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lunes, 19 de diciembre de 2011

La década negra

Barça de Guardiola (2009-2021). Durante doce años, el Barcelona fue el gran dominador del fútbol mundial. La dictadura que ejerció coincide, según los historiadores, con la época más oscura de la historia de este deporte. De ahí las referencias a la década negra o a la maldición de los 12 años. Según los estudiosos, el Barça "mató el fútbol" (Hobsbawm), ya que un juego "basado en la democracia y el azar, donde todos podían ganar, se convirtió en un monólogo". Los expertos defienden que la hegemonía del conjunto catalán tuvo su origen en el pésimo nivel de sus rivales. "Nunca todos fueron tan malos" fue el lema que un grupo de intelectuales españoles, encabezados por Tomás Roncero, se manifestaron en las plazas españolas pidiendo la exclusión del Barcelona de las competiciones oficiales y la devolución de todos sus títulos. En efecto, aquel Barcelona, que jugaba con una mayoría de jugadores criados en sus categorías inferiores y sólo acudía al mercado para fichar complementos o lastres, se encontró con rivales de ínfimo nivel. Así lo prueban los tres primeros equipos que lo lograron derrotar. El Sevilla, gracias a su guardameta y a un tal Chigrinsky, que jugaba en el Barcelona. El Inter de Milan, que tuvo como aliados, un volcán y un arbitraje dudoso, y formó con siete jugadores defensivos a la ida, ocho a la vuelta, en un bochornoso espectáculo ultradefensivo. (Aquel Inter menor fue el mejor de Europa en 2010). Y el Real Madrid, tras una final que pasó a la historia por media docena de agresiones no detectadas por el árbitro. El Barcelona, con juego monótono, poco viril y escasos zapatazos, fue durante años el menos malo en un planeta donde desaparecieron los buenos equipos. Así, ganó varias finales europeas contra un Manchester United sumido en una crisis tal que alineaba coreanos. Se impuso en una Intercontinental a un equipo argentino que fue tan blando como para dejarse empatar de cabeza y en el último minuto por un delantero de 1,69 metros. Y ganó otra Intercontinental por goleada ante un equipo brasileño, que tenía al heredero de Pelé en sus filas, pero que fue incapaz de plantar cara a un Barcelona que alineó aquel día a sólo tres defensas y seis centrocampistas. Ni siquiera el Madrid, el único equipo del mundo con dos Balones de Oro en sus filas, con una inversión inalcanzable incluso para los jeques árabes que proliferaron en aquellos años, logró alcanzar un nivel decente, y llegó a encadenar rachas en que perdía ante el Barcelona por 28-9 en duelos directos. Muchos han coincidido en que aquel Barcelona fue "el tuerto en el país de los ciegos" (Moa). Así, un equipo menor encadenó 12 ligas y nueve Champions, además de otros títulos. A los 33 años, harto de ganar, Leo Messi, estilete del equipo y causante de la extinción del Balón de Oro tras lograr siete galardones consecutivos, colgó las botas. Y el fútbol volvió a ser lo que había sido siempre.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Santos

Pe-lé. Dos sílabas juguetonas designan al mayor mito del fútbol. Es el nombre del dios del balón. El de los 1.284 goles y los tres Mundiales. El Santos fue la iglesia sobre la que edificó su leyenda. El suyo era un equipo terrible, temido, conocido en todo el planeta. Allí ganó 22 títulos nacionales, dos Libertadores, dos Intercontinentales. Hubo en los 60 adolescentes que se fascinaron con el fútbol de la mano de aquel genio al que veían correr en el No-Do. Técnico, rapidísimo, voraz, indomable. Un iluminado al que sólo se frenaba a base de entradas asesinas. Un demonio negro. El número uno cincuenta años después y seguramente para siempre jamás. El 10 del Santos.
Y ocurre que este Barça histórico vuelve a tener la suerte de embarcarse en un viaje en el tiempo para enfrentarse a las esencias del fútbol sudamericano, a otro equipo legendario. Así fue en 2009 contra el Estudiantes, contra the Animals. Así será el domingo, con el equipo que comanda Neymar. Una pantera blanca, con sus calentadores entre las medias y el pantalón. Un mago con el balón, con una aceleración eléctrica, pura fantasía, el único que desde el otro lado del Atlántico ha cuestionado el trono de la Bestia Parda. Un artista que ha llenado el país de crestas en gente de todas las edades y ha rescatado el viejo orgullo del Santos dándole la Libertadores 48 años después.
Y así, cuando no hace tanto celebrábamos chilenas que nos clasificaban cuartos en la Liga, disputamos este sábado el título más difícil de ganar del planeta. El cetro global. Juega Pelé. ¿Alguna vez soñaron con verle jugar? ¿Soñaron que derrotaríamos a Dios?

