores", decía Henry a cada aparición por la banda.
El memorable partido de ayer quedará fijado en los libros como el día en que el fútbol desnudó la diferencia existente entre dos equipos, uno que representa la estética, alegre y otro que lo fía todo al entusiasmo. Será la tarde en que dos conjuntos de récord, separados sólo por cuatro puntos, se midieron para dejar claro quién era el mejor. Unos chutaron cuatro veces, los otros, 14. El abismo que se abrió entre ambos fue incalculable. Los locales quedaron retratados como una mentira futbolística, y los visitantes ingresaron formalmente en la galería de equipos legendarios.
La larga noche de alaridos azulgranas sirvió también de epílogo del Madrí de Capello, una miseria balompédica que reinó en España durante dos años apostando todo a las áreas y despreciando el centro del campo, justo la zona donde el Barça le barrió. El funeral de ese equipo ganador de Casillas, Van Nistelrooy, Raúl, Ramos e Higuaín se celebró ante 80.000 espectadores, con el balón como oficiante y la esperanza en una vida mejor de la mano de Florentino, que sacará la escoba para devolver algo de brillo al conjunto de Nanín.
El Barça cumplió ayer con su labor: con una obra maestra, redujo al Madrí a cenizas. Canaletes sonríe y el mundo es un lugar mejor.
PD: La Banda, esta Banda, fue la que enterró al increíble Barça de Ronaldinho. De eso se acordó Messi, todo un ilustrado que en el Bernabéu demostró conocerse la historia de Aquiles, su difunto primo y su venganza ante Héctor: «Cuando despojabas el cadáver de Patroclo, sin duda te creíste salvado y no me temiste a mí porque me hallaba ausente. ¡Necio! Quedaba yo como vengador, mucho más fuerte que él, en las cóncavas naves, y te he quebrado las rodillas».

viernes, 1 de mayo de 2009

La misión

Desde la Biblia hemos crecido con la nociva idea de que existen un bien y un mal absoluto. Las sucesivas civilizaciones que hemos conocido se han asentado en base al odio al enemigo (los celtas, los romanos, los godos, los moros, los borbones, qué más da) y esta concepción maniqueísta del mundo, que tan poco ayuda a la convivencia, sirve a la perfección para explicar la pasión del Clásico.
Será hora y media y será en el Bernabéu, esa plaza donde el color azulgrana es el Anticristo del mismo modo que en Barcelona el color blanco evoca lo peor de la condición humana. Si los chavales de Pep logran ganar, el sábado por la noche será de fiesta, pólvora y excesos junto al Mediterráneo. El empate también sería una proeza que equivaldría al título. La derrota dejaría al líder aún por encima pero con la moral tocada ante la persistencia de un rival obstinado y ganador.
Para vivir esa hora y media que algunos les recuerda lo bonito que es vivir, esta Caverna ha trasladado su base de operaciones a Amsterdam, ciudad amiga, rincón donde nacieron Michels y Cruyff, los hombres que llevaron a Barcelona la exótica idea de que al enemigo hay que atacarle con extremos, con el balón y llevando a la grada un sentimiento: "Estos son los mejores". Proclamar eso en el Bernabéu, combatir el mal absoluto, ésa es la mision del barcelonismo.

miércoles, 29 de abril de 2009

Cuatro empates, dos títulos

Mientras el pánico ya ha cundido definitivamente en el hogar de esos culés ejemplares que son los Collado, esta Caverna se permite un ejercicio de pragmatismo. Si contamos el 2-2 de Mestalla y el 0-0 de esta noche grande, y especulamos con un empate en el Bernabéu y otro más en Stamford Bridge, obetenemos lo siguiente: en el momento crucial del año, cuatro empates nos valdrían para ganar un título (la Liga) y llegar a una final de Champions. Ni más ni menos.
De entre las cosas malas que se han visto esta noche, la peor es la lesión de Márquez, que no volverá a jugar en lo que queda de temporada. A esa pésima noticia se ha unido ese prodigio de ineptitud que es Puyol consiguiendo ver una amarilla que le impide estar en Londres (malo) y que encima garantiza su concurso en la finalísima.
De entre las cosas buenas, que Valdés ha evitado una tragedia, que Iniesta y Messi las han pedido todas -lo del argentino no es preocupante: a cada actuación discreta suya sigue un recital- y sobre todo, que éste no es el Chelsea de hace tres años -en que a cada contragolpe, con Duff, Cole, Robben, Cole, Drogba y hasta Guddy aquello parecía el fin del mundo- y ni siquiera es el United del año pasado. Cabe recordar que aquel Manchester, que nos eliminó tras otro 0-0 en el Camp Nou, ganó la Liga inglesa de forma arrolladora, mientras que los de Abramovich pueden estar contentos si aseguran la tercera posición.
Por último, un dato para la esperanza: los dos últimos títulos europeos del Barça (la Recopa del 97 y la Champions de 2006) llegaron tras empatar el partido de semifinales en el Camp Nou, contra Fiorentina (1-1) y Milan (0-0).
Lo de esta noche es un gran resultado. Pero mejores aún serían los dos próximos empates, con goles, por supuesto, dado que es imposible empatar a cero con una defensa integrada por Nuestro Heroico Capitán y el amigo Piqué.

domingo, 26 de abril de 2009

Es la guerra

"Sabéis lo que hay ahí, esperando, en esa playa? ¡La inmortalidad! ¡Tomadla, es vuestra!" (Troya, 2003)
La semana clave por fin ha llegado, con la puntualidad con que llega lo inevitable. Es 26 de abril y por delante quedan siete días para que el Barça mida realmente si está llamado a la gloria. Por delante, esa maquinaria de destrucción llamada Chelsea, armada a golpe de talonario y con los temibles Lampard, Terry, Drogba y Essien en su mejor momento del año. Después, el Madrí, esa secta que ha convertido su fanatismo su mejor arma para ganar y ganar.
No es a estos equipos a quienes el fútbol mide esta semana, sino a un Barça que lleva toda la temporada admirando al mundo por su juego, que tiene los mejores números de Europa pero que aún debe demostrar que sabe competir el día clave. Es la semana en que sabremos si la moral del vestuario es más sólida que la de la cobarde afición azulgrana, si Xavi, Iniesta y Messi creen de verdad en el triplete.
Es ahora, en esta batalla en tres actos, cuando desvelaremos el enigma: ¿Será recordado este Barça como una virguería maravillosa que estaba demasiado verde para vencer, o como un conjunto invencible, que en el año 2008-09 de nuestra era arrasó a todo el que se le puso por delante? Seria cuestión ésta, que requiere del mecanismo mediante el cual la humanidad ha dirimido hostóricamente las cuestiones de supervivencia. Llámenle fútbol, llámenle guerra.