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miércoles, 25 de abril de 2012

El luto



El drama no se lo ahorra nadie, pero hay ciertas cosas que le pueden ayudar a vivir un duelo digno:

-Recordar que nadie le obligó a ser aficionado al Barça de fútbol. Ahí estaban la Santboiana, el Atlètic Barceloneta o el Reus.
-Comprender que el Barça es un equipo catalán y que, como tal, para ganar necesita mucho más de lo que pueda necesitar cualquier otro.
-Reflexionar en su fueron interno sobre la fortuna, el "hoy no toca", etcétera. ¿Lo creen de verdad?
-Plantearse cómo hemos podido llegar tan lejos con un solo delantero, que, aunque no lo parezca, es humano. 
-Carcajearse ante la mierda de defensa con que hemos llegado a unas semifinales de Champions. Desde hace un par de meses Puyol parece bueno, dónde va a parar.
-Pensar que si ustedes están jodidos, cómo estarán los hiperprofesionales de ese vestuario, que los hay, y muchos, cuando mañana por la mañana se pongan un peto para entrenar. 
-Acariciar un gato mientras piensan en la venta inmediata del Cumbias y el ultimátum a Sex. 
-Acercarse a la Ciutat Esportiva para gritarle a Xavi, Busquets, Pedro, Valdés, Thiago, Puyol e Iniesta que ni de puta coña vayan a la puta Eurocopa. Villa sí puede ir, faltaría más. Y Sex y Piqué, que hagan, como siempre, lo que les dé la gana.
-Elegir el equipo al que animar durante esa Eurocopa. Muy de Italia.
-En un gesto insólito en la historia del fútbol, cagarnos en la monarquía corrupta de este país firmando una moción a favor de que no disputemos la final de Copa del Rey: el Athletic lo celebrará infinitamente más y sólo por eso  se merece ganarlo. 

Y más importante: 
-Rezar arrodillado por la renovación de Guardiola. El neonuñismo da un miedo terrible. Rexach acecha. Y este equipo tiene cuerda.

lunes, 23 de abril de 2012

We are football




Abdicar o consagrarnos. Ceder el trono -aunque sea temporalmente; este equipo tiene mucha cuerda aún- o consagrarnos de nuevo como el equipo más grande que han visto los tiempos con un nuevo hito. La disyuntiva no llega en buen momento. La culerada anda depresiva, varios jugadores clave están fuera de forma, la suerte nos es esquiva, y, por primera vez en años, hay un incendio en el vestuario, ingredientes de sobra para que los buitres del nuñismo hayan vuelto a revolotear.

La misión es remontar a un equipo de leyendas al que, después de un insólito resbalón, el fútbol le debe algo. No es el mejor momento para ser optimistas, pero, aunque sea por una sola vez en la vida, sí para ser justos: este equipo merece crédito. ¿En quién vamos a confiar alguna vez si no confiamos en esta gente? Sobre el césped se verá lo de siempre. Desde que Cruyff ancló en esta ciudad su sabiduría y su vanidad, la historia del Barça ha sido la de jugar al ataque para reventar autobuses. Casi 25 años ya lidiando contra defensas de nueve, ayudas dobles y triples, faltas tácticas, contragolpes de vértigo; como siempre, habrá que aguantar, tocar rápido, abrir a banda, combinar, tener paciencia. Así fracasamos el miércoles y volvimos a fracasar el sábado: fue el triunfo de la fealdad.

No importa. Es el momento de reivindicar el lema con que conquistamos Wembley, ese atronador We love football, y darle una vuelta: We are football. Analfabetos del mundo, trogloditas del balón, siéntense a disfrutar. Mañana juega el Barça.

jueves, 19 de abril de 2012

No era una final



Fútbol: dícese de la modalidad bélica que oscila entre el deporte y el juego de azar. Tenis: gana el bueno. Atletismo: arrasa el bueno. Ciclismo: gana el más dopado. Etcétera. Fútbol: desde Obdulio Varela, todos ganan. Bien lo sabe el Barça. Este año ha cedido ante equipos menores de maneras troglodíticas como son el Getafe, el Osasuna o el Chelsea. Rivales pequeños con orgullo y sed de victoria.

No es noche de lamentos, al contrario. Es una noche para valorar que en un deporte tan dependiente de la suerte, este equipo épico haya ganado 13 de 16 títulos, lo nunca visto. Tampoco es noche de reproches: hubo quien pedía ayer un Larsson en el equipo, hasta alguno dijo echar de menos al tal Villa, como si en su posición no jugara el mejor futbolista que habremos visto en nuestras vidas.

