Mostrando entradas con la etiqueta Busquets. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Busquets. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El mejor de los mortales




Tan desgarbado de movimientos como de palabra, ee adolescente, en las discotecas, debió ser el típico larguirucho tímido de bamboleo robótico, presa del acné, tan atractivo como una mantis en celo. Pero el fútbol se le daba bien: en los campos de Tercera ya destacaba como el mejor centrocampista de una categoría canalla: iba al balón dividido, lo ganaba, lo bajaba y lo liberaba.

Así llegó al primer equipo del mejor equipo y se hizo insustituible por delante del futbolista mejor pagado de la Premier. Y en un añito se convirtió en la referencia del fútbol mundial en su posición. Dos técnicos antagonistas como Guardiola o Del Bosque han jurado que de mayores les gustaría ser Busquets, y en ambos equipos le señalan como el próximo capitán.

De este hombre discreto se sabe también que no ha cambiado ni usos ni costumbres ni amistades y que es el mentor de los jóvenes que suben al primer equipo, el que les explica el 50% del secreto del Barça: el juego de posición, que viene a ser como la Dinámica del Punto de los aeronáuticos. El otro 50%, el juego a primer toque, no se enseña, va en la sangre; él es el número uno en eso.

Luego, además, nos asombra con esos movimientos suyos a cámara superlenta, esos amagos y fintas humillantes, esas bicicletas, ese veneno en el pase, esa presencia en las grandes citas. Pero lo mejor, sin ninguna duda, son sus cagadas, las que han costado goles y títulos. Nos recuerdan que después de Messi, Xavi e Iniesta, Busquets es el mejor de entre los futbolistas mortales del planeta.

domingo, 3 de junio de 2012

Las notas (II). Busquets rules.



No deberíamos perder de vista que a pesar de los dimisonarios y de la lógica caída de actitud de varios futbolistas, el año ha sido sobresaliente, con cuatro títulos y un fútbol extraordinario. Y como en los equipos de verdad, es en la medular donde se ha cocinado ese nivel de excelencia.

Busquets. 9,5. Cacique. En un equipo plagado de campeones del mundo, futbolistas de leyenda y halloffamers, el jefe tiene 23 años. Mueve toda la maquinaria en diez metros cuadrados, enseña el juego de posición a los jóvenes, da salida a los veteranos, recupera, presiona, empuja. Sin gritos ni violencia, sin aspavientos. Se ha quedado en dos goles y tres asistencias pero nadie ocupa el espacio como él y nadie cuaja esas gloriosas bibicletas a cámara lenta. Guardiola habla de él como el capitán del futuro pero aunque no tenga aún los galones, ya es quien manda con el balón en juego.

Keita. 8. Generoso. Es cierto que cuesta vibrar con este hombre de semblante pétreo, pero seguro que se le echará de menos si finalmente abandona el club. Los vestuarios necesitan gente sacrificada y profesional, y en los minutos que ha jugado ha demostrado que se aprende mucho entrenando con Xavi cada día. Nos deja ese alarido contra el Sporting. Dentro de muchos años, cuando hablemos de este equipo, seguramente olvidaremos mentarle; haremos mal.

Xavi. 9. Lastrado. Al portador de la llama le empiezan a pesar los años y los kilómetros. Ha culminado su mejor año de cara a puerta con 14 tantos pero llegó muy castigado a la semana clave, cuajando partidos discretos contra Chelsea y La Banda. Su caracoleo es un lujo asiático que marca la distancia exacta entre el Barça y el resto: Khedira lo contempla asombrado ante el televisor; sus médicos le han prohibido intentar hacerlo. Sería bueno que el año que viene asuma que no puede jugar 50 partidos porque en mayo volveremos a necesitar al mejor centrocampista del mundo.

Thiago. 7. Discreto. Con la calidad que atesora, su año nos llena de melancolía. Nadie pisa el balón como él, nadie juega tan perpendicular sobre el terreno de juego, con la cabeza tan alta. Y tuvo minutos. Pero lo suyo ha sido un baile sin beso, una canción sin estribillo. No cuestionaremos aquí su acento de Pedralbes ni su aparente sociabilidad nocturna, pero el año que viene -si lo hay- es obligatorio que decida partidos, que demuestre que la calidad sirve para ganar.

Iniesta. 8,5. Intermitente. Nunca entendimos por qué Zidane fue tan vulgar como para acabar sus días junto a Makelele. Para redimir aquel error estético, el fútbol nos ha regalado al jugador más elegante de esta generación. Cuando pisa, el césped no cede, cuando esprinta no hace ruido. Su clase es única. Pero incomprensiblemente ha estado media temporada compitiendo a goles con Tello y a asistencias con Adriano. Para el próximo año habría que organizar manifestaciones multitudinarias para evitar su exilio a la banda y forzarlo a jugar de volante por la izquierda, posición en la que hizo una memorable final de Copa y dio, posiblemente, la asistencia más bella de la temporada.

