Cuernabéu a parte, hay dos estadios en la Liga donde cada año se espera al Barça con especial ilusión para dedicar a la sinfonía de Xavi los insultos más atroces. Son Mestalla y Cornellà-El Prat (provincia de Barcelona). A estas fobias de la calle y de la grada están muy atentos los jugadores, que suelen dar lo máximo de sí mismos contra los rivales más odiados. El resultado es que el Barça suele encontrar contra estos equipos unas dificultades atroces. Ganar suele ser un parto de elefanta, con sus dolores, sus gritos, sus líquidos y placentas.
Parece legítimo preguntarse si Valencia y Espanyol, esos dos males atávicos que dicen odiar enormemente a La Banda, ofrecen un rendimiento similar cuando se enfrentan a los sucesivos engendros de los Gagos o los Altintops.
Pues bien, en el último lustro, ¡oh, sorpresa!, el Barça ha perdido, para recogijo de la segunda afición más desagradable de España, un total de 11 puntos, incluidos los dos que ya volaron este año en Mestalla. La Banda, en el mismo periodo de tiempo y con un partido menos, ha perdido seis. En el caso del Espanyol, la cosa clama al cielo. Los equipitos de Sánchez Llibre han logrado en el último lustro que el Barça -este Barça- se deje 14 puntos, con unos números que ya los quisiera el United para sí. La Banda -que este fin de semana volvió de visita a su finca favorita a cobrarse el derecho de pernada- sólo cinco.
La Barçafobia es muy legítima. Pero a ver si de una vez nos aplicamos con brío a la minibandafobia y a la chefobia.
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martes, 4 de octubre de 2011
Barçafobia
Cuernabéu a parte, hay dos estadios en la Liga donde cada año se espera al Barça con especial ilusión para dedicar a la sinfonía de Xavi los insultos más atroces. Son Mestalla y Cornellà-El Prat (provincia de Barcelona). A estas fobias de la calle y de la grada están muy atentos los jugadores, que suelen dar lo máximo de sí mismos contra los rivales más odiados. El resultado es que el Barça suele encontrar contra estos equipos unas dificultades atroces. Ganar suele ser un parto de elefanta, con sus dolores, sus gritos, sus líquidos y placentas.
Parece legítimo preguntarse si Valencia y Espanyol, esos dos males atávicos que dicen odiar enormemente a La Banda, ofrecen un rendimiento similar cuando se enfrentan a los sucesivos engendros de los Gagos o los Altintops.
Pues bien, en el último lustro, ¡oh, sorpresa!, el Barça ha perdido, para recogijo de la segunda afición más desagradable de España, un total de 11 puntos, incluidos los dos que ya volaron este año en Mestalla. La Banda, en el mismo periodo de tiempo y con un partido menos, ha perdido seis. En el caso del Espanyol, la cosa clama al cielo. Los equipitos de Sánchez Llibre han logrado en el último lustro que el Barça -este Barça- se deje 14 puntos, con unos números que ya los quisiera el United para sí. La Banda -que este fin de semana volvió de visita a su finca favorita a cobrarse el derecho de pernada- sólo cinco.
La Barçafobia es muy legítima. Pero a ver si de una vez nos aplicamos con brío a la minibandafobia y a la chefobia.
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jueves, 1 de septiembre de 2011
El arma del delito
Si existiera un infierno futbolístico, Tamudo y De la Peña deberían preocuparse. El Espanyol vivirá en crisis mientras así lo quieran: son los dos futbolistas con más talento del equipo blanquiazul, los empleados mejor pagados del club y -lo más grave- los líderes del vestuario.
Ocurre que ambos, otrora internacionales con España, son amantes de las grandes citas, de los partidos en abierto, de los choques a vida o muerte. Y para desespero de Valverde, estos partidos no llegarán hasta la primavera.
Ni siquiera el taquicárdico final del pasado año ha servido para espabilar a dos veteranos que deberían mostrar el camino a una plantilla llena de nuevos fichajes y bisoños canteranos. El plan de Tamudo y De la Peña es claro: despertar en abril, sufrir hasta junio y rezar para que haya, entre recién ascendidos, equipos vascos y habituales del sufrir, tres conjuntos más incompetentes que el blanquiazul.
Pero su ausencia no será un dulce sueño. Como un Vito Corleone bicéfalo, andan metidos en oscuras maquinaciones. Dada la ausencia de su sicario predilecto, Pochettino, que hacía las veces de Luca Brasi en el vestuario, han encontrado en Luis García a un digno sucesor, un Albert Neri pelopincho y mortífero. Sus críticas a Valverde no fueron sino la entrega formal al técnico de un pez muerto. En estos asuntos, la mafia suele ser infalible. Lotina aguantó porque no se le encontró sustituto y porque Montjuïc, con toda justicia, le adoraba. Pero vista la elocuente ambigüedad del club, bien haría Valverde alejándose de la ribera del Besòs.
