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jueves, 26 de agosto de 2010

Vuelve el fútbol

Pisó el césped y se puso a hacer reverencias. Se le veía emocionado, con ese rictus extraño que se le ponía cuando contenía las lágrimas, con muchas menos sonrisas de las habituales. A los que hemos sobrevivido a otro verano infernal -cierto, hubo Mundial, pero España lo estropeó- la presencia de Ronaldinho en el Camp Nou nos pareció una revelación: el fútbol ha vuelto.
Y eso que el Gamper fue tirando a flojo. Ya saben que fue Maradona el que dijo algo así como que un partido amistoso es como bailar con la propia hermana (siempre y cuando no sea uno Lina Morgan). Lo mejor de la noche, Thiago y Jonathan -si Xavi, Iniesta y Busquets no fueran lo que son, tendrían razones para preocuparse-, pero fútbol poco.
Sí hubo detalles para el recuerdo: la danza de la Bella y la Bestia. La carrera a cámara súper lenta entre Pippo Inzaghi y Puyol (¿cómo era el chiste de Rossy de Palma y Prosinecki en un Twingo?), el chicharro del veteranísimo italiano, las buenas artes del golfo de Pinto en los penaltis.
Y luego hubo un tío, un hombre de 30 años, que nos dijo que nos quiere. Él, que resucitó al Barça y que tendrá que vivir una larguísima vida profesional y personal lastrado por el recuerdo de que hubo un tiempo, casi cuatro años, en que fue Dios.
Nosotros también te queremos: siempre serás foda.

lunes, 9 de agosto de 2010

Lo de Sex

"La solución es que no se hubiera ido". Mal estamos cuando el más sensato del asunto Cesc resulta ser nuestro flamante secretario técnico, alias Cuánto me añoran en San Mamés, alias El de las manos largas (así le llamaba, visionaria, mi Santa Madre). Pues claro, por Dios. Que no se hubiera ido o que no hubiera renovado hasta 2014, que hay que tener más cabeza si lo que quería era huir de las brumas, las lluvias, el fish and chips y la imposibilidad de ganar nunca nada.
Sex tiene fama de empanado en la Selección y aquí ya explicamos cuánto nos molesta su vuelta al club a cambio de una fortuna. En primer lugar, porque nos recordaría que con la Infamia Gaspartiana de Gerard López no hemos aprendido nada. Y segundo, porque sería como asumir que los chavalines de la cantera pueden mearnos en la cabeza, que ya no nos encargaremos nosotros de decir que sí, que efectivamente está lloviendo.
Dicho lo cual, aquí va mi apuesta: el Chaval del Mojito jugará este año en el Barça, sólo que lo hará por un precio aún más demencial y con Rosell llegando a Barcelona como Guti a Estambul. A veces, el fúngol y los ritos de apareamiento veraniegos son así de previsibles. Ojalá marremos. Ojalá.

jueves, 5 de agosto de 2010

Postales veraniegas (II): mentira y escupitajo

Alguien dijo una vez que Maradona sería un pésimo entrenador porque tenía tanto talento que no llegó nunca a comprender qué era el fútbol para los mortales. Hoy me ha venido a la mente el asunto.
Un niño surcoreano tuvo el martes la posibilidad de preguntarle algo a Messi. Nervioso, reconcentrado, posiblemente meándose, esperó pacientemente hasta poder dirigirle la palabra a la Bestia Parda.
-¿Cuál es tu secreto?, le preguntó.
Y Messi, qué demonios iba a saber él, meditó un segundo antes de responder:
-Secreto ninguno, hay que trabajar mucho.
Luego llega el partido y el niño chino quiere fijarse en cuánto trabaja Messi para ser un día como él. Sale 15 minutos, y al 60% de su nivel, hace esto. Dos goles, que celebra con dos bonitos escupitajos.
El niño ya sabe que Messi es un mentiroso. Y a nadie le cabe la menor duda de que será un pésimo entrenador.

martes, 5 de agosto de 2008

Y allá a lo lejos, el fútbol

La pretemporada no es otra cosa que una metadona light y descafeinada que suele hacer aún más angustiosa la espera de que lo bueno empiece. Lo bueno, recordemos, es una eliminatoria contra un equipo de Cracovia o uno de Jerusalén y la visita a Los Pajaritos con los que dará comienzo el espectáculo.
Sin embargo, hay veranos en que por un momento el fútbol despliega toda su grandeza y vuelve a ser una cosa auténtica. Ver a los chicos de Guardiola corriendo en Central Park ha removido esta caverna. Para quien ha acudido alguna vez en Central Park con la esperanza de poder unirse a alguna pachanga, habrá sido algo increíble cruzarse con Guardiola y compañía. A quien ha probado el asfalto de jugar en sus calles -en el parque más famoso de Nueva York el césped está reservado para deportes mayoritarios, como el picnic, el frisby o los perros- le queda la curiosa experiencia de alzar la vista en el fuera de banda y encontrar los rascacielos de las películas.
En Central Park se juegan los que son tal vez los partidos más duros que un barcelonés puede imaginar. El bordillo de la acera juega, y sólo hay fuera de banda si la pelota salta por encima de él. Los 20 espectadores que hay forman entre cuatro y seis equipos, esperando a que alguno de los contendientes meta dos goles para saltar al ruedo. Con la derrota, la espera alcanza los 50 minutos que se refrescan con amarga cerveza. Se juega con el cuchillo. Los jugadores son mexicanos, puertorriqueños, dominicanos o colombianos llegados desde todas las pizzerías de la ciudad con ganas de devolverle su rencor al balón. Lanzar un caño pisadito a uno de estos chicanos es a la vez una obra de arte y una declaración de guerra.
Y La noticia triste de la semana ha sido la de ver que el corazón de Miki Albert, el mejor goleador catalán de las categorías inferiores, daba la espalda al fútbol tras latir tan sólo durante 27 años. Metió 75 goles en tres temporadas en el Gavà y este año fue el máximo goleador de Segunda B con el Girona. Gritó con pasión cada gol y dicen que ahora no sabe qué hará con su vida.
Ojalá se marche a descansar y a vivir su luto a Central Park, donde encontrará gentes que valoran el hecho de poder perseguir un balón y quién sabe si se animará a arriesgar sus tobillos en ese templo del Street Football donde hasta el Barça ha acudido para empaparse de humildad y mala leche.