viernes, 18 de diciembre de 2009

Medio siglo para 90 minutos

La primera Copa Intercontinental se disputó en 1960, y desde entonces ese título se ha mantenido como el único del mundo que se resiste a entrar en las vitrinas del Camp Nou. Ganar este mundial de clubes acreditaría oficialmente lo que tanto se repite en la prensa de Barcelona: que el Barça es el mejor equipo del mundo.
Mañana es un día grande; todo o nada a 90 minutos y con un rival a la altura del dramatismo de la cita. Les dejo con un clásico que nos ha recordado esta mañana los tiempos en que la palabra "Estudiantes" producía escalofríos: http://www.sport.es/default.asp?idpublicacio_PK=44&idioma=CAS&idnoticia_PK=671346&idseccio_PK=1123&h=
Mañana es un día grande para el fútbol; puede convertirse también un momento inolvidable si el Barça supera el trauma que le ha acompañado durante media vida.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El cabo de Hornos del fútbol mundial

"Fue un lejano 13 de diciembre de 1992 en Tokio, sazonado con el insufrible sonido de trompetas de la afición japonesa. El Barça perdió (1-2) ante el Sao Paulo y el recuerdo de aquel partido, que por motivos de los husos horarios se transmitió en España de madrugada, se limita a las lágrimas de Albert Ferrer tras el choque y a la mirada perdida de Pep Guardiola, que parecía preguntarse si alguna otra vez tendrían la oportunidad de ganar la Intercontinental (...)".
Así comenzaba la previa que me tocó escribir en diciembre de 2006, cuando el decadente Barça de Ronaldinho intentaba el segundo asalto del club a la única competición que le falta. Volvieron a perder. No con goles de Raí, uno de gónada y otro de una falta que a punto estuvo de provocar una pelea entre Stoichkov y Zubi. El Barça de Rijkaard cayó sin épica, con un tanto a la contra de un tal Carlos Adriano Gabiru que retrató a un equipo que hizo una sola ocasión en 90 minutos.
Ha corrido poco tiempo y el Barça se asoma otra vez más a su última frontera. Lo hace con un equipo memorable, con clase, músculo y motivación. Con un entrenador que difícilmente habrá olvidado la derrota de hace 17 años, y con el reto inverosímil de conseguir su sexto título en un año, algo que nadie ha hecho. Algo que le haría igualar los 41 títulos desde que el fútbol es en color para igualar a La Banda de la era post Di Stéfano.
Semejante hito me ha hecho pensar en un huesudo navegante inglés, Sir Francis Chichester, que en 1967 hizo la primera circunnavegación del globo en solitario con un velero y una sola escala. A lo largo de su singladura, se obsesionó con el extremo sur de América, el temible cabo de Hornos. "Una tormenta de invierno sobre una costa batida por las olas es una experiencia para destrozar los nervios. No así el la mar del cabo de Hornos. Uno allí se entusiasma ante tan estupenda exhibición de sublime poder. La misma muerte resultaría insignificante con un escenario semejante", escribió.
Guardiola lo sabe: la muerte, en un escenario como el Mundialito no importa. La audacia por llegar hasta aquí, por conquistar el planeta y hacer historia lo compensan todo.