Como buen delantero de extrarradio, Tamudo goza de un olfato privilegiado. En el ataque espanyolista ha derrochado habilidad y una tremenda capacidad de sacrificio que a punto estuvieron de llevarle a un grande. En lo social, su instinto es aún más afilado: sabe que, por tradición, el perico tiene asumido su rol de tripulante vitalicio del furgón de cola de la Liga. Sabe también que nunca un equipo blanquiazul había alzado dos títulos, como ha hecho él, y piensa aprovechar al máximo el crédito que les supuso su gran triunfo copero del mes de abril. Su importancia como atacante está fuera de duda, pero su condición de capitán es un veneno letal para el Espanyol.
De la Peña, por su parte, capitalizó los sueños de toda una generación de futboleros pero ha completado una carrera de trotamundos de segunda que le ha marcado con la mirada torva y desconfiada de los niños malcarados. En Montjuïc deslumbra cuando quiere, pero ha convertido a Fredson en alternativa, a Costa en indiscutible y a Jónatas en salvador.
Si existiera un averno balompédico, Tamudo y De la Peña tendrían un lugar garantizado en el quinto círculo, donde purgarían su acidia, que Dante definió como el vicio que entristece el alma sin motivo hasta sumirla en la gandulería más profunda. Queda por constatar si también serían bienvenidos en el noveno, reservado a los traidores.
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sábado, 18 de diciembre de 2010
Una de zombies
Al Espanyol de la última década, y nunca más diré otra cosa en favor de Tamudo, hay que agradecerle que haya resucitado el derby. No hay otro equipo en la Liga, ni siquiera el Valencia ni por supuesto La Banda, que lo fíe todo a ganar al Barça de un modo tan desacomplejado.
Para entender la inquina con que los pericos preparan este partido hay que salir a las calles de Barcelona y verlas teñidas de azulgrana, sintonizar los telediarios entregados a Guardiola, percibir el ninguneo absoluto que recibe el segundo equipo de la segunda ciudad de la segunda Liga del mundo. Su razón de ser es ganar al Barça y muy de vez en cuando pergeña equipos como el de este año, competitivo, feroz y orgulloso.
La publicidad que han hecho este año para preparar el partido no tiene desperdicio. Horrores ortográficos al margen, da gusto saberse tan importante. Y en la semana en que Pere P. ha conmocionado Catalunya asesinando a su patrón, al hijo de éste, al jefe de su oficina bancaria y a un empleado, bien haría Valdés de aprender la lección: los dorks se han echado a la calle y van armados.
Tal vez crean que lo arriba indicado es el prólogo de la toma del Palacio de Invierno, pero nada más lejos. En la era Guardiola, pocos como el Espanyol se han resistido tanto al Barça. Los blanquiazules han arrancado una victoria, dos empates y tres derrotas mínimas, con un cómputo total de 7-5. Conociendo a Guardiola y a sus psicópatas, eso es sinónimo de afrenta. Conociéndoles, deben tener hambre de goleada.
No se lo pierdan: once tíos de azulgrana con escopetas de caza reunidos en Cornellà. Ni una de zombies bien gore podría tener un guión más sagriento.
lunes, 10 de agosto de 2009
Perdurar
Los niños suelen conocer a eso de los diez años que, irremediablemente, algún día morirán. Una reacción habitual es pensar: "Cuanto más tarde, mejor". A ese pensamiento pragmático, algunos padres añaden una idea pintoresca: la de perdurar.
-¿Qué es perdurar, papá?
-Ser recordado tras la muerte.
Hay muchos caminos para ello: la penosa vía de la santidad, la sorda batalla por amasar una fortuna, las miserias por obtener el poder político. Hay incluso quien se hace artista para que sus obras le sobrevivan o quien, de una forma más o menos honesta, apuesta por reproducirse una y otra vez para que su ADN hable por él cuando el tiempo le entierre. Pero ningún camino es más estrambótico y complejo que el de llegar a la cumbre del fútbol capitaneando al club de toda la vida.
El epitafio de Jarque será sucinto, pero bien podría decir: "Bravo defensa del Espanyol que murió tras obtener el brazalete de las garras que lo tenían secuestrado. Fugaz capitán que recordó al mundo que su equipo no era una secta criptomadridista, sino una familia entrañable y maldita".
Estos días se ha dicho que Jarque habría muerto igualmente aunque hubiera sido camionero, informático o celador. Puede que así sea. Pero en eso caso, difícilmente habría conseguido perdurar.
Coda. Se me ocurre que tal vez tendrá un hijo futbolista que acabe llegando al primer equipo del Espanyol. Sería una de esas cosas bellas y terribles que sólo pasan en el fútbol.
miércoles, 21 de enero de 2009
El monje y las ruinas
Hace unos pocos meses visité el gélido y maravilloso monasterio de San Juan de la Peña, cerca de Jaca. La leyenda dice que un joven cazador que se despeñó por un barranco fue quien descubrió ese rincón. Él y su hermano erigieron el templo, y con los años, se vieron favorecidos por los reyes de Aragón, que dieron a los monjes el derecho a crear sus propias leyes. Tras siglos de lenta decadencia, el lugar es hoy un panteón de reyes olvidados.
