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miércoles, 12 de junio de 2013

Las notas (II). El ocaso del mejor.


Ya no somos lo que fuimos. La superioridad abrumadora en la cocina del juego se ha esfumado en las grandes noches, salvo por aquella locura colectiva contra el Milan. Se ha echado en falta hasta a Keita, tan importante en el vestuario como anodino sobre el césped, y con eso está todo dicho. Ha faltado la fuerza y la osadía que tienen los mejores. Sería placentero culpar de todo ello a la ortopédica solución de poner a Sex a hacer de Iniesta, pero para qué engañarse. Señores, la abuela nos ha dado un susto, se ha caído, y se ha abierto la cabeza. Señores, cuidemos mucho de la abuela, mimémosla, que todos oímos, nítido, su tic-tac.

Busquets. 7. Sufrido. Resulta imposible hablar mal de alguien que nos llena los ojos en cada partido con su astucia, su sabiduría, su orgullo. Sergio, inventor del taichí con balón, ha vivido un auténtico calvario este año. Hay quien apunta que ello se ha debido a la necesidad de retrasarse demasiado para arropar a nuestros fraudulentos centrales. Su implicación sigue en aumento y se le oyó levantar la voz tras la remontada ante el Milan; desde aquí rezamos para que entre ya en el club de los capitanes por delante de los Moc-Lannister. Ésta ha sido posiblemente su temporada más discreta desde su llegada, ojalá sea también la que más le ha enseñado.

Song. 5. Creciente. Durante medio año nos ha parecido un nuevo horror made in Arsène, pero seamos honestos e imaginemos lo que supone para un mazas de 1,83 llegar de la Premier e intentar encajar en ese engranaje de reloj hecho de triangulaciones y espacios. Su final de temporada ha sido muy digno, es un jugador fuerte, que recupera mucho, sabe tratar el balón y hasta se incorpora con criterio. Puede que merezca más oportunidades, puede que nosotros merezcamos saber quién dijo de él que podía ser central.

Xavi. 6. Crepuscular. Contra el Milan tuvo su gran noche con dos asistencias de astro. Pero su año ha sido una pesadilla, con las lesiones, sin esa mínima frescura que le permitía ser antes el futbolista azulgrana que recorría más kilómetros. Les daré un dato: si miramos la suma de goles y asistencias desde que en la Eurocopa de 2008 se consagró como el mejor centrocampista del planeta, comprobamos cómo ha pasado de 35 (2008-09) a 20, 22 y 29 (la pasada campaña). Este año, su cosecha ha caído hasta los 16. A ello se une una cierta sensación de pérdida de mando sobre el césped que nos ha hecho recordar, snif, que hasta las mejores cosas de la vida se acaban algún día. Esperemos que sea consciente de ello y se dosifique en las dos temporadas a alto nivel que le quedan. 

Thiago. 5. Enigmático. Todos recordamos que la venta de De la Peña nos sumió en la desesperación en un primer momento y que pasamos a aplaudirla mucho antes de verle jugar a los hermanos-de-sangre-te-quiero-tío con un tal Tamudo. También sabemos que ni Xavi ni Iniesta mostraban su nivel con 22 años. Difícil asunto. Aunque fuera cierto que es un jugador que se arrastra en los entrenamientos, en este agujero siempre amaremos a los futbolistas que pisan la pelota, driblan a los rivales y arrancan con la furia que sólo le habíamos visto a Romario. Ojalá tenga otro año. Ojalá quiera otro año. Ojalá siga dejando obras de arte como ésta. 

Iniesta. 9. Líder. Su romance con el balón viene de lejos, pero lo de este año ha sido distinto. Andrés Iniesta, segundo mejor jugador del mundo en 2010 y tercero en 2012, ha dado esta temporada algo más. Se le ven los galones, los 29 añitos. Un profesional ejemplar que cada vez tiene menos inconveniente en dejar ante los micrófonos mensajes al resto del equipo. Sobre el césped se le ha visto seguro y ambicioso; incluso en los peores días, las ha pedido todas. A cada partido que pasa, minimiza un poco más a Zidane; en cada partido se las apaña para pintarnos una perfecta cara de asombro. Y por cierto, logra su mejor marca con 23 goles más asistencias.

