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viernes, 23 de agosto de 2013
Idilios
No hay cosa más incómoda y sufrida que un inadaptado. ¿Vieron a Ibra chirriar en el engranaje guardiolano? ¿Recuerdan a Lineker o Popescu con Cruyff? ¿Se acuerdan de cuando Antic entrenó -y salvó- a este equipo? ¿No les dolía la córnea en esos raros meses en que Maradona jugó en el Pizjuán, o al ver a Baggio en el Brescia? En el fútbol, territorio de bandoleros apátridas, cuesta encajar la identidad de cada cual con la historia del club, con su afición, los jugadores, la filosofía de juego.
Pero hay raros casos en que todo fluye en un mecanismo maravilloso. Así se vio el miércoles. En esa cita intensa en que Villa le ganaba esprints a Piqué y Neymar fulminaba el segundo palo resultó asombroso presenciar y disfrutar del idilio que se vive en el Calderón. ¡Todos se quieren! Simeone dirige a una turba de fanáticos que ya en la última final de Copa demostraron que habían destronado a La Banda como campeones mundiales de wrestling. Idea de juego, sí, por supuesto: morder atrás, contragolpear y mandar balones al helipuerto que Diego Costa tiene por pecho. ¿Cracks? Sí. Arda, el artista del equipo, pisando ambas áreas y barriéndolo todo. Y luego lo otro: Juanfran y cuatro compinches abroncando a Alexis después de haberle metido un codo en la boca. Godín y sus inequívocos gestos: ¡uruguayo!
Que Simeone y el Mono Burgos están encantados es evidente y lógico. Como lo es que Cerezo esté feliz: ha silenciado a sus críticos con un equipo que aspira a su sexto título en cuatro años. Pero nada es más sorprendente y más grandioso que ver a esa afición pasional y sufrida ovacionando con entusiasmo los fueras de banda o las recuperaciones en medio campo. Fuenteovejuna: sin preguntas incómodas, ni críticos, ni gourmets, ni monsergas.
El Atleti, este Atleti, merece crédito como aspirante. Idilios como el que vive cuestan mucho de encontrar en el planeta fútbol. Once tíos con una idea, cosa poderosa. Todo un club hermanado, cosa terrible.
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lunes, 9 de abril de 2012
TDAH (o Atlético de Madrid)
La exagerada presencia del Atlético de Madrid en los medios de comunicación es uno de los grandes misterios de este sacrosanto país. Un equipo con menos aficionados que el Athletic o el Valencia que aparece en cada telediario hermanado como si fuera el Santos de Pelé. En su día hablamos de este fenómeno, pero no profundizamos en los culpables de que eso ocurra: existe en Madrid una proporción asombrosa de jefes de sección y de periodistas con galones fanáticos de este club adicto a la cardiopatía y los dramones. Gente de difícil sonrojarse que siempre encuentra una excusa para hablar de su Atleti, vaya cuarto o 14º en la Liga.
Anoche dimos con la explicación a su problema: el célebre Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Afecta a entre el 5 y el 10% de los niños y hay controversia sobre si llega a la categoría de patología. Sí sabemos que los que sufren TDAH tienen dificultades para concentrarse y tienen tendencia a reclamar más atención al mundo. A menudo se convierten en enanos insoportables que a largo plazo se hacen periodistas deportivos furiosamente colchoneros.
Hay que admitir que es sencillo simpatizar con el Pateti: hace décadas tuvieron a un tío llamado Futre que vino al mundo a ridiculizar a Buyo. Los Barça-Atlético suelen ser divertidos y caóticos. Controla ese club una familia de delincuentes condenados. Siempre han tenido jugadores de calidad. Y para mayor satisfacción, esos mismos jugadores de calidad a veces les levantaban la mujer a compañeros terroríficos y años después volvían a ficharlos como entrenadores. La vida puede ser muy divertida y en el Calderón lo saben.
Pero señores capoperiodistas, un poco de paz. No den más la barrila. Aragonés ya no juega. Nadie se acuerda de Pantic. Y esa Infamia League se la ganaron al Fulham. Entendemos que ustedes padecen TDAH. Pero si quieren amor, trínquense a La Banda de una puñetera vez.
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viernes, 29 de febrero de 2008
El fraude en el fútbol
Visita el Barça el Vicente Calderón para jugar ante el Atlético que se siente un grande y vive en su fantasía. Su grandeza, sin embargo, es poco más que una patraña caduca, un mito que se fundamenta sobre tres patas: por una parte, su inigualable y emotiva exaltación de la derrota, por otra, el gusto por los finales cardíacos, las gestas imposibles y los desastres bíblicos, y por último la clase periodística de Madrid, que ama a este club sin mesura ni rubor.
Para una generación, el Atlético es el gran equipo de Aragonés que jugó una final de Copa de Europa y la perdió cruelmente. Para la siguiente, la chirigota de Gil, que en 17 años ganó tres Copas y una Liga pero malgastó millones tan generosamente que se ganó la simpatía de muchos y la consideración de tercer equipo de España.
Pero leyendas al margen, el Barça juega hoy contra un equipo que ha ganado sólo cuatro de los últimos 15 puntos en juego, que en los últimos ocho años ha tenido menos participación en Europa que el Mallorca, el Villarreal o el Getafe y que tiene menos aficionados que el Valencia o el Athletic de Bilbao. Hablando de leyendas: hubo una vez un centrocampista total, que barría el centro del campo con furia, movía el equipo con criterio y veía portería con facilidad.
Pobre Thiago. No quiso ser una estrella. Un fichaje perfecto para el entrañable Atleti, que no quiere ser grande.
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