No hace tanto tiempo, la posibilidad de llegar a una final europea con tan sólo ganar por dos goles en casa habría sido un regalo de los cielos. En el tiempo moderno, nadie merece tanta fe como el equipo de Busquets. Y no lloren, por Dios, a pesar de los 24 disparos a favor y cinco en contra, el fútbol no fue tan cruel: no era una final.

miércoles, 18 de abril de 2012

Stamford Bridge vale un escroto



Quienes escribimos de fútbol recibimos en ocasiones críticas por usar un lenguaje y un imaginario excesivamente bélico para narrar lo que no deja de ser un deporte. A ellos van dedicadas estas noticias: este fin de semana, un jugador de Tercera Regional agredió en Girona a otro después de reconocerle como agente de los Mossos d’Esquadra. Casi simultáneamente, a muchos kilómetros, Silva, futbolista de Boca Juniors, se enzarzaba a puñetazos junto a varios compañeros contra aficionados del Tigre; tanto empeño puso el angelito que se rompió la mano durante el rapto. Etcétera.

En todo ello conviene pensar antes de una semifinal europea que se juega en campo del Chelsea, cuna de los terribles Headhunters, nido de ese buitre llamado Abramovich, comandado por los indomables Terry, Lampard y Drogba. Todo huele a violencia ante una noche como la de hoy, más aún si recordamos lo sucedido hace ahora tres años. Por si la ocasión no fuera suficientemente grave, este equipo forjado de petrodólares y maldito en la Champions buscará hoy venganza. 

Desde aquí les queríamos pedir fe, será un partido duro, y resignación, cómo vamos a jugar una semifinal fuera de casa sin sufrimiento. Y para que lleven mejor el trance les quería hablar de M. O., amigo de esta cueva que la noche del Iniestazo vio el partido en un rincón ultrabarcelonista donde el gol vino acompañado de un formidable estallido de botellas, muebles y avalanchas. En la detonación, M. se golpeó en el escroto con una silla y sufrió una herida interna en tan sensible zona que le dejó un notable hematoma. Dicho recuerdo fue desplazándose en posteriores días hasta alcanzar su pene, donde finalmente se reabsorbió.
 
Prepárense. Sonrían a la tormenta y recuerden, qué cosa hermosa es el fútbol.

domingo, 15 de abril de 2012

Bienvenidos a Botswana


"We'll crucify the insincere tonight"
Smashing Pumpkins


No hablaremos hoy del demócrata de toda la vida que mató accidentalmente a su hermano, que recibió el cargo de manos de un dictador, que protegió a los golpistas contra la democracia, que ocultó los delitos de su yerno cleptómano y que se fue a África a celebrar tanta impunidad.

Nada de eso: hoy escribimos sobre la feliz coincidencia de que un año más el Barça sea el encargado de quitar la máscara a los dos mayores monumentos a la mentira que existen en el planeta fútbol: La Banda del Tito Flo y el Chelsky de Abramovich. El modus operandi de ambos caudillos es similar: amasar una fortuna con métodos Poceros, llegar a un club y soltar una millonada para solventar cada problema. ¿Que mi equipo no combina? Ficho a Mata y Torres, que no combinan pero meten goles y así disimulamos el problema. ¿Que el centro del campo de mi equipo es lamentable? Arreglado, fichamos algún lateral de 30 millones del señor Mendes y listos. Y si el problema persiste, pues traemos a dos Balones de Oro que no sean centrocampistas y a otros tres mediapuntas: seguiremos sin jugar a una puta mierda pero ganaremos a los Osasunas.

El Barça que tratará de desnudar a unos y otros es el de los diez canteranos por partido, el equipo con mejores centrocampistas de la historia del fútbol, el arte del toco y me muevo y vuelvo a tocar. Si el balón transita en esa zona, no hay dudas de cómo acabará el asunto.

Señores Abramovich y Florentino, cuidado con las caídas: les asombraría cuán frágil puede ser una cadera.

jueves, 15 de marzo de 2012

La última legión




John Terry tenía 24 años la primera vez que el barcelonismo vio sus ojos crueles. Era el ambicioso jefe de un equipo vigoroso y eléctrico que contraatacaba con saña a las órdenes de Mourinho; las otras piedras angulares del equipo eran Lampard y Drogba. Impulsados por la incompetencia eterna de Gerard López, aquel Chelsea antipático de Abramovich dejó fuera de cuartos al Barça, pero fue eliminado en semifinales de la máxima competición mundial.