Sex. 6. Sobrado. A Sex le sobra media temporada, la que va de septiembre a diciembre. Empezó el año con ambición, hinchándose a golear y asistir contra equipos de poca monta, algunos de sus mejores partidos tuvieron lugar en Vallecas y Riazor. Sus ganas de venganza nos entregaron al media punta con ojos venenosos que ya disfrutamos durante los tres meses que se dignó jugar en la 2011-2012. Y puede que tocara techo en el Pizjuán, con dos golazos y forzando la expulsión de Medel. A día de hoy, hasta en esta Caverna admitimos que esta Liga, la primera de su carrera, le pertenece. Pero a Sex le sobra media temporada y le sobra autocomplacencia. Le sobran las risas en los entrenamientos y prepotencia ante el mundo -qué difícil es encontrar a alguien como él, de quien absolutamente todo el mundo puede decir algo malo; ése parece ser su caso-. A Sex le sobra lentitud y le sobra creerse mejor que Iniesta, a quien llegó a desplazar al extremo en detrimento del juego de todo el equipo. Le sobran también los números: por segundo año consecutivo, es el mejor de cara a puerta por detrás de La Bestia Parda, aunque el año pasado sumó 33 goles más asistencias y éste se ha quedado en 28. A Sex le sobran las grandes citas, en las que fracasa invariablemente, y le sobra su amigo moc-moc, que le desaconsejará dejar la ciudad y aceptar alguno de los ofertones que tiene de Inglaterra en un año previo a Mundial, en el que todos los grandes deberían querer jugar. En definitiva, Sex le sobra al Barça, y seguramente, Sex se sobra a sí mismo.

Las chicas de la curva. S/C. Mitológicas. Sí, pensábamos referirnos aquí al tal Jonathan dos Santos y al tal Sergi Roberto. Pero sus casos tienen todos los ingredientes clásicos de una leyenda urbana. ¿Ustedes les han visto? No, señores, les ha visto el vecino del primo de un amigo. Vamos, que nadie les ha visto, joder. Siguen ahí, en la curva más cerrada de nuestra imaginación.

domingo, 3 de junio de 2012

Las notas (II). Busquets rules.



No deberíamos perder de vista que a pesar de los dimisonarios y de la lógica caída de actitud de varios futbolistas, el año ha sido sobresaliente, con cuatro títulos y un fútbol extraordinario. Y como en los equipos de verdad, es en la medular donde se ha cocinado ese nivel de excelencia.

Busquets. 9,5. Cacique. En un equipo plagado de campeones del mundo, futbolistas de leyenda y halloffamers, el jefe tiene 23 años. Mueve toda la maquinaria en diez metros cuadrados, enseña el juego de posición a los jóvenes, da salida a los veteranos, recupera, presiona, empuja. Sin gritos ni violencia, sin aspavientos. Se ha quedado en dos goles y tres asistencias pero nadie ocupa el espacio como él y nadie cuaja esas gloriosas bibicletas a cámara lenta. Guardiola habla de él como el capitán del futuro pero aunque no tenga aún los galones, ya es quien manda con el balón en juego.

Keita. 8. Generoso. Es cierto que cuesta vibrar con este hombre de semblante pétreo, pero seguro que se le echará de menos si finalmente abandona el club. Los vestuarios necesitan gente sacrificada y profesional, y en los minutos que ha jugado ha demostrado que se aprende mucho entrenando con Xavi cada día. Nos deja ese alarido contra el Sporting. Dentro de muchos años, cuando hablemos de este equipo, seguramente olvidaremos mentarle; haremos mal.