Cuando toca derby, al bacelonismo le gusta levantar la mirada y ver qué se cuece en la montaña de Montjuïc. Y cuesta no sonreírse ante la eliminatoria más desigual de los últimos años. El Espanyol es ese equipo en que Lotina, Valverde, Márquez y Mané no han sabido ganarse la confianza de unos directivos de mongetada que ante las grandes decisiones siempre se han puesto del lado del vestuario, ese eufemismo que en el Espanyol quiere decir Tamudo & Cia.
El delantero de Santa Coloma es, como esta misma semana recordaba Enric González, uno de los pocos jugadores de club que quedan en Europa. Sin embargo, no es del estilo de Puyol o Raúl, que darían una pierna por ver ganar a su equipo. Parece que Tamudo ha tramado un plan para conseguir tener siempre a un entrenador que respete su jerarquía y tener al equipo lo bastante hundido como para levantarlo a final de temporada y erigirse en salvador una vez más.
Respecto a lo primero, queda claro que lo ha conseguido: colocó a Márquez, se cansó de él, Mané tampoco le convenció y ahora opta por su amigo Pochettino, cuya única experiencia se limita a haber sido segundo entrenador del Espanyol femenino. Si algo se torciera entre Poche y él, todo apunta a que Tamudo se postularía a sí mismo como entrenador-jugador. Seguramente, ya nadie en Montjuïc, ni siquiera el sabio Golobart, duda de que se le ha dado demasiado poder al jugador que hace dos veranos pudo dejar en las arcas del club los 18 millones que daba el Villarreal. Tamudo es la encarnación de aquella máxima de Valero Rivera, que proclama que el jugador, ante todo, es egoísta.
El Espanyol es algo más que un equipo odioso: es un club entrañable, melancólico y perdedor, que aviva la rivalidad ciudadana y de vez en cuando consigue equipos terriblemente competitivos. El Espanyol no se merece estrenar su flamante estadio en el olvido de la Segunda, convertido en un panteón de viejas glorias como Tamudo, De la Peña o Luis García. El Espanyol no merece que tres monjes a los que se dio demasiado poder conviertan Cornellà en un conjunto de ruinas desoladoras.
martes, 30 de septiembre de 2008
"Is that enough?"
El Espanyol quiere denunciar a Henry, a Piqué y a Messi por generar violencia con sus celebraciones. Pobres pericos, como Laporta, se descalifican solos. ¿No se han enterado de qué va el fútbol? ¿No saben cómo las gastan Tamudo o Luis García? ¿Acaso no han visto nunca a Marañón, ese goleador histórico, jugando con 60 años en la Zona Universitaria partidos a cara de perro? A sus años no ha olvidado que la celebración de un gol en según qué partidos equivale al pillaje y a la barbarie de los buenos soldados cuando ganan la guerra.
Pero claro, al Espanyol le dolió perder y acusa a Henry. Con su estrambótico gol, el 14, el hombre que hizo soñar a una generación y engañó a toda la culerada, se fue a la esquina y dio rienda suelta al demonio que lleva dentro: "Come on!! Come on!!", rugió. Puede que Dani y el resentido Pedro Tomás quieran convertir el fútbol en Wimbledon, pero se equivocan. El fútbol es grande porque desata pasiones y porque el escarnio al perdedor es legítimo y bienvenido.
El fútbol es esa locura capaz de hacer que esta Caverna perdone, aunque sólo sea por unos días, a Henry, el guerrero con pies de artista. El fútbol es ver a Henry arrasando a Zanetti como si fuera un alevín, adelantando a Carragher como un avión, es ver al hombre que tuvo lo mejor de Ronaldinho y lo mejor de Eto'o rozar la locura para celebrar un gol a su odiado Tottenham.
El fútbol es ver a Henry preguntando a la afición rival y al árbitro si con un hat trick tienen bastante. El fútbol es dejar un derby entre insultos: gràcies, Titi.
sábado, 27 de septiembre de 2008
Sin venganza
Esta noche hay derby, una rivalidad grande e histórica que resucitó Tamudo hace dos temporadas hundiendo al Barça en la miseria. Ese pergamino madridista-espanyolista y presumiblemente anticatalán que es el diario As dio con el titular perfecto: "El polvo del siglo".
Uno se pregunta, cada vez que ve a Tamudo con el pecho hinchado y la mirada torva, si hay venganza posible. La respuesta, por desgracia, es negativa. Una de las grandes cosas del fútbol es que siempre concede la reválida para exorcizar a los viejos demonios. Pero en el caso del capitán del Espanyol, nunca habrá venganza posible.
A pesar de la competitividad del Espanyol en los últimos años, en que ha jugado tantas finales como el Barça, los blanquiazules juegan a otra Liga y los zarpazos de Tamudo en el Camp Nou en la noche más triste desde Atenas no van a sanar nunca. Igual que el Real Madrid nunca pudo vengarse de Pier, ni Brasil de Varela.
Pero el derby es grande, la noche, joven y la retirada de Tamudo, cercana.
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