Sex. 4. Judas is back. Era diciembre y llevaba tres meses gloriosos, era el segundo futbolista más decisivo del equipo, había marcado en el Averno y sumaba tres títulos. En ese momento, inesperadamente, el capitán del Arsenal decidió recuperar su verdadera identidad y transmutarse en el niñato traidor que en su día engañó al Barça. Y en media temporada, un triste gol. Y eso a pesar de que la defensa de tres, en parte, era para meterle en el equipo. Y a pesar también de que el exilio de Iniesta a la banda también le beneficiaba a él. Pero cuando un jugador no quiere, no quiere, y lo que falló el inepto en Stamford Bridge es impropio de un profesional: Judas tenía la cabeza en otro lado y de ahí su ubicua mirada. Hay que recordar cómo le recibimos aquí en su día y anunciar que si este hombre vuelve a jugar algún minuto la próxima temporada volveremos con redoblados esfuerzos a la noble tarea de la burla constante. Aquí un avance: moc-moc.

Los ni-nis. SC. Missing. Uno de los mayores desastres que han ocurrido esta temporada en el Barça ha pasado desapercibido: a saber, la calamidad gestada por Eusebio en el B. Jugadores prometedores como Sergi Roberto, Jonathan dos Santos o Rafinha han hecho un año vulgar en Segunda y ni siquiera con la baja de Afellay han tenido ocasiones para jugar en el primer equipo. En un momento clave, han tirado el año a la basura y encima han podido comprobar cómo el Judas Bizco jugaba un día sí y otro también junto a Messi. Oremos para que se fijen también en que quien manda es un larguirucho que jamás abandona el círculo central.

domingo, 5 de febrero de 2012

A los que llenan

Tal vez alguno de ustedes haya vivido la traumática experiencia de jugar a fútbol grande. Sabrá sin duda de la desolación que se vive sobre el terreno de juego, de ese monólogo interior que transcurre a años luz de los compañeros. Comprenderá también esa absoluta añoranza del balón, que llega una vez cada cuarto de hora en forma de melón caído de la estratosfera. Para los que lo han jugado, el fútbol es ante todo una experiencia dolorosa y solipsista en que uno se ve obligado a encajar todo tipo de gritos mientras corretea por un espacio gigantesco sin otra compañía que los tacos de los rivales. La pared, la construcción futbolera básica, es una auténtica quimera.
De ahí que quiera hoy reivindicar a los dos colosos que han convertido el juego de Barça en los últimos años en una experiencia coral y estética, exactamente lo opuesto a lo que resulta ser la mundanal realidad de este deporte. Ese juntarse, ese tocar y moverse, y girar y volver a recibir, ese tres contra dos perpetuo... Uno ve jugar al Barça y la apetece unirse a ese eterno juego de asociación.
Nadie como Xavi y Busquets han interpretado esa sinfonía. De ellos se destaca a menudo su juego de primeras, tal vez la técnica absoluta y verdadero sello barcelonista. También habría que señalar su omnipresencia, su aparecer siempre en el sitio en que algún compañero está a punto de sentirse demasiado solo. Ayer no estuvieron sobre el campo: el Camp Nou se acordó de la objetiva fealdad de este deporte, de la importancia de los dos cracks que llenan el campo, nos llenan los ojos y convierten un horror autista en la fiesta de la espuma.

jueves, 23 de octubre de 2008

La hermana de Urtain

La irrupción de Sergio Busquets en la elite reabre el célebre debate sobre el papel de la genética en la alta competición. Los hermanos Laudrup hicieron correr ríos de tinta sobre la clonación del talento y los De Boer hicieron lo propio con la patraña. Jordi Cruyff validó la teoría de Dalí de que el genio no se hereda y Sanchis padre y Sanchis hijo ganaron, de la mano de sus blancas camisetas, sendas Copas de Europa.
Pero explicar el caso del hijo del portero que tiraba caños y sombreros dentro del área es cosa difícil sin recurrir a la hermana de Urtain. Según mi maestro de cabecera, la dulce hermana del púgil español más famoso de la historia apostó un día con el campeón para ver quién era más fuerte. Vascos y brutales, decidieron golpear a una mula para comprobarlo. El campeón quedó humillado: su hermana pegó primero y mató al animal de un solo puñetazo.
Así ocurrirá con la fama de Carles Busquets: hasta ahora, podía presumir de ser el único chaval de Ciutat Badia que jugó la Liga de Campeones de azulgrana. Su hijo le dejará en nada. Ayer mismo tuvo dos momentos estelares. En el primero, desmarque, control con la derecha, chut, caño y gol con la izquierda. En el segundo, pase al agujero de primeras y gol de Bojan.
Además de calidad, agresividad y hambre, Bussinho ha roto la tendencia liliputiense de La Masia, y se eleva hasta el 1,91. Ayer, hasta pareció compatible con Touré –recordemos, votado por este prestigioso foro el mejor jugador del Barça el pasado año-. Sólo un pequeño problema enturbia el entusiasmo por el hallazgo de este centrocampista total, y es su parecido con cierto ex futbolista llamado Motta. ¡Larga vida a la hermana de Urtain!