Xavi. 9. Lastrado. Al portador de la llama le empiezan a pesar los años y los kilómetros. Ha culminado su mejor año de cara a puerta con 14 tantos pero llegó muy castigado a la semana clave, cuajando partidos discretos contra Chelsea y La Banda. Su caracoleo es un lujo asiático que marca la distancia exacta entre el Barça y el resto: Khedira lo contempla asombrado ante el televisor; sus médicos le han prohibido intentar hacerlo. Sería bueno que el año que viene asuma que no puede jugar 50 partidos porque en mayo volveremos a necesitar al mejor centrocampista del mundo.

Thiago. 7. Discreto. Con la calidad que atesora, su año nos llena de melancolía. Nadie pisa el balón como él, nadie juega tan perpendicular sobre el terreno de juego, con la cabeza tan alta. Y tuvo minutos. Pero lo suyo ha sido un baile sin beso, una canción sin estribillo. No cuestionaremos aquí su acento de Pedralbes ni su aparente sociabilidad nocturna, pero el año que viene -si lo hay- es obligatorio que decida partidos, que demuestre que la calidad sirve para ganar.

Iniesta. 8,5. Intermitente. Nunca entendimos por qué Zidane fue tan vulgar como para acabar sus días junto a Makelele. Para redimir aquel error estético, el fútbol nos ha regalado al jugador más elegante de esta generación. Cuando pisa, el césped no cede, cuando esprinta no hace ruido. Su clase es única. Pero incomprensiblemente ha estado media temporada compitiendo a goles con Tello y a asistencias con Adriano. Para el próximo año habría que organizar manifestaciones multitudinarias para evitar su exilio a la banda y forzarlo a jugar de volante por la izquierda, posición en la que hizo una memorable final de Copa y dio, posiblemente, la asistencia más bella de la temporada.

Sex. 4. Judas is back. Era diciembre y llevaba tres meses gloriosos, era el segundo futbolista más decisivo del equipo, había marcado en el Averno y sumaba tres títulos. En ese momento, inesperadamente, el capitán del Arsenal decidió recuperar su verdadera identidad y transmutarse en el niñato traidor que en su día engañó al Barça. Y en media temporada, un triste gol. Y eso a pesar de que la defensa de tres, en parte, era para meterle en el equipo. Y a pesar también de que el exilio de Iniesta a la banda también le beneficiaba a él. Pero cuando un jugador no quiere, no quiere, y lo que falló el inepto en Stamford Bridge es impropio de un profesional: Judas tenía la cabeza en otro lado y de ahí su ubicua mirada. Hay que recordar cómo le recibimos aquí en su día y anunciar que si este hombre vuelve a jugar algún minuto la próxima temporada volveremos con redoblados esfuerzos a la noble tarea de la burla constante. Aquí un avance: moc-moc.

Los ni-nis. SC. Missing. Uno de los mayores desastres que han ocurrido esta temporada en el Barça ha pasado desapercibido: a saber, la calamidad gestada por Eusebio en el B. Jugadores prometedores como Sergi Roberto, Jonathan dos Santos o Rafinha han hecho un año vulgar en Segunda y ni siquiera con la baja de Afellay han tenido ocasiones para jugar en el primer equipo. En un momento clave, han tirado el año a la basura y encima han podido comprobar cómo el Judas Bizco jugaba un día sí y otro también junto a Messi. Oremos para que se fijen también en que quien manda es un larguirucho que jamás abandona el círculo central.

