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viernes, 5 de marzo de 2010

El armario

En un momento de su vida, Iván Helguera, que jugaba en el Real Madrid, asisitió estupefacto a un extraño fenómeno: se acostumbró a ir de estadio en estadio mientras las aficiones rivales le gritaban aquello tan divertido de "¡Helguera, Helguera, Helguera maricón, maricón, maricón (...)!" o cosas similares. El hombre no era gay y la insistencia en el insulto era tal que hasta la máquina de esputar entendió que algo iba mal. Luego volveremos a eso.

Como saben, en Inglaterra se ha hecho una fracasada campaña para prohibir en los estadios determinados insultos homófobos. Salvo pedirle a Gago un hat trick, pocas cosas más difíciles pueden imaginarse. Pocos han hablado del asunto y casi nunca con un mínimo de credibilidad. A parte de infundios que vinculaban a Mourinho con Robson (no se respeta nada, en efecto), a Guardiola con Figo o a Bogarde con cofradías enteras de folclóricas, cuesta que se hable del tema en serio.
Cuando la cosa sale del territorio del rumor, no mejora. Romário comentó una vez que en fútbol hay muchos gays y que se sentía objeto de deseo. Lippi anunció que jamás ddejaría entrar en la sacrosanta azzurra a un homosexual, dónde va a parar. Eso debe ocurrir porque la sociedad sigue siendo homófoba y el fútbol es un santuario heteromachote. Y seguramente también porque el grito de "¡maricón!" tiene una sonoridad notable y rima en consonante fácilmente.
Esta semana encontré en una fiesta a una señora que conoció en su momento a ese poeta llamado Rochemback. La jamelga contó muchas cosas que inspiran esta entrada. Y, sin saberlo, lanzó una reflexión. ¿Aclamarán algún día las aficiones a un futbolista gay? ¿Lo harían si el gay en cuestión fuera, digamos, el mejor portero del mundo? ¿O el mejor futbolista del mundo?
Y cerremos el círculo recordando al incauto de Helguera. Ocurrió, por aquel entonces, que la revista 'Zero' anunció que iba a sacar en portada a un futbolista que salía del armario. No un cualquiera: internacional, podía jugar de defensa o centrocampista, había estado en el Espanyol y militaba en el Madrí. Los índices apuntaron a Helguera. No era él, pero en cualquier caso, la publicación no vio nunca a la luz porque el casto y derechón Ser Superior movió sus hilos.

Para lo bueno y para lo malo, el fútbol sigue siendo un territorio bárbaro al que le faltan muchos siglos para llegar a 1789. Y lo seguirá siendo mientras existan zopencos como nuestro buen amigo, el Floren de las Cavernas.

jueves, 4 de febrero de 2010

Un amigo llamado Ramón

"En una ocasión le pregunté a un jugador profesional de qué hablaba con su compañero. La respuesta revela

una de las ricas posibilidades de la psicopatología: 'No habla conmigo. Habla con su pene.

Le dice Ramón y le recuerda lo que han vivido juntos'”.

Dios es redondo, de Juan Villoro

Permítanme que les hable hoy de John Terry y la catástrofe nacional británica en que se ha convertido su desliz con la señora de un compañero y amigo de siempre, Wayne Bridge. Terry (en la foto, el más alto) no es sólo el jugador mejor pagado de la Premier, es sobre todo el capitán de la selección inglesa. En Inglaterra, quien lleva ese brazalete es considerado el quinto cargo público más importante del Reino Unido. El affaire, pues, se sitúa casi al nivel del que pudiere tener el primer ministro, la mismísima reina o el picarón del arzobispo de Canterbury (granuja). Concluyen bien: Terry, efectivamente, está jodido.

Un buen amigo de esta Caverna, de los personajes siniestros y las fiestas entre semana, explica con conocimiento de causa que los líos de faldas destrozan los vestuarios mucho más a menudo de lo que podría parecer. Y claro, una mira al del Barça y por más que haya monjes de clausura a manos llenas, acaba por preocuparse. Porque son jovenzuelos y conocidos, tienen un ego enorme y les sobran tiempo, dinero y ocasiones para encontrarse con las parientas de sus compañeros.

Hay quien cree que los futbolistas vinieron al mundo a disparar la euforia y la natalidad (¡seacabaelmundo!) ajenas y a guardar santa castidad. Pero no es así. Crucemos los dedos y no olvidemos que todos los jugadores guardan en algún lugar a un amigo llamado Ramón.