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jueves, 8 de abril de 2010

Reflexiones ante el fin del mundo (y III)

Ni el equipo más grande en su mejor momento. Ni el equipo de Valdés, Piqué, Alves, Xavi, Iniesta e Ibra. Ni el equipo donde ha crecido esta rareza asesina llamada Messi. La desolación que espera en el Bernabéu es completa. Es el origen de todos los males y la cuna del terror ancestral del barcelonismo.
Esta partido tiene siempre algo de apocalíptico, un aroma a fin de siècle, a ceniza. Gestas insólitas como el 2-6 no entierran la dura realidad: en el choque de orgullos e identidades, el Barça ha arrancado 14 victorias y 14 empates, pero se ha llevado medio centenar de derrotas.
Pero en este 2010 no se decide sólo el nombre de un campeón de Liga. Se decide la supremacía de un modelo y el mundo contiene el aliento para soplar en dirección a la portería de Casillas. Porque es el día en que sabremos si el fútbol sobrevive a la chequera y las combinaciones al vértigo. El día en que veremos si la apuesta por la cantera y el sentimiento importa algo aún, si lo que queda de humano en este deporte ha prescrito ya.
No consta que Cormac McCarthy fuera futbolero, pero les aseguro que él tendría claro de qué lado está.
Estaremos bien, ¿verdad, padre?
Sí. Estaremos bien.
Y no nos pasará nada malo.
Eso mismo.
Porque llevamos el fuego.
Sí. Porque llevamos el fuego.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El cabo de Hornos del fútbol mundial

"Fue un lejano 13 de diciembre de 1992 en Tokio, sazonado con el insufrible sonido de trompetas de la afición japonesa. El Barça perdió (1-2) ante el Sao Paulo y el recuerdo de aquel partido, que por motivos de los husos horarios se transmitió en España de madrugada, se limita a las lágrimas de Albert Ferrer tras el choque y a la mirada perdida de Pep Guardiola, que parecía preguntarse si alguna otra vez tendrían la oportunidad de ganar la Intercontinental (...)".
Así comenzaba la previa que me tocó escribir en diciembre de 2006, cuando el decadente Barça de Ronaldinho intentaba el segundo asalto del club a la única competición que le falta. Volvieron a perder. No con goles de Raí, uno de gónada y otro de una falta que a punto estuvo de provocar una pelea entre Stoichkov y Zubi. El Barça de Rijkaard cayó sin épica, con un tanto a la contra de un tal Carlos Adriano Gabiru que retrató a un equipo que hizo una sola ocasión en 90 minutos.
Ha corrido poco tiempo y el Barça se asoma otra vez más a su última frontera. Lo hace con un equipo memorable, con clase, músculo y motivación. Con un entrenador que difícilmente habrá olvidado la derrota de hace 17 años, y con el reto inverosímil de conseguir su sexto título en un año, algo que nadie ha hecho. Algo que le haría igualar los 41 títulos desde que el fútbol es en color para igualar a La Banda de la era post Di Stéfano.
Semejante hito me ha hecho pensar en un huesudo navegante inglés, Sir Francis Chichester, que en 1967 hizo la primera circunnavegación del globo en solitario con un velero y una sola escala. A lo largo de su singladura, se obsesionó con el extremo sur de América, el temible cabo de Hornos. "Una tormenta de invierno sobre una costa batida por las olas es una experiencia para destrozar los nervios. No así el la mar del cabo de Hornos. Uno allí se entusiasma ante tan estupenda exhibición de sublime poder. La misma muerte resultaría insignificante con un escenario semejante", escribió.
Guardiola lo sabe: la muerte, en un escenario como el Mundialito no importa. La audacia por llegar hasta aquí, por conquistar el planeta y hacer historia lo compensan todo.

domingo, 22 de noviembre de 2009

El campeón, a examen

López, Whalan, Martín, Mann, Español, Minguell, Ivovic, Delgado, Vallès, Perrone, De Lera y Garcia. Quiso el destino que estos 12 deportistas conocieran ayer la derrota después de cuatro años y 145 partidos sin perder. Son el Atlètic Barceloneta de waterpolo, un equipo que ya es leyenda y que vive hoy el trago de verse apeado del liderato por primera vez en años.
Tal vez encuentren tiempo de pasarse por el vestuario del Barça mañana lunes para hablar con Iniesta y compañía. Para recordarles que son los mejores y que si se les han escapado partidos que antes ganaban por inercia tal vez es por una cierta relajación, por un exceso de autoestima. Para decirles que no es casualidad que se les escapen victorias en los últimos minutos, que se fallen tantas ocasiones. Y para confesarles que a un auténtico campeón se le ve justo ahí, cuando está contra las cuerdas en una competición cruel y sin su mejor jugador.
En esta semana de vértigo, el Barça mostrará qué clase de campeón es: uno exuberante que duró doce meses, o uno duro como una roca que aguantó a pesar de lesiones, virus, escasez de fichajes y golpes de mala suerte. El martes, la supervivencia en su Copa de Europa. El sábado, el orgullo contra la gran mentira del fútbol mundial. Xavi y Puyol contra Eto'o y Cristiano Ronaldo. Es la hora de separar a los campeones verdaderos de los becerros de oro.