domingo, 5 de febrero de 2012

A los que llenan

Tal vez alguno de ustedes haya vivido la traumática experiencia de jugar a fútbol grande. Sabrá sin duda de la desolación que se vive sobre el terreno de juego, de ese monólogo interior que transcurre a años luz de los compañeros. Comprenderá también esa absoluta añoranza del balón, que llega una vez cada cuarto de hora en forma de melón caído de la estratosfera. Para los que lo han jugado, el fútbol es ante todo una experiencia dolorosa y solipsista en que uno se ve obligado a encajar todo tipo de gritos mientras corretea por un espacio gigantesco sin otra compañía que los tacos de los rivales. La pared, la construcción futbolera básica, es una auténtica quimera.
De ahí que quiera hoy reivindicar a los dos colosos que han convertido el juego de Barça en los últimos años en una experiencia coral y estética, exactamente lo opuesto a lo que resulta ser la mundanal realidad de este deporte. Ese juntarse, ese tocar y moverse, y girar y volver a recibir, ese tres contra dos perpetuo... Uno ve jugar al Barça y la apetece unirse a ese eterno juego de asociación.
Nadie como Xavi y Busquets han interpretado esa sinfonía. De ellos se destaca a menudo su juego de primeras, tal vez la técnica absoluta y verdadero sello barcelonista. También habría que señalar su omnipresencia, su aparecer siempre en el sitio en que algún compañero está a punto de sentirse demasiado solo. Ayer no estuvieron sobre el campo: el Camp Nou se acordó de la objetiva fealdad de este deporte, de la importancia de los dos cracks que llenan el campo, nos llenan los ojos y convierten un horror autista en la fiesta de la espuma.

martes, 21 de junio de 2011

Las notas (II). La cocina del infierno.

Cada verano se repite el mismo ritual. El bueno de Tito Flo ficha un par de delanteros tremendos, implacables, y el barcelonismo corre a Wikipedia para constatar que sí, que Xavi nació en enero de 1980 y que por tanto el año se saldará con nuevas humillaciones de La Banda de los Delincuentes. El superhéroe de Terrassa, junto a Iniesta y Busquets, conforma seguramente el mejor centro del campo que veremos en la vida. El papel de secundarios como Mascherano, Keita y Thiago explica el antológico año salido de la cocina del infierno. En cualquier caso, seis tíos parecen pocos y bien haríamos en fichar a otro crack para seguir aumentando distancias con los Gagos.
Busquets. 9. Bigardo. Mejor en defensa, mejor a la hora de abarcar metros y metros con su triste figura, mejor a la hora de tirar amagos, fintas y bicicletas humillantes en slow motion. Cada ausencia suya del once ha sido un pequeño drama y uno no sabe donde está su techo.
Mascherano. 6. Cortosircuito. Era verle jugar el balón y pensar que un día moriremos, que el final está cerca, que nuestros días deberíamos aprovecharlos de otra manera, que no era esto, que Cristo no nos lo perdonará.
Xavi. 9,5. El Barça. Si alguna vez nos preguntan qué demonios fue este equipo, debería bastar con mostrar una cargolada de Xavi entre Khedira y Sabi para explicarlo. 16 asistencias y seis goles, mejorando su nivel del pasado año. Él es el gran Barça. Messi o Iniesta serían grandes en cualquier otro lugar.
Thiago. 6. Buda. Si no juega más, por algo será. Si se dice que molesta a Messi por que va sobrado, qué se le va a hacer. Pero qué maravilla es verle pisar el balón y flotar sobre el césped. Tiene un algo que nos recuerda al De la Pena de 1996 (sí, justo el año en que se retiró). Es la joie de vivre y es un guais. Y le queremos. Y qué diversión máxima como le vendamos para traer a Sex, aquell home que va rumbo a convertirse en el tío más insultado desde Gerard López.
Iniesta. 9'5. Rabioso. El padre de Iniesta aplaude a rabiar todo cuanto hace Messi. Aprovecha cualquier micrófono para decir que la Bestia Parda es "el mejor, pero de largo". Y claro, con un padre así y un Balón de Oro que se escapó por los pelos, cómo no se nos iba a enfadar. Le ha sentado de maravilla. Nunca le habíamos visto chutar con rabia a puerta hasta este año, cuando ha batido su récord goleador con nueve golitos.
Keita. 8. Necesario. ¿Qué más podemos pedirle? Nada en absoluto. Con él ocurre como con el Cortosircuito, nos entran todos los males cuando le vemos sobre el campo. Pero rinde, no se queja, mejora y hasta mete obras de arte. Éstas dos, y el gol que nos dio la Liga.
Los ninis. 2. NS/NC. Por lo visto, los chavales del hijo de Amunike se bastan para ser terceros en Segunda -dato brutal- pero no para alegrarnos la vista de vez en cuando. Una advertencia: todos somos Sergi Roberto.