Un año después, Ronaldinho y Eto'o se cobraron entonces su venganza y les eliminaron. Y a pesar de los millones de libras que un verano tras otro el predecesor del Tito Flo metía en el mercado, la Champions siguió resistiéndoseles en 2007: el Liverpool volvió a echarles en los penaltis. La gran oportunidad para los blues llegó en mayo de 2008. Empataron a uno la final jugada en Moscú frente al United. En la tanda decisiva, John Terry, que por entonces no se entretenía acostándose con las mujeres de sus compañeros, falló el penalti que les habría dado la gloria en uno de los resbalones más patéticos que ha visto el fútbol. Era 2008 y aquello parecía suficiente para hundir de por vida las aspiraciones de aquella generación única.


Pero en 2009 volvieron a presentarse en semifinales con el modelo de siempre: defensa cerrada, músculo en el centro del campo y transiciones -cada vez menos rápidas, el tiempo no pasaba en vano-. Cuando ya olían la final, Andrés Iniesta logró el gol de su vida para llevar al Barça a Roma. La cara de Ashley Cole tras ese tanto era impresionante: aquel chut del Ángel Exterminador fue el único del Barça en un partido que el Chelsea tenía ganado. El suplicio siguió para los londinenses y en 2010 se cruzaron con el ansia ganadora del Inter de Mourinho, Eto'o y Milito; no sobrevivieron. En 2011, con el proyecto en clara decadencia, cayeron contra el United en cuartos de la competición que se ha convertido en su gran obsesión.


Y aquí estamos, en 2012. Eliminatoria a vida o muerte contra unos italianos que cuentan con dos goles de ventaja. El Chelsea les doblega con un 4-1. Entre los goleadores, Drogba (34 años), Terry (31) y Lampard (33). Son la última legión. Su historia es trágica y su rencor, temible.

martes, 5 de mayo de 2009

'Football' bueno, 'football' malo

Inventaron el fútbol y lo exportaron. Desde entonces se dedicaron a maltratarlo dentro del campo y a venerarlo fuera de él. Sólo en Inglaterra, cuna de este deporte universal, podía darse una cultura capaz de amar la pelota, el pub, las pintas y los rugidos tanto como las segadas, las peleas de borrachos, el patadón p'arriba y los contactos físicos que denominaríamos no deseados.
Las estadísticas del Barça contra clubes ingleses son para echarse a temblar, y no es necesario recordar el historial de tragedias azulgrana en esta competición ante rivales menos dotados técnicamente. El juego directo y ramplón se ha atragantado históricamente a los azulgrana, que mañana juegan el que es probablemente el partido más difícil del año en el feudo del millonario Abramovich, el hombre de quien la FIFA dijo que era un peligro para el fútbol. En Stamford Bridge espera una pléyade de estrellas hambrientas (Essien, Drogba, Terry) pendientes de lograr el único título que les tortura después del increíble error en los penaltis de la última final que protagonizó su capitán (http://www.youtube.com/watch?v=KqwaO_54afk). Espera un ambiente terrible y sobre todo, espera la quinta esencia del fútbol inglés, ese regalo llamado Frank Lampard.
El ocho del Chelsea, un ejemplo de centrocampista llegador y exquisito, emocionó al mundo del fútbol en las semifinales y final de la última Champions, cuando su madre acababa de morir y ya se cocía su separación de su señora. (http://www.youtube.com/watch?v=TRB0EDKVbrY&feature=fvsr). Por encima de esa otra rareza que es Gerrard, Lampard representa junto a las pintas y los pubs, lo mejor del fútbol inglés.
Pero adonde el Barça viaja no es a un templo de románticos enamorados del balón, sino a uno de los estadios más duros del planeta, donde Terry o Ballack no tendrán inconveniente en jugarse la roja a cada acción. Los permisivos arbitrajes UEFA, ante un fútbol por naturaleza como el británico, dan miedo. De entre todas las acciones con que podría ilustrar el amor inglés por el tackle y las entradas salvajes, me quedo con ésta: http://www.youtube.com/watch?v=uOivzoRc0I8&feature=related. Su autor responde al nombre de Boris Johnson y, atención, no es un alcohólico sacado de algún frenopático de la zona cinco de Londres, sino el alcalde de la ciudad, que hizo esta barbaridad en un partido benéfico. ¿Se imaginan a Hereu?
A pesar de Lampard, el fútbol no merece otra final entre ingleses. El fútbol se inventó para evolucionar, no para quedarse en la prehistoria; el fútbol ama al Barça.