jueves, 10 de junio de 2010

Algunos hombres buenos

Viendo la plantilla con que empezó el año II en la Mansión Playboy, uno miraba a la medular y se echaba a temblar: cinco tíos para tres plazas. Con un lesionado, las miserias ya eran notables. La furia de Pep mantuvo a los cuatro restantes enchufados hasta el final y han logrado seguir impartiendo tratados de buen fútbol. Ahora, desde el Olimpo, llega el trágico momento de dar pasaporte a un tío que ha dado mucha gloria y mucho sudor al club para darle los dineros que se había ganado al Figo de Arenys. Un sindiós inexplicable que, además, nos dejará la cartera seca.
Busquets. Cachalote. 8. ¿Han visto Océanos? La imagen de las ballenas saltando por los aires, flotando a cámara superlenta, recuerda a esos regates maravillosos que hace nuestro larguirucho favorito. En esta Caverna siempre hemos sentido debilidad por su sabiduría, descaro y habilidad sobrenatural para hacerse apalear. Pero sus lapsus de concentración deben desaparecer si no quiere ser víctima de la lapidación sumaria que ya se ganó este año fallando en uno de los goles encajados en San Siro. Se redimió en la vuelta colgándole las orejas de burro a Motta.
Touré. Marginado. 8. Circulan abundantes teorías para explicar por qué este todocampista ha jugado casi 1.000 minutos menos que Busquets o Keita. Guardiola le achaca una cierta anarquía táctica pero a penas ha cometido fallos que supusieran goles; además, puede echar una mano en defensa y en todas las posiciones del centro del campo. Si se marchara, habría que montarle un partido de homenaje en que Dimitri Seluk y Borat prepararían un discurso dedicado a Guardiola. Y que nadie olvide, por cierto, que se va por dinero, algo de lo que habría en abundancia de no haber sido por Henrique, Cáceres, Keirrison o Hleb.
Xavi. Sabio. 9. Un año más ha recordado que lleva cosido a las botas el paladar del Barça. No ha mantenido su nivel excelso de la pasada temporada pero apareció cuando el equipo le necesitaba: desde el Bernabéu en adelante. La renovación hasta 2016 que le ha regalado Johnny Lapotra es seguramente el más plausible de los disparates cometidos por nuestro desequilibrado presidente desde que entró en su fase teletubby.
Keita. Cerebral. 7,5. Al principio de año recordó por qué en su día le arrebató el premio al mejor jugador de un mundial sub 20 a Xavi y Ronaldinho. Pero su mayor virtud no está en el área contraria, sino en su sabiduría para cubrir las espaldas al personal y usar la cabeza para conseguir la victoria. Imprescindible en cualquier equipo que se precie.
Iniesta. Añorado. 6,5. Tal vez deberíamos haber intuido que alguien con su buen carácter, su fragilidad y su duende podía esconder a un deportista de cristal. Su anunciado duelo con Kaká esta temporada ha emulado un Éibar-Sestao de los de toda la vida. Es tan bueno que emociona a cada aparición, pero es demasiado joven para que ya echemos de menos al niño pálido que había de ser Balón de Oro y que este año ha logrado un solo gol, los mismos que Puyol o Thiago.

jueves, 25 de junio de 2009

Los cum laude (II)

El centro del campo, donde se cocina el fútbol de verdad, la zona donde otros apostarán por Xabi Alonso y algún Diarra para sostener a todo un equipo, ha sido la línea que define a un Barça único. Todos los equipos tienen grandes centrales, algunos hasta tienen laterales de ida y vuelta y todos los grandes de Europa tienen sus estrellas en ataque.
Pero nadie tiene a Xavi e Iniesta, que son quienes ponen el sello Barça al fútbol-arte de Guardiola. Si jugaran en otro equipo, pagaríamos todo el dinero del mundo por ellos. Pero son nuestros, se criaron aquí, aman el club. Y si se hubieran criado en otro lado, no serían tan buenos.
Touré. Titánico, 9,5.
El mejor jugador de la pasada temporada para esta Caverna ha vuelto a estar inmenso. Además de medir 1,91 y ser negro, resulta que sabe jugar al primer toque y que tiene un posicionamento perfecto. Además de chutar con potencia, sabe hacer croquetas. Además de ser el mejor pivote del mundo, puede marcar el gol decisivo de una final que bordó como central. Tal vez su seceto es que no se forjó en la calle, sino en la Academia Mimosas del ASEC de Abiyán, lo más parecido a La Masia que puede encontrarse en toda África. Su momento de la temporada, además de su golazo al Athletic, la pugna a vida o muerte con Drogba en Stamford Bridge. http://www.youtube.com/watch?v=p1UihUqHKbU (1'17'').
Busquets. Peguen a ese hombre. 7,5.
El hombre que prueba que La Masia sí alimenta a sus chavales habría sido la irrupción del año de no ser por Piqué. Aprendió el secreto de jugar a primer toque y sabe colocarse perfecto. Guardiola le ha protegido y le ha regalado pocos partidos en casa y muchos fuera, en campos difíciles. Premio Poli Díaz al jugador que más hostias ha recibido, primero por rookie, y segundo por ser un patilargo al que le gusta el choque y el regate en corto. Acaba el año como el cuarto centrocampista con más minutos jugados. Le falta madurez, que en esa zona del campo pasa por no perder balones. Larga vida en azulgrana.
Xavi. La mano que mece la cuna. 10.
La perfección existía y era esto. Jamás un centrocampista del Barça ha hecho tanto en un solo año. Ha mostrado toda la personalidad que debe tener un medio centro, ha hecho jugar al equipo y encima ha marcado 10 goles. Es, con 31 asistencias, el recordman absoluto. (Ronaldinho, en su mejor año, dio 20). Se recordará su año por ser el tío bajito y sin regate que le discutió el Balón de Oro a Messi, por sus risas en el Bernabéu con 1-1 en el marcador, por su celebración en Roma (foto): él dio el gol a Messi, sus compañeros sepultaron al argentino, y él se acercó a la esquina para decirle al mundo: "Sí, soy el mejor centrocampista que has visto jugar".
Gudjohnsen. De bacalao a sardina. 6.
Comenzó el año dispuesto a reivindicarse y logrando goles decisivos. Como siempre, entrenó duro y no tuvo inconvenientes en regalar goles a sus compañeros. A partir de enero se dejó ir, una vez comprobó que Keita le había ganado la partida como quinto hombre del centro del campo. Ahí perdió su apodo: el bacalao es un bicho voraz, que ataca a cualquier cosa blanca que ve; Guddy perdió las ganas y se limitó a esperar a los títulos; evitar que el coma etílico de Hleb en la celebración de la Champions se viera en todo el mundo fue su mayor logro. Es por su presumible adiós que el Barça está obligado a fichar a alguien en un año en que además hay Copa de África.
Iniesta. Exterminador. 9,5.
Sabe que acabar la temporada con cinco goles y 13 asistencias es un desastre para la calidad que atesora. Parte de la culpa fue de las tres lesiones que sufrió cada vez que volvía a su mejor nivel, aquél en que cuando recibe, el fútbol se vuelve poesía. Sin embargo, nos deja el alarido de Stamford Bridge, que no olvidaremos en la vida, y la asistencia a Eto'o en la final de Roma, además del partidazo contra el Sevilla o algunas de las croquetas más bonitas que se hayan visto jamás. Otro pasito más hacia el Balón de Oro.
Keita. Generoso. 7,5.
Se ganó el respeto de Guardiola por su capacidad para entregarse y buscar siempre lo mejor para el colectivo. Un recambio solvente para Iniesta, con llegada, juego, defensa y seguridad en el pase. Acabó la temporada como el centrocampista más goleador después de Xavi. Txiki ya ha desestimado ofertas por él; le necesita en un año en que habrá muchos partidos y mucha exigencia.

sábado, 24 de mayo de 2008

Los mejores, también culpables

Si hay una sola línea que en pleno desastre permita concebir esperanzas en el futuro, ésa es la medular. Los que siguen son jugadores de primer nivel, serían indiscutibles en cualquier equipo del mundo -y por supuesto en la Banda de Bernardo, que no olvidemos, es la referencia y, puaj, el equipo a batir- y por edad y compromiso siguen hambrientos.
Sin embargo, hay que reconocer que El Profeta acertó una y otra vez este año cuando señaló que el ritmo de balón no era rápido y que había excesivas pérdidas, y que el célebre juego de posesión no funcionó. El fútbol es muy justo con los centrocampistas: cuando su equipo gana, es gracias a ellos, pero cuando pierden es por su culpa, por su culpa, por su grandísima culpa.
Que jugadorazos del nivel de Xavi o Iniesta hayan jugado todo el año sin poder evitar el derrumbe es preocupante. El año próximo, que parece no querer llegar nunca, tienen mucho que demostrar y hay que ver si este equipo puede subsistir al adiós de Deco. Éstas son sus notas:
Touré. Pletórico. 8
Probablemente el mejor fichaje que hará jamás el txikicruyffismo. Impresionante su manera de cubrir campo, su capacidad para jugar al primer toque, la sencillez de todo lo que hace y su compromiso con un equipo decadente.
Xavi. Consagrado. 8
Su fútbol es para paladares elevados y en sus célebres cargolades esconde la receta secreta del juego azulgrana, pero comenzó el año con durísimas críticas a la poca profundidad de su juego. Tras una edificante dosis de banquillo, volvió para dar su mejor nivel desde que llegó al Camp Nou, con goles, fe, espíritu y compromiso. Bate su récord goleador con nueve goles, tres menos que los que marcó el mejor Deco cuando era aspirante al Balón de Oro. Le queda la asignatura pendiente de aprender a defender y a silenciar a gritos a un vestuario. Pero se le perdona todo: hasta en eso se retrata como culé.
Iniesta. Alicaído. 6
A alguien de su nivel, al que será heredero de Luis Suárez como Balón de Oro español, se le tiene que pedir mucho más. Empezó el curso de forma arrolladora, demostrando que el mejor driblador del equipo, muerto Ronaldinho y dejando de lado a Messi, es él. Lideraba clasificaciones como la de faltas recibidas, la de regates hechos, etcétera, pero cayó presa del Virus Barça'08: el mal de amores. Ha completado una segunda vuelta floja, con muchos cambios de posición -pivote, extremo, volante- y pocos esláloms y asistencias. Con el adiós de Deco podrá exigir la batuta y demostrar si en estos tres años ha aprendido el sentido del tempo del portugués.
Deco. Ausente. 4
En este foro no se discutirá jamás que Deco es el mejor centrocampista del mundo. Sí se hablará de su rendimiento y de que ha estado sobre el césped menos minutos que ese horror llamado Thuram y que el disortado Giovani. Su vida privada es tal desastre, tal compendio de calamidades y desgracias, que es fácil de entender que se hundiera a pesar de comenzar bien el año. Contra el Manchester demostró que nadie en el mundo crea y destruye tanto como él, y que nadie como él sabe qué ritmo le conviene a un partido. Pero su exhibición llega tarde: debe abandonar Castelldefels y ver si su vida se ordena en otro país.
Gudjohnsen. Esforzado. 4
Llegó al club por un oscuro asunto de Rijkaard para, recordemos, suplir a Larsson y demostrar que era mejor que Forlán. Al medir las dimensiones de su cintura y ver su implosivo sprint corto, se vio que la única solución era ponerle de centrocampista. Se ha aprovechado de la preocupante falta de efectivos en esta zona del campo para tener muchos minutos, en los que ha demostrado tener calidad y orgullo profesional. Entrenaba fortísimo y se ganó a pulso sus minutos. Pero sí, es lento, y un jugador de fútbol lento es como un guitarrista sin dedos. El club de la caipirinha le recordará como el rubio guasón que bebía el vino directamente de la botella. Feliz retorno a la fría